Aquí
es evidente que de lo que se trata es de arrastrar al EZLN
de Mesa en Mesa, de incumplimiento en incumplimiento, reduciendo
su capacidad de negociación y desgastando a los garantes
del cumplimiento del acuerdo. Cuando se llegue (si es que se llega)
a la Mesa V (Amnistía), las garantías
habrán desaparecido y sólo quedarán la rendición
incondicional o finalmente el aniquilamiento.
La nueva
estrategia aleja la posibilidad de una salida negociada al conflicto
y acerca la de la guerra civil y un deterioro creciente de la
gobernabilidad, no sólo en Chiapas, sino en otras partes
del sureste. La única manera de regresar al diálogo
es que el gobierno acepte la necesidad de vincular el proceso
legislativo sobre derechos indígenas con las negociaciones
para la paz con el EZLN. Y eso a su vez depende de la movilización
de todas las fuerzas que están auténticamente por
una paz negociada en Chiapas.
Esta
es la tercera vez que el gobierno intenta poner de rodillas o
aniquilar al EZLN por medio de una ofensiva
generalizada. Las dos anteriores, los zapatistas lograron movilizar
fuerzas nacionales e internacionales suficientes para derrotarla.
Esas victorias defensivas se han transformado en uno de sus mayores
atractivos. Prueban que incluso en condiciones extremas, hoy como
ayer, una izquierda que rebasa los límites impuestos por
el régimen actual a la democratización y plantea
la cuestión social con fuerza, puede sobrevivir e incluso
crecer. El EZLN se inscribe ya en la historia
de México como el grupo guerrillero de mayor longevidad,
la fuerza radical de mayor influencia nacional e internacional
y la rebelión indígena más estructurada y
conocida del siglo XX.
Sea
cual fuere el futuro de la rebelión chiapaneca, ha contribuido
ya decisivamente a la necesaria reinvención de la izquierda
mexicana. Y eso no sólo con sus victorias, sino también
con sus derrotas. Y lo ha hecho apuntando sus armas con la fuerza
aunada de la acción y el pensamiento hacia tres cuestiones
que están en el meollo del quehacer de la izquierda: 1)
¿Cómo lograr que el proceso de democratización
que conoce México no se limite a la reforma del Estado,
sino que penetre profundamente en la sociedad civil y en la relación
de ésta con el Estado? 2) ¿cómo modernizar
la economía sin dejar en el camino a la mitad de la nación
sumida en la miseria y el atraso?; y 3) ¿debe la izquierda
renovarse rompiendo radicalmente con el pasado o buscando una
síntesis de éste con la innovación impuesta
por los grandes cambios de fin de siglo?
Democracia
y sociedad
Frente
a la visión limitada de la democratización como
una reforma del Estado, reforma de la Constitución o pluralismo
partidista, el EZLN propone una democracia
que se construye desde abajo, que se desarrolla organizando a
la sociedad civil y que se afirma cuestionando globalmente la
relación existente entre gobernantes y gobernados. Organizativamente
hablando, frente a la propuesta del partido político, inserto
en el Estado, propone el movimiento social enraizado profundamente
en la oposición.
De ahí
el concepto de "mandar obedeciendo", que sintetiza su
visión de la relación entre dirigentes y dirigidos;
su oposición a luchar por el poder, que revela su vocación
de oposición histórica que se propone cambiar a
la sociedad desde su mismo seno; su reticencia a colaborar con
los partidos políticos de cualquier signo, que reafirma
la decisión de seguir siendo un movimiento social; y su
principio de "todo para todos, nada para nosotros",
que sintetiza el principio moral humanista en el cual funda su
concepción política.
La propuesta
ha tenido un gran impacto en la imaginación de grandes
sectores y éxito político en las comunidades indígenas
ligadas al EZLN y algunos centros aislados.
Pero tres intentos de construir un movimiento nacional pacífico
basado en esos principios han fracasado. Fuera de Chiapas, el
EZLN sigue siendo un poderoso líder
de opinión sin presencia política propia. Por ahora
no ha logrado formar, ni en el campo ni en la ciudad, un interlocutor
que, no siendo guerrilla, responda a sus principios y su dirección.
Así, el intento de exportar su experiencia chiapaneca no
ha tenido éxito. Todo indica que en las condiciones actuales
del país una coordinadora de ONG
y de movimientos sociales bajo la dirección de los zapatistas
es imposible o sería una organización extraordinariamente
sectaria y reducida.
Pero
si bien el EZLN no logra resolver aun el
problema de su transformación en una organización
democrática no armada e inscrita en la legalidad, nadie
puede negar sus contribuciones directas al proceso democratizador
del país.
Veamos
sólo un ejemplo de los primeros meses de su historia. El
sexenio salinista fue de reformas económicas aceleradas
y de retroceso democrático. No sólo fueron ilegítimas
las elecciones de 1988, sino que pese a sus declaraciones de que
la era del partido de Estado había concluido, no fue sino
hasta finales de 1993 cuando introdujo una tímida reforma
electoral. Durante esos seis años, la transición
a la democracia se detuvo.
La irrupción
del EZLN en la escena fue un grito contra
el recrudecimiento del autoritarismo y el ilusionismo económico
y su efecto inmediato y vitalizador. Pocos días después,
unos cien mil participantes de la "marcha de la paz en Chiapas"
abarrotan el zócalo. El 27 del mismo mes y a iniciativa
del gobierno, se firma un primer acuerdo entre los partidos para
discutir una reforma electoral. Dos meses más tarde, Salinas
abandona su política de hostigamiento contra el PRD
y se aprueba un documento que influyó positivamente en
las elecciones de 1994.
En los
meses que siguieron, se consolida un pacto tácito entre
el EZLN y lo que más tarde se ha
dado en llamar la sociedad civil. La exigencia de paz confluye
con la de democracia. El EZLN usa las ONG
como escudo contra la agresión armada y éstas lo
aprovechan como ariete contra la cerrazón autoritaria.
Desde entonces, la confluencia se ha repetido varias veces. Pero
esa alianza con las ONG que otorgan una
solidaridad entusiasta, negándose sin embargo a tomar la
vía de la lucha armada, trastorna el proyecto zapatista
que en su origen era el del cambio por esa vía. El democratizador
a pesar de sí mismo se transforma en democratizador consciente.
El EZLN impulsa el proceso democratizador
y es a su vez transformado por éste.
Otro
de los problemas que plantea la experiencia chiapaneca es el de
la relación entre democracia y violencia o, en otros términos,
la legitimidad y la viabilidad de la lucha armada en la actual
transición a la democracia. Hay quien considera que entre
violencia armada y democracia existe una contradicción
insoluble. La historia no les da la razón. En el origen
de la democracia hubo momentos de violencia necesaria. La democracia
norteamericana sólo pudo consolidarse con la ayuda de una
larga guerra de liberación contra el absolutismo inglés,
y la francesa le debe mucho a la toma de la Bastilla por el pueblo
de París y a la guerra contra la intervención extranjera.
La de Centroamérica hubiera sido imposible sin marxistas-leninistas
que desgastaran la soberbia de las oligarquías locales.
Luego, la democracia ha debido ser defendida con las armas en
la mano, como en la guerra civil española o en la resistencia
contra la ocupación fascista en Europa Occidental.
Es verdad
que a finales del siglo XX se produjeron
varias transiciones de regímenes autoritarios a la democracia
sin derrame de sangre. Pero también es cierto que México
no pertenece a ellas. Es ocioso discutir sobre la fecha de inicio
de la transición en nuestro país. Pero ya sea 1968,
1979 o 1996, la lucha armada ha estado presente en una parte del
país. Y todo indica que entraremos al siglo
XX con varios grupos guerrilleros actuando en por lo menos
cuatro estados.
Lo notable
en México es la persistencia de la lucha armada. Pese a
que entre 1964 y 1994, todos los brotes fueron derrotados militarmente,
la guerrilla como fenómeno social se mantiene y si bien
su presencia ha sido siempre local, su influencia en la política
nacional ha sido importante en varias ocasiones.
Clara
y repetidamente la mayoría de los mexicanos se han manifestado
por una transición pacífica, por la ampliación
de la democracia por medios no violentos. Pero también
hay sectores que no pueden soportar el deterioro social y la persistencia
de viejas formas de opresión y optan por la rebelión
armada. El dilema que nos persigue a todos es el mandato mayoritario
de abrir cauces a la democracia por la vía pacífica
y el grito angustioso de los más humillados y ofendidos
por el cambio, aquí y hoy. Y el dilema sólo puede
ser superado con un cambio radical en la política económica
y social. Y aquí llegamos al segundo tema porque, en México,
democratización y globalización neoliberal se interpretan
de tal manera que intentar separarlos es la más ingenua
y la más fútil de las ilusiones.
También
en este terreno el EZLN introduce una innovación.
Apenas apagado el fragor de la batalla, el zapatismo intuye que
la lucha armada y la toma del poder no son el único camino
a la transformación social. Marcos se deslinda de las guerrillas
pasadas que decían: "Hay que deshacerse de esta clase
de gobierno y poner en su lugar a otra clase". Afirma por
lo contrario que el sistema político no puede ser resultado
de la guerra y que ésta sólo debe de servir para
abrir espacios democráticos. "No fuimos a la guerra
el 1 de enero para matar o para que nos mataran, fuimos para
que nos oyeran", dirá ya desde esos días.
Más tarde, en el momento en que aceptan negociar, los rebeldes
entran en el camino de su transformación en fuerza política
y su desaparición como organización armada.
El EZLN
se ha liberado totalmente de su arcaísmo inicial: la lucha
armada y la toma del poder como vía prioritaria, pero no
parece estar dispuesto a renunciar a otro de sus arcaísmos,
heredado de la izquierda antipartidista de los años setenta,
de ver en los partidos políticos sólo estructuras
burocráticas, corrupción potencial y adaptación
inevitable al establishment. Y en eso reside quizá
la dificultad mayor de su transformación en fuerza política.
Por lo pronto, la decisión de llamar a la abstención
para las elecciones del 6 de julio aseguró la victoria
de los candidatos priístas en Chiapas, acrecentando su
aislamiento.
El
rompecabezas económico
Las ideas
del EZLN sobre la realidad económica
que vive el mundo en la actualidad están resumidas en el
polémico escrito del subcomandante Marcos, "Siete
piezas sueltas del rompecabezas mundial".
Para
Marcos estamos viviendo la cuarta guerra mundial bajo la forma
de la globalización presidida por el neoliberalismo. El
protagonista principal de esta guerra es el capital financiero.
Desvinculado de los Estados que le dieron nacimiento, trata de
imponer su ley a todos. En lugar de los Estados-nación
gobiernan los centros financieros que asumen los poderes que correspondían
antes a los Estados, reestructurándolos y reduciendo sus
funciones. La fuerza del capital financiero hace explotar a las
naciones, anula la base de su soberanía y margina a quienes
no se someten a sus leyes. De ese proceso no escapan ni los pueblos
indígenas que poseen en sus territorios una gran parte
de los recursos naturales, ni los países desarrollados
que ven renacer el espectro de la polarización entre riqueza
y pobreza.
Es un
sistema que impone la hegemonía de la economía,
los políticos se transforman en administradores y el american
way of life se impone, destruyendo las culturas que se le
oponen.
Del
inmenso rompecabezas surgido de este proceso extraordinariamente
cruel y violento, sólo aparecen como legibles siete segmentos:
1) la concentración de la riqueza en un polo que se reduce
constantemente y la extensión de la pobreza en el otro
polo que crece constantemente; 2) la explotación cada vez
más intensa de una base cada vez más vasta de trabajadores
desvalorizados que incluye a millones de niños; 3) la aparición
de una inmensa masa de migrantes desprovistos de medios, trabajo
y tierra, que vagan desde la periferia hacia el centro, donde
son recibidos con leyes antimigratorias; 4) la transformación
de las economías ilegales, como la de la droga, en sostén
del sistema, utilizando las grandes instituciones de crédito,
incluso el FMI; 5) las instituciones de
crédito, usando los medios de represión de los Estados
desarrollados, se unen para someter a quienes se rebelan contra
ellas; 6) la fragmentación de las naciones y las etnias
sometidas a esa presión que se confrontan y la lucha entre
los gigantes económicos a la vez que la tolerancia a los
gobiernos de signo político diferente mientras no cuestionen
el sistema económico; y 7) el surgimiento, frente a la
prepotencia del capital, de bolsas de resistencia muy heterogéneas.
Sus protagonistas son los desheredados y los desechables, de ahí
que Chiapas se haya convertido en un símbolo.
El documento,
bien informado y argumentado, es acaso el primer intento en México
de una interpretación y un programa de lucha contra el
neoliberalismo. Es una denuncia certera de un mundo cada vez más
injusto, violento e irracional. Capta los peligros sociales, morales
y políticos que encierra la globalización neoliberal
y la gravedad de los conflictos que provoca. Pero algunas de sus
tesis deben ser tomadas como planteamientos a debate más
que como afirmaciones definitivas.
La transformación
económica que se ha iniciado tiene por lo menos dos caras
que exigen ser analizadas. Una es la descrita por Marcos. La otra
es la revolución técnico-científica, la globalización
de la producción y la movilidad del capital que provocan
crecimientos sin precedentes en la productividad, posibilidades
de difusión de alta tecnología y desarrollo de las
zonas más atrasadas. Nadie puede ignorar la acción
de esas fuerzas y los aspectos positivos que encierran. El reto
es domarlas y ponerlas al servicio de la humanidad, no aislarse
o marginarse de ellas. La izquierda, que fuera durante un siglo
una fuerza de cambio, no puede limitarse a oponerse a los efectos
negativos de este proceso en el marco del capitalismo.
La esperanza,
según Marcos, está en las bolsas de resistencia
"que forman los excluidos, los sobrantes, los desechables".
Los sujetos en esa lucha, mujeres, niños, viejos, jóvenes,
indígenas, ecologistas, homosexuales, seropositivos, trabajadores.
Los trabajadores vienen al final, quizás para contrarrestar
la vieja tendencia de ponerlos siempre a la cabeza, aun cuando
no se lo merecieran. Pero, ¿no es pasar al extremo opuesto
pensar que sin la participación activa de la nueva clase
obrera que está naciendo de la globalización y de
los gigantes movimientos migratorios es posible cambiar la relación
de fuerzas?
Tradición
e innovación en el EZLN
La rebelión
en Chiapas tiene sin duda raíces profundas en el pasado.
En ella confluyen una fuerza centenaria, la rebelión indígena
y campesina, y dos fuerzas de izquierda que se originan en los
años sesenta y setenta, la nueva izquierda marxista y guerrillera
y la teología de la liberación. ¿Pero acaso
no puede decirse lo mismo acerca de la mayor parte de la izquierda
actual? El PRD es el fruto del encuentro
de la izquierda independiente y el nacionalismo revolucionario
que hasta hace poco seguía preso en el PRI.
Ni siquiera el ascenso del feminismo, el ecologismo y las ONG
de los años noventa es un fenómeno sin importantes
antecedentes. Entonces, si los actores siguen básicamente
siendo los mismos, tienen una tarea común: la puesta al
día de sus proyectos. Pero si el origen es tradicional,
lo impactante en el zapatismo es su capacidad de cambio, su respuesta
creativa a los retos de nuestro tiempo: la inventiva en materia
de formas de lucha, creación de nuevas ideas, fuerza y
uso de los medios de difusión masiva.
Los
indígenas que toman parte en la rebelión han ido
marcando su distancia respecto a las antiguas comunidades y buscan
lugar en el México moderno que no represente el aniquilamiento
de su identidad. Anclados en un punto de partida tradicional,
Marcos y sus compañeros lograron deshacerse de sus dogmas
doctrinarios, primero para fundirse con sus anfitriones campesinos
y más tarde para dirigirse eficazmente a la juventud urbana
de México y el mundo que los adoptó y los cobijó
sin seguirlos en su aventura armada. Los activistas indígenas
de la década anterior aprendieron de la fusión con
las comunidades de la zona de colonización, y el movimiento
ligado a la teología de la liberación toma aquí,
también, perspectivas inéditas gracias a su orientación
indigenista.
El signo
de la experiencia zapatista es el ideal replanteado y el arcaísmo
superado. Y en esa clave explicativa del movimiento, encontramos
también la principal lección para la izquierda contemporánea.
Su estudio se vuelve extraordinariamente fructífero en
el momento en que el énfasis se pone no en el origen sino
en la metamorfosis. El mismo Marcos lo ha puesto en forma muy
clara: "Cuando el EZLN se enfrenta
a algo nuevo y reconoce que no tiene solución para ese
problema, que tiene que esperar y aprender, deja de ser maestro...
nace a partir del momento en que acepta enfrentarse a una realidad
nueva para la que no tiene respuesta y a la que se subordina para
poder sobrevivir en ella."
Al llegar
a la montaña, cambia para sobrevivir; al encontrar a las
comunidades, se transforma para poder unírseles; al irrumpir
en la escena nacional, se adapta a un país muy diferente
al que existía en su imaginación y después
de las elecciones del 6 de julio tendrá, una vez más,
que repensar sus ideas sobre sus posibilidades y el sentido de
la lucha electoral.
Y sin
embargo, en muchos casos se trata de mutaciones, más que
de abandonos. El EZLN no quiere construir
un partido, pero forma un "brazo civil", el Frente Zapatista
de Liberación Nacional (FLN). Los
lemas de "democracia comunitaria" y "mandar obedeciendo"
recuerdan la democracia directa de los Consejos. Su idea de reformar
el sistema político desde abajo tiene ecos de revolución
cultural. La autonomía política que reivindican
nos refiere inevitablemente a los debates marxistas sobre la cuestión
nacional y la lucha anticolonial en sus diferentes épocas.
Lo mismo
encontramos en sus símbolos a Zapata, Villa, el Che, que
a Votán, la bandera mexicana y la estrella indígena.
Y en materia de ideología, tampoco hay una renuncia a los
"ismos" del pasado. El cardenismo es como el zapatismo,
una forma de resistencia popular y por eso acabará fundiéndose
con él, y Marcos considera bueno que no se le identifique
como marxista, pero no renuncia a sus enseñanzas.
Quizá
la mejor manera de describir el proceso de construcción
ideológica, de recuperación crítica, sea
citar al mismo Marcos: "Digamos que el zapatismo llama a
una puerta del lenguaje político; la encuentra abierta
y se introduce por allí[...] no nace con esa idea, sino
que, ante la falta de una ideología estructurada, comprende
la necesidad de improvisar y construir su esquema político.
 |
|
Lacandones
| Gertrude Blom
|
Entonces,
ese cóctel molotov, que se gesta antes de 1994, diluye
el discurso esquemático dentro del zapatismo, aunque eso
no les parezca bien a algunos miembros del EZLN,
sobre todo al principio[...] Y lo inventan con los aportes
culturales indígenas y con los de la cultura urbana,
y ese lenguaje nuevo se retroalimenta en la medida en que tiene
éxito. El zapatista es un lenguaje que se sabe escuchado,
[...][y] eso le da más libertad, más posibilidad
de construir su discurso."
Pero
este enfoque de construir el lenguaje sobre la marcha tiene su
precio: la ambigüedad o, como lo ha dicho el mismo Marcos,
la indefinición. Se antoja a veces que el discurso del
EZLN refleja con fidelidad la situación
de sus autores que se mueven entre la condición armada
y el ingreso a la política, entre la utopía desbocada
y la eficacia política. Tiene también la marca de
la transitoriedad, que abre el camino a un retroceso a la formulación
más precisa de lo nuevo. Lo significativo en la experiencia
ideológica del EZLN es el proceso
de deconstrucción y reconstrucción del pensamiento
de la izquierda antes de 1988, la confrontación de viejos
paradigmas con nuevas realidades, la construcción de un
nuevo lenguaje, profundamente enraizado en la nueva literatura
latinoamericana.
El EZLN
está jugando para la izquierda radical el mismo papel que
ha jugado el PRD para lo que Arturo Anguiano
ha llamado la vertiente moderada, laboratorio de ideas, de nuevas
formas de lucha, de nuevos sujetos. Ha contribuido a reanimar
la búsqueda y a reencender la llama de la esperanza en
la posibilidad de crear un mundo en el cual para usar sus
propias palabras quepan todos los mundos.
Su voz
llama a la construcción paciente de una hegemonía,
rechazando la ilusión de la omnipotencia de las victorias
electorales. Reitera su confianza en el papel transformador de
la resistencia y la oposición, frente a la idea de que
los cambios sólo pueden orquestarse desde el poder.
Más
que como portador de una verdad única, el EZLN
se define como participante diverso que apenas está logrando
plantear con claridad las grandes preguntas de nuestro tiempo.
Y en esto aparecen en México como los pioneros de una fuerza
que está por construirse.
esemo@proceso.com.mx
Enrique Semo, "
El
insoportable peso de Chiapas", Fractal
n° 8, enero-marzo, 1998, año
2, volumen III, pp. 105-118.