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DANA GIOIA Poemas |
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Money
Money is a kind of poetry – Wallace Stevens
Money, the long green,
Chock it up, fork it over,
To be made of it! To have it
It greases the palm, feathers a nest,
Money breeds money.
Money. You don't know where it's been,
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Dinero
El dinero es una forma de poesía. –Wallace Stevens
Dinero. El gran Bien. Lana, fajo, varo, plata o simple pasta. Atáscate, móchate, despilfárralo. Míralo bolsillos corroer. ¡Estar hecho de él! ¡Hacerlo quemar! Billetes y monedas a raudales e hipotecas. Engrasa la palma, empluma el nido, mantiene cabezas sobre el agua, hace vivir al día. Dinero engendra dinero. Acumula interés, diariamente compuesto. Siempre en circulación. Dinero. No sabes en dónde ha estado pero lo llevas a tu boca. Y habla. Trad.: Rebeka Lembo |
The Burning Ladder
JJJJJJJacob
Insomnia
Now you hear what the house has to say.
But now you must listen to the things you own,
How many voices have escaped you until now,
The Country Wife
She makes her way through the dark trees Down to the lake to be alone. Following their voices on the breeze, She makes her way. Through the dark trees The distant stars are all she sees. They cannot light the way she's gone. She makes her way through the dark trees Down to the lake to be alone. The night reflected on the lake, The fire of stars changed into water. She cannot see the winds that break The night reflected on the lake But knows they motion for her sake. These are the choices they have brought her: The night reflected on the lake, The fire of stars changed into water. Prayer Echo of the clocktower, footstep in the alleyway, sweep of the wind sifting the leaves. Jeweller of the spiderweb, connoisseur of autumn's opulence, blade of lightning harvesting the sky. Keeper of the small gate, choreographer of entrances and exits, midnight whisper travelling the wires. Seducer, healer, diety or thief, I will see you soon enough— in the shadow of the rainfall, in the brief violet darkening a sunset— but until then I pray watch over him as a mountain guards its covert ore and the harsh falcon its flightless young. California Hills in August I can imagine someone who found these fields unbearable, who climbed the hillside in the heat, cursing the dust, cracking the brittle weeds underfoot, wishing a few more trees for shade. An Easterner especially, who would scorn the meagerness of summer, the dry twisted shapes of black elm, scrub oak, and chaparral, a landscape August has already drained of green. One who would hurry over the clinging thistle, foxtail, golden poppy, knowing everything was just a weed, unable to conceive that these trees and sparse brown bushes were alive. And hate the bright stillness of the noon without wind, without motion, the only other living thing a hawk, hungry for prey, suspended in the blinding, sunlit blue. And yet how gentle it seems to someone raised in a landscape short of rain – the skyline of a hill broken by no more trees than one can count, the grass, the empty sky, the wish for water. Sunday Night in Santa Rosa The carnival is over. The high tents, the palaces of light, are folded flat and trucked away. A three-time loser yanks the Wheel of Fortune off the wall. Mice pick through the garbage by the popcorn stand. A drunken giant falls asleep beside the juggler, and the Dog-Faced Boy sneaks off to join the Serpent Lady for the night. Wind sweeps ticket stubs along the walk. The Dead Man loads his coffin on a truck. Off in a trailer by the parking lot the radio predicts tomorrow's weather while a clown stares in a dressing mirror, takes out a box, and peels away his face. |
La escalera ardiente
JJJJJJJacob
nunca trepó por la escala
que ardía en su sueño. El Sueño
lo comprimió como a una piedra
en el polvo,
YYYYYy cuando
debió haberse levantado
como una llama para unirse
a aquel coro, estaba harto
de viajar,
YYYYYy cerró
los ojos frente a los Serafines
en ascensión, inconsciente
de la imposible distancia
entre sus pasos,
YYYYYy no los vio
subir la brillante
escalera que desaparecía lentamente
en la dispersa luz
entre las estrellas,
YYYYYYy dormido,
una piedra sobre almohada de piedra,
temblando, se lo perdió todo,
la Gravedad siempre mayor que el deseo.
Trad.: Luis felipe Álvarez León
Insomnio
Ahora escuchas lo que la casa tiene que decir.
Los ruidos de la tubería, el agua que corre
eeeeeeeeeeeeeeeen la oscuridad,
los muros hipotecados que se tornan incómodos,
y voces que se elevan en un sonsonete sin fin
de pequeñas quejas como los sonidos de una familia
que año tras año has aprendido a ignorar.
Pero ahora debes escuchar las cosas que tienes,
por las que has trabajado estos últimos años,
el murmullo de la propiedad, de las cosas
eeeeeeeeeeeeeeeeeeen mal estado,
las piezas móviles a punto de desprenderse,
y dando vueltas entre las sábanas recuerda todos
los rostros que no te atreviste a amar.
Cuántas voces se te han escapado hasta ahora, el horno humeante, la duela bajo tus pies, las continuas acusaciones del reloj que numera los minutos que nadie marcará. La terrible claridad que trae este momento, la percepción inútil, la oscuridad intacta. Trad. Liliana Andrade La esposa campesina Se abre camino entre árboles negros y baja al lago para estar a solas. Siguiendo en la brisa sus voces se abre camino. Entre árboles negros no ve más que estrellas distantes. No pueden dar luz al camino que ella ha tomado. Se abre camino entre árboles negros y baja al lago para estar a solas. La noche reflejada en el lago, el fuego de estrellas convertido en el agua. No puede mirar los vientos que rompen la noche reflejada en el lago pero sabe que fluyen por ella. Éstas son las opciones que le han presentado: la noche reflejada en el lago, el fuego de estrellas convertido en el agua. Trad. Juan Carlos Calvillo Oración Eco de la torre del reloj, pisada en el callejón, ráfaga del viento que filtra hojas. Joyero de la telaraña, experto en la opulencia del otoño, hoja del relámpago que cosecha el cielo. Guardia de la puerta pequeña, coreógrafo de entradas y salidas, murmullo de media noche que viaja en cables. Seductor, sanador, deidad o ladrón, te veré pronto en la sombra de la lluvia, en el violeta efímero que oscurece a un crepúsculo, pero hasta entonces te pido que lo cuides como la montaña cuida a sus minerales ocultos y el agreste halcón a sus inermes crías. Trad. Argel Corpus Colinas de California en Agosto Puedo imaginar a alguien que encontró insoportables estos campos, a alguien que escaló la ladera en el calor, maldiciendo el polvo, despedazando las quebradizas hierbas bajo sus pies deseando la sombra de algunos cuantos árboles más. Uno del este especialmente, quien despreciaría la escasez del verano, las secas y retorcidas ramas del olmo negro, el roble cubierto de maleza, el chaparral, un paisaje del cual Agosto ya ha drenado el verde. Alguien quien correría deprisa sobre el colgante cardo, cola de zorrillo, amapola dorada sabiendo que todo era sólo hierba, incapaz de concebir que estos árboles y escasos arbustos cafés estaban vivos. Y que odia la brillante quietud del mediodía, sin viento, ni movimiento, la única otra cosa viviente un halcón, hambriento de una presa, suspendido en el cegador azul, iluminado de sol. Y aún, cuan dulce le parece a alguien criado en un paisaje sin lluvia– el horizonte de una colina roto por no más árboles de los que uno pueda contar, el pasto, el cielo vacío, el deseo de agua. Trad. Álvaro García Pérez-Gay Una noche de domingo en Santa Rosa El carnaval ha terminado. Las grandes carpas, los palacios de luz, son doblados y llevados en camiones. Un bueno para nada arranca la Rueda de la Fortuna de la pared. Ratones hurgan en la basura junto al carrito de palomitas. Un gigante cae dormido junto al malabarista, y el Chico Cara-de-Perro escapa para encontrarse esa noche con la Mujer Serpiente. El viento arrastra talones de boletos por la acera. El Muerto sube su ataúd en un camión. Allá en un remolque en el estacionamiento el radio predice el clima de mañana mientras un payaso se mira en un largo espejo, saca una caja, y se desprende la cara. Trad. Alejandra Navarrete |