|
En "Milenarismos
en México: de Cabora a Chiapas", Monsiváis mira
hacia los gestos seculares y utópicos de feministas, ecologistas,
activistas de derechos humanos, campañas antisida y, también
y esto es mucho más fundamental en su obra vista como
un todo, hacia la creatividad fundada en la cultura popular
en contextos de rápida urbanización y enorme privación
económica.
Si hacia finales del
siglo pasado la escritura epistolar podía ser pensada en
términos utópicos, en El género epistolar
Carlos Monsivaís describe su paulatina extinción con
el auge del teléfono y el fax. Sin embargo, cinco años
más tarde revisa su pronóstico. Al responder en enero
de 1995 a una carta del subcomandante Marcos quien revela
que acaba de terminar de leer la más reciente colección
de crónicas de Monsiváis, Los rituales del caos
, anota: "A Ud. se debe la reactivación de la
tradición de mandar cartas..."(4)
De hecho, Marcos es bien conocido por la correspondencia en e-mail
que ha iniciado sobre la rebelión neozapatista (con John
Berger y Régis Debray entre otros) al grado de que
la rebelión ha sido definida por el uso que ha hecho de los
medios como ¡"la insurrección posmoderna"!
Así, al final de otro siglo (y del milenio), en México
la conexión entre el movimiento utópico y la escritura
de cartas se ha restablecido. De hecho, ésta puede ser una
de las razones por
las que quiso titular a esta antología de su obra Postales
mexicanas. Empero los textos de Monsiváis no han sido
escritos como correspondencia privada; tampoco tienen la forma de
cartas; y de tenerla, son textos "abiertos", dirigidos
al "público" y, como la carta de Marcos y su respuesta,
buscan ser interpretados y discutidos más allá de
sus destinatarios. En este sentido como cualquier correspondencia
privada que pretende su publicación póstuma,
tienden hacia el ensayo.(5)
De ensayos y crónicas
Esto me lleva a otro
rasgo importante de las características literarias de la
obra de Monsiváis. Mucho en ella pertenece a dos géneros
"intermedios" en la historia de la escritura en América
Latina: el ensayo (entre ciencia y literatura) y la crónica
(entre la narrativa histórica y la ficción). Y es
la radicalización que Monsiváis produce de ambos,
a través de su combinación y conjunción, que
lo convierte no sólo en uno de sus críticos culturales
decisivos, sino también en una de sus destacadas figuras
literarias contemporáneas (6) junto
a Octavio Paz, Elena Poniatowska, Carlos Fuentes, José Emilio
Pacheco, Margo Glantz, Sergio Pitol y José Agustín,
para nombrar tan sólo a los más conocidos.
Si se rechaza el monumentalismo de los murales, uno puede decir,
sin embargo, que el arte de Monsiváis la crónica-ensayo
es un arte público: en la división artística
del trabajo, su escritura está más cerca de una especie
de contradiseño o diseño alternativo urbano que de
la poesía.
¿Cómo
trabaja la escritura de Monsiváis? Conforme aparecen los
textos en Mexican postcards, el autor se vuelve cada vez
más narrativo en sus ensayos. Todos ellos narran historias,
pero lo hacen enfocando inmejorablemente temas de actualidad. La
relevancia ensayística se vuelve así central en todas
sus crónicas. Pero lo más importante, sin embargo,
es que Monsiváis no recurre a las fuentes de la narrativa
historiográfica, ni al aparato de los artículos científicos
o académicos, como se podría esperar, para legitimar
su trabajo como cronista y ensayista, sino a las fuentes de la literatura
hasta dramatizarla. Incorpora en sus textos la heteroglosa que,
como sugiere Bakhtin, define a la novela como una forma cultural
(que él asociaba con la experiencia de la vida en la urbe),
creando así un entorno dialogado (una ciudad) de voces y
sociolectos, cuyo efecto incluye la vernaculización
de su propia voz. Esta técnica sirve para destacar los conflictos
culturales y políticos evocados en el texto, así como
para entrelazar otros puntos de vista sobre su materia de trabajo.
Monsiváis cita, no meramente con la finalidad de legitimar
su imagen, sino para proveer al lector de centros alternativos de
autoridad narrativa. Mientras que reconoce el poder del Estado,
evoca y, simultáneamente, rearticula a través de la
parodia el humor burlón de las masas. La ficción (o
sus "efectos de realidad") también merecen un lugar
en la narración de eventos reales. Un "personaje"
por ejemplo, "el naco" en "El hoyo funky"
puede ciertamente "hablar" para hacerse escuchar, dotándolo
de profundidad psicológica, o para resaltar aspectos del
lenguaje y el humor populares. Monsiváis registra a aquellos
sobre los que habla confiriéndoles una mediación textual
que usualmente se les niega, a la vez que democratiza el lenguaje
literario convencional y el lenguaje del periodismo. Los "nacos"
"la presencia masiva que ahora define a la ciudad de
México" se rebelan contra la estereotipificación
racista (su denominación), mientras que exhiben sus deseos
danzando y sudando, disfrutando del rock en los antros del norte
de la ciudad. Esto no es, en definitiva, "antropología",
como afirma el propio Monsiváis en su crónica sobre
la celebración de la Virgen de Guadalupe, ni tampoco un simple
representar a aquellos que supuestamente no pueden representarse
a sí mismos.
En particular, el uso
de un discurso libre e indirecto en el que se confunde la
distancia entre la voz organizativa del autor y la de sus "personajes"
define la textualidad de las invenciones de Monsiváis, y
es central en el proceso de socialización al que somete la
crónica-ensayo. Este es otro ejemplo del uso que procura
de las fuentes de la historia de la novela. De pronto, sin el aviso
de signos diacríticos, usurpando el privilegiado espacio
textual propio del escritor, emerge una voz a medio párrafo
para enunciar las palabras de la ideología o de la forma
cultural que está siendo analizada en concreto, actuándola
como acción discursiva. De nuevo el racismo que "denomina"
al "naco" viene al caso. También los "porfiristas"
dándonos la bienvenida en sus casas aristocráticas
con otro "personaje" de ficción, el fotógrafo.
O la declaración del editor de una revista amarillista: "Estamos
hablando de crímenes reales, no sólo del apuñalamiento
de una esposa infiel" todas ellas adopciones de la voz
del poder. En "Bolero: una historia" retoma, momentáneamente,
los códigos y ritmos del género para narrar su historia:
"creen que han escrito en palabras y melodías lo que
han visto en el amor y encontrado en la melancolía."
En términos
literales, Carlos Monisváis, más que "contar",
"muestra", y al hacerlo se mueve a través y entre
las experiencias y las posiciones ideológicas del campo cultural
que explora. Sus crónicas-ensayos son policéntricas
y actuantes, activando ideologías en conflicto y celebrando
pequeñas victorias donde sea que se encuentren definiciones
difícilmente equiparables a las del ensayo y la crónica
convencionales.
Proximidad crítica
La observación
de Marx de que "la religión es la teoría general
de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica
en forma popular...", se halla inmejorablemente dramatizada
en la obra de Juan Rulfo, objeto de una de las semblanzas de Monsiváis.
Vuelve también en la historia del curandero de fe, el Niño
Fidencio, en las celebraciones de la Virgen de Guadalupe y, por
supuesto, en la historia de los movimientos utópicos conservadores
en México. En el centro organizativo de los textos de Monsiváis,
sin embargo, no hay una simple crítica de la falsa conciencia
de los esclavizados por estas prácticas, que sólo
serviría para celebrar la ideología poscolonial de
progreso, el mito de la Revolución Mexicana y la devastación
que han producido (en particular de los indígenas y de la
población rural). Lo que puede ser detectado, en cambio,
es la constante y firme simpatía y solidaridad por los sectores
más pobres y marginados de la sociedad mexicana, así
como una enorme valoración de sus estrategias de sobrevivencia.
Esto implica también la rearticulación de un cristianismo
impuesto históricamente, según una variedad de culturas
locales y necesidades económicas, capturado en toda su desesperación
por la extraordinaria novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo,
y en la lectura que de ella hace Carlos Monsiváis. Ambas
incluyen el humor y la diversión, en particular en la forma
que en México se conoce como relajo ejemplificado por
las figuras de actores cómicos como Tin Tán y Cantinflas.
Aquí el término
"relajo" equivale al de "diversión",
lo cual no es del todo exacto, porque también esconde una
dimensión burlona (como "reírse de") y una
transgresión, y se refiere a una actitud hacia los valores
dominantes en donde "relajo" significa negarse a
tomar nada en serio, "cancelando", dice el filósofo
Jorge Portilla, "la respuesta normal al valor, y desentendiéndose
de cualquier obligación de realizarlo" en lugar
de lo meramente cómico.(7) Si para
muchos escritores "relajo" representaba originalmente
una forma popular de defensa propia y desafío, ahora, en
cambio, se ha convertido en parte de lo que Roger
Bartra ha dado en llamar, en La jaula de la melancolía,
el "metadiscurso" del connacional en México "una
intrincada red de referencias a la que muchos mexicanos (y algunos
extranjeros) recurren para explicar la identidad nacional... el
lugar del que vienen los mitos que no sólo dan unidad
a la nación, sino que la hacen distinta a cualquier otra"
o, más específicamente, un signo ideologizado de la
experiencia cultural de la moderna (que en este contexto significa
posrevolucionaria) urbanización. Si este último
tema ha sido, de manera discutible, la preocupación principal
de Monsiváis, en cambio se ha resistido a definir o enmarcar
cualquier tipo de identidad nacional ya sea a través
del "relajo" o de cualquier otra supuesta característica
nacional. Relajo es el que echa al trabajar su propia escritura,
creando en sus textos una distancia irónica llena de humor;
de tal manera que paradójicamente su distancia
crítica se convierte en una proximidad crítica.
¿Proximidad a
qué? Al proceso cultural. La escritura de Monsiváis
modulada por el humor de la ironía, el relajo y lo
narrativo de la crónica facilita esa suerte de perspectiva
articulada, por ejemplo, por Raymond Williams en una crítica
del concepto de cultura de masas:
Las instituciones
reales de la cultura de masas en cualquier sentido central, preceden
a los medios modernos. Quiero decir, las instituciones de la cultura
masiva son las manifestaciones y las protestas masivas, donde
la gente se halla físicamente reunida en grandes multitudes
y donde ciertos modos de comunicación el despliegue
de pancartas, ciertos gritos y demás son completamente
apropiados para este tipo de reuniones.
Es precisamente esta
sensibilidad cultural y política, que es capaz de historizar
en contra del sentido común crítico, la que se hace
evidente en la primera colección de crónicas-ensayos
de Monsiváis, Días de Guardar, aparecida en
1970 y centrada en el movimiento estudiantil de 1968, influida no
sólo por los escritores y las actitudes de la contracultura
de Estados Unidos en los sesenta (Monsiváis fue siempre su
gran admirador), sino también por las pancartas y consignas
de las manifestaciones masivas callejeras en la ciudad de México,
que se intercalan en sus textos como acotaciones directas de las
demandas, necesidades y estados de ánimo del movimiento.
Desde entonces Monsiváis
ha seguido desarrollando esta "instancia de proximidad extrema".
Su crónica de las secuelas del terremoto de 1985 en la ciudad
de México cuando la población misma se hizo
cargo del esfuerzo inicial de rescatar y reconstruir la ciudad frente
a la inercia gubernamental es un caso extraordinario y relevante.(8)
1968 y el terremoto constituyen momentos clave en la historia política,
que aún está en juego ahora en Chiapas desde el levantamiento
de 1994 y en el resto del país desde el terremoto,
donde se observa una significativa proliferación de movimientos
sociales independientes que están cambiando radicalmente
los parámetros de la política en México y la
relación entre el Estado y la sociedad civil.
Esta postura narrativa
de proximidad se encuentra presente también en los escritos
de Monsiváis sobre historia y cultura. A través de
sus textos como resulta evidente, por ejemplo, en La nota
roja Monsiváis escribe sobre el pasado como un
presente continuo,
politizando la historia, haciendo de ella una experiencia contemporánea
para sus lectores. A tal efecto, narra los orígenes del presente,
estableciendo conexiones por ejemplo, entre el crimen y el
Estado posrevolucionario que de hecho definen continuidades
estructurales y exigen respuestas políticas. Al optar en
sus ensayos por la narrativa mediante el recurso de la crónica,
Carlos Monsiváis rehúye deliberadamente la estabilidad
jurídico-moral y la perspectiva de las características
del presente de lo que Hayden White llama "la historia propiamente"
que incorpora el fin en un orden narrativo coherente, al contrario
de la crónica que "está marcada por una falla
para lograr una conclusión narrativa... comienza por relatar
una historia... (se) interrumpe... en el presente mismo del cronista...
y deja asuntos sin resolver" prefiriendo la apertura
de una proximidad cambiante sobre una distancia crítica central.
En este sentido, la escritura de Monsiváis es cinematográfica,
y su mirada, el lente de una cámara.(9)
Esta negación
a concluir y finalizar, tal parece, representa también una
apertura al cambio y la transformación, así como un
materialismo básico (empiricista) cuyo efectos sobre
el sujeto de enunciación es, entre otros, el asombro
que puede constituir la "verdad" de la crónica
como una forma cultural.(10) Criticar a Monsiváis
por tener tan sólo "ocurrencias más que ideas"
como dijo Octavio Paz,(11) significa perder
por completo de vista el meollo literario y político: las
ideas producidas en los ensayos de Monsiváis están
entramadas en las vidas y dramas sobre los que está escribiendo.
Según Adorno,
el ensayo es una forma que toma prestado de los géneros científico
y literario, pero es irreductible a cualquiera de ellos. Por un
lado, comparte la libertad subjetiva de la literatura para inventar,
sin compartir su carácter puramente "ficticio";
mientras que del otro lado, se rehúsa a abandonar el deseo
del conocimiento y verdad compartido por las ciencias humanistas
y naturales. El ensayo intenta convencer, pero sin la elaboración
conceptual ni el estorbo de las pruebas característico de
las ciencias.(12) Desde esta perspectiva,
podemos decir que los ensayos de Monsiváis narran sucesos
reales, como la historia, pero son libres del aparato científico;
prefieren permanecer ambiguamente, desde el punto de vista
genérico, pero coherentemente desde el punto de vista político
anclados en el presente y en el ámbito de la literatura.
En suma, a lo que me refiero aquí como "cercanía
crítica" es a una política, una epistemología
y una práctica de la escritura.
Melodrama
y modernidad
Carlos
Monsiváis nació en la ciudad de México en 1938
y creció en el seno de una familia protestante. Desde su
temprana infancia su relación con la sociedad y la cultura
mexicanas dominantes pienso el catolicismo institucional
fue divergente, oblicua; acaso una razón biográfica
más de su postura de proximidad crítica que apenas
se desplaza fuera del centro. Esto, de alguna manera, contribuye
a explicar su particular atracción por la cultura angloamericana,
desde el cine y el nuevo periodismo hasta el rock. La influencia
de las diversas sensibilidades radicales de la contracultura en
Estados Unidos, Europa y México, así como de su literatura,
han sido cruciales en su obra. Monsiváis parece haber pertenecido
siempre a la izquierda libertaria en el periodo del movimiento
estudiantil de 1968 fue particularmente cercano al marxismo heterodoxo
del novelista José Revueltas. Algunos de sus más
hirientes y furibundos comentarios los ha reservado para el convencionalismo
y el sexismo de la izquierda ortodoxa y al marxismo de libro de
texto de las universidades. Monsiváis nació en una
país con un Estado relativamente nuevo, consolidado, posrevolucionario,
que poseía enormes poderes y recursos a su disposición,
así como una mirada puesta actualmente alejada de
la repartición del pastel nacional (en la forma de tierra
y mitos) en una modernización acelerada.
Para el
bloque hegemónico posrevolucionario, la impartición
de educación fue siempre importante en la medida en que la
población era instruida a través de nuevas formas
públicas como los murales a lo largo de las sendas
de una nación recientemente configurada. Con el giro hacia
la modernización en los cuarenta, comienza un crecimiento
masivo de la educación superior a fin de satisfacer las demandas
de una nueva clase media ávida de educación y profesionalización
que emergía del rápido desarrollo capitalista. Carlos
Monsiváis fue uno de los miles de jóvenes hombres
y mujeres que inundaron la UNAM y otras
universidades en los años cincuenta y sesenta en busca de
preparación, cultura y política ser "moderno"
de acuerdo a los nuevos códigos y que encontraron mucho
de lo que finalmente buscaban. La influencia de las industrias de
la cultura dominadas por la impronta norteamericana
sobre la juventud en las ciudades que crecían rápidamente,
especialmente en el cine, la música y la televisión,
ya era notoria. De este proceso emergieron nuevas formas de escribir,
hablar y ser, así como nuevas aspiraciones políticas:
la democracia. Paradójicamente, la retórica sobre
el "desarrollo" y el "progreso" del partido
gobernante amoldó el marco de las demandas culturales y políticas
de la contracultura mexicana que, más tarde en 1968, fuera
tan ferozmente reprimida. Las condiciones para la producción
y recepción de la obra de Monsiváis en otras
palabras, Monsiváis el autor, sus textos y lectores
emergen en este contexto, caracterizado por la creciente influencia
de las industrias de la cultura influencia que se percibe
como americanización sobre culturas juveniles de ciudades
en rápido crecimiento imbuidas con un intenso conflicto social.
Lo sugerí
ya previamente, Monsiváis ha escrito historias micrológicas
sobre este proceso (que resultó) profundamente desigual "En
los últimos veinte años escribe en Para
un cuadro de costumbres de cultura y vida cotidiana en los ochenta
(Cuadernos Políticos, 57, 1989), la sociedad
mexicana ha adoptado nuevos hábitos, ha visto ahondarse el
abismo de la desigualdad y de la injusticia, ha renunciado a varias
de sus expresiones más nacionalistas, se ha americanizado
y simultáneamente desamericanizado... desea ser
moderna y falla, desea asirse a la tradición, pero es incapaz..."
frecuentando lenguajes populares y actitudes urbanas generadas por
la modernización. Es desde esta perspectiva donde confronta
el racismo y el chovinismo de clase que producen los discursos del
"naco", el "pelado" y el "peladito"
cuando la ciudad de México es invadida y reconfigurada por
la migración masiva del campo. Siguiendo las huellas de Salvador
Novo, poeta y cronista de la ciudad de México, a quien cita
con frecuencia, y al transformar la visión convencional del
periodismo, la literatura y la cultura (y sus relaciones) en México,
Carlos Monsiváis ejerce una función de avanzada, pues
abre estos campos a nuevos quizá más "comunes"
objetos, anhelos y preocupaciones y, lo más genuino de las
vanguardias, arriesga el populismo cultural sin quedar atrapado
en él.
Lo que el burgués
y el proletario, el clasemediero y el lumpen buscan a lo largo
y ancho de las industrias de la cultura, y encuentran sin saberlo,
es una comprensión sistemática de la sociedad unificada
y transformada por el melodrama.
Este breve
pasaje de "México 1890-1976: Alto contraste, Naturaleza
muerta", expresa lo que puede ser de hecho definido como su
tema principal. Gran parte de la obra de Monsiváis puede
entenderse como la investigación de un melodrama no
sólo como un género, sino como el producto de una
modernidad desigual y transcultural en México; algo
semejante a lo que Raymond Williams llamó una "estructura
del sentimiento" (según la formulación de Marxismo
y literatura):
Hablamos de los elementos
característicos del impulso, la restricción y el
tono; elementos específicamente afectivos de la conciencia
y de las relaciones: no el sentimiento contra el pensamiento,
sino el pensamiento sentido y el sentimiento pensado: la conciencia
práctica de lo presente en una continuidad viva e interrelacionada.
Definimos estos elementos como una "estructura": un
conjunto con sus relaciones internas específicas a un tiempo
entrelazadas y en tensión. También definimos una
experiencia social que aún se encuentra en un proceso frecuentemente
aún no reconocido como social, sino visto como algo privado,
idiosincrático e incluso aislado, pero que en la investigación
(rara vez sucede de otra manera) tiene características
emergentes, comunicantes y dominantes, incluso jerarquías
específicas.
El terreno
de la experiencia cultural aquí delineado es precisamente
donde las obras de Williams y de Monsiváis, de otra manera
muy distintas, se tocan y en encuentran: en Williams, en su lucha
por considerar la cultura como una experiencia vivida "ordinaria"
y una formación histórica; en Monsiváis, a
través de la proximidad crítica con las prácticas
culturales que le permiten las crónicas-ensayos. El melodrama
es, en el caso de Carlos Monsiváis, un "impulso"
y una "restricción", una "estructura"
y un "proceso" es decir, una formación cultural
con una historia y, como tal, rigurosamente ideológico.
Por lo mismo, no constituye una identidad, sino más bien
un conocimiento del poder.
La experiencia
que le interesa particularmente a Monsiváis es el impacto
que ejercen las industrias de la cultura y el aparato gubernamental
sobre la vida cotidiana, al proporcionar diversas pedagogías
de (y para) la modernidad y el nacionalismo en el contexto de una
rápida urbanización.
El melodrama
en México es una forma particular de esa modernización
cultural. Evoca la pasión y el romance para educar y dirigir
hasta con el sacrificio si fuera necesario las alianzas
prohibidas en el pasado y en el interior de la vida familiar. Sin
duda, Monsiváis sugiere que la fueza del melodrama en México
"depende de... la transferencia parcial del sentimiento religioso
en la vida privada"; y más aún, que se convirtió
en una forma secular de catequismo: la modernidad condensada se
hizo consumible y simple.(13) Desde este punto
de vista, la canción romántica, por ejemplo, es una
especie de misticismo del corazón, que deleita a los escuchas
con las formas cambiantes y los significados del enamoramiento y
el desenamoramiento. Monsiváis rastrea su historia y significado
en México del porfiriato al presente en "Bolero:
Una historia".
La sensibilidad
melodramática, no obstante, no se queda inmóvil, y
lo que pudiera ser esencialmente conservador y disciplinado en un
medio, puede en otro, resultar hilarantemente subversivo. El amor
a la patria, por ejemplo, se convierte en una forma de sentimentalismo
estatal cuando es evocado por un valiente charro en canciones románticas,
y el discurso machista del nacionalismo es subvertido y feminizado.
En tanto que se trata de un género que moviliza la emoción,
el melodrama siempre es potencialmente subversivo, rechazando cualquier
contención. Esto es, pienso yo, lo que fascina a Carlos Monsiváis.
Y es su habilidad para relacionar los asuntos del corazón
con los amplios temas históricos y políticos lo que
hace de su obra un ejemplo de crítica cultural tanto en México
como fuera de él.
Traducidio del inglés por Pedro Schneider
* Introducción a Mexican postcards, antología
de ensayos y crónicas de Carlos Monsiváis, compilada
y traducida por John Kraniauskas y publicada por la editorial Verso,
Londres, 1997.
(1) En México: país de ideas,
país de novelas, Sara Sefchovich escribe: "Con sabiduría
e ingenuidad, ironía y lucidez, Monsiváis escucha
las canciones románticas de Juan Gabriel, apoya las causas
populares, es el aliado de las minorías y de los marginados,
escribe todo el tiempo y se burla de todo el mundo. Abre puertas,
señala y crea reconocimientos, dice Elena Poniatowska
de este cronista de nuestros deleites e infortunios, traductor y
periodista, cuestionador, cartógrafo y definidor de la cultura
mexicana..." Christopher Domínguez Michael, un crítico
literario de una clase totalmente distinta, no obstante, coincide
en su Antología de la narrativa mexicana del siglo XX
con Sefchovich al respecto: "Un escritor indispensable cuando
se trata de entender la cultura mexicana de los últimos veinticinco
años, un arqueólogo e inventor de mitos, un bien conocido
incógnito para ser visto del brazo de María Félix,
así como en las reuniones de la izquierda en la universidad,
un estupendo narrador..."
(2)
Para una posible aproximación del significado de Octavio
Paz en la cultura mexicana véanse las reflexiones de Antonio
Gramsci sobre Benedetto Croce: "Un tipo de Papa lego y un instrumento
extremadamente eficaz de hegemonía aún cuando
a veces se puede encontrar a sí mismo en desacuerdo con un
gobierno u otro..." Carlos Monsiváis mismo ha estado
relacionado con dos publicaciones de considerable fuerza y peso:
La cultura en México, el suplemento cultural del semanario
Siempre!, durante los años setenta, y Nexos
en la década de los ochenta. Ambas son hoy órganos
"semioficiales", y Monsiváis tiene poco que ver
con ellas ver Tragicomedia mexicana (vol. 2) de José
Agustín, México, 1992, pp. 210-15. María
Eugenia Mudrovcic escribió un excelente ensayo sobre la cambiante
relación entre Monsiváis y Paz: "Carlos Monsiváis,
un intelectual post-68", que presentó en el XXX
Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana en 1994. Desde
mediados de los setenta, fue posible leer a Monsiváis como
un "contra-Paz" en tanto que éste último,
desde su propia posición de poder , exhibió posturas
asociadas política y culturalmente con el neoliberalismo
(al que Monsiváis se refiere frecuentemente como "capitalismo
salvaje").
(3)
El jocoso
thriller de Enrique Serna: El miedo a los animales
es una confrontación satírica reciente con la vida
intelectual en México que incluye a un personaje conocido
como el "narco-poeta" (Monsiváis es uno de los
nombres que menciona de pasada el patético y desafortunado
personaje que narra, un periodista convertido en policía
corrupto ¡que desea hacer el bien!: "México recuerda
es un país sin memoria, Monsiváis lo ha dicho repetidamente.").
Agradezco en particular a Guillermo Zermeño por haber llamado
mi atención sobre esta novela.
(4)
Carlos Monsiváis, "Fábula del país
de Nopasanada (carta dirigida al subcomandante Marcos, en donde
se encuentre, para notificarle acuerdos, discrepancias y modestas
reflexiones)", La Jornada Semanal, 14 de enero de 1996.
Monsiváis debate con los zapatistas, comparte ideas, concuerda
y desacuerda. Aquí hace notar el poder del Estado sobre los
intelectuales, que logra "transformar" voces que alguna
vez fueron críticas y después pasan de su lado. Sobre
los diversos efectos benéficos del levantamiento neozapatista,
opina que el más importante ha sido la emergencia de los
movimientos indígenas independientes a nivel nacional: "Aquellos
que discuten las cuestiones indígenas son principalmente
los tojolabales, tzotziles, tzeltales, nahuas, mixtecos, zapotecos
y demás hasta completar todos los 56 grupos étnicos".
Véase también la respuesta del subcomandante Marcos:
"De árboles, transgresores y odontología".
(5)
Quizás la carta-ensayo más famosa de este tipo,
escrita en vísperas de la independencia de América
Latina, es la "Carta de Jamaica" de Simón Bolívar
(1815), destinada originalmente desde el exilio de Kingston, Jamaica,
a Henry Cullen, "un caballero de esta isla". En palabras
de John Lynch, es un "ataque mordaz al sistema colonial español,
una crítica al fracaso de la revolución y una señal
de esperanza en el futuro." Véase: The Spanish-American
Revolutions 1808-1826, 2nd. edition, New York, 1986, p. 210.
(6)
Para un análisis de la crónica como una forma
de narrativa véase: Hayden White, "The value of narrativity
in the representation of reality", en The content of the
form, John Hopkins University Press, Baltimore, Md and London,
1987, pp 1-25. Para un estudio del ensayo veáse: T.W. Adorno,
"The essay as form", en Notes to literature (vol.1),
traducción: Sherry Weber Nicholsen, Columbia University Press,
New York 1991, pp. 3-23. Aparte de sus comentarios sobre las habilidades
de Monsiváis como narrador, Christopher Domínguez
Michael afirma, sin embargo en la Introducción a la
Antología de la narrativa mexicana del siglo XX,
que ese "no es el lugar para discutir sobre Carlos Monsiváis
como figura pública, cronista de la vida urbana..."
¡La cuestión es que, por supuesto, se trata de una
figura pública únicamente en tanto que narrador y
viceversa!
(7)
Véase: Jorge Portilla, Fenomenología del
relajo (1966), Fondo de Cultura Económica, México,
1992, p.19. No obstante que es popular, el "relajo" no
es "carnavalesco" en el sentido festivo que le da Bakhtin
a la palabra. Lo que es atractivo del ensayo de Jorge Portilla,
y lo que le atrae en particular a Monsiváis en él
siendo esto una mera conjetura es su afirmación
abierta de que las calles son el lugar más propicio para
la filosofía.
(8)
La cita y la idea de "proximidad crítica"
están tomadas de Peter Sloterdijk, Critique of Cynical
Reason, Verso, Londres, 1988, pp. xxxiii, quien a su vez la
adoptó de Walter Benjamin. Para los sucesos de 1968 véase:
Carlos Monsiváis, Días de Guardar, Ed. Era,
México, 1970. Sobre el terremoto en México véase:
Carlos Monsiváis, "Los días del temblor",
en Entrada libre: Crónicas de la sociedad que se organiza,
Ed. Era, México, 1987.
(9)
Walter Benjamin, One-Way Street (traducción: E. Jephcott
y K. Shorter), New Left Books, Londres 1979, p. 89. Monsiváis
es un bien conocido cinéfilo. Durante los sesenta, condujo
un programa semanal de radio sobre cine para Radio Universidad.
Véanse en particular sus contribuciones a A. Paranagua, (ed.),
Mexican Cinema, British Film Institute, Londres, 1996.
(10)
Hayden White, "The Value of Narrativity", Idem,
p. 5. Monsiváis ha escrito, por supuesto, una historia de
la crónica en México. Véase: "Y yo preguntaba
y anotaba, y el caudillo no se dio por enterado",introducción
a Carlos Monsiváis (ed.), A ustedes les consta: Antología
de la crónica en México, Ed. Era México,
1980, pp. 17-76.
(11)
Octavio Paz, Proceso 61, 2 de enero de 1978.
(12)
"Mientras el ensayo coordina uno a uno los conceptos por medio
de su función en el paralelogramo de fuerzas en sus objetos,
se encoge desde cualquier concepto omniabarcante al cual todos ellos
puedan quedar subordinados. Si tales conceptos dan la impresión
de un logro, su método lo sabe imposible y aún así
trata de cumplir" (T.W. Adorno, Idem.). Una excelente
comparación de las posturas adoptadas por Monsiváis
y Paz, puedan ser encontradas en sus respectivos textos sobre los
sucesos de 1968 en México. Véase: Octavio Paz, "Crítica
de la pirámide", en Posdata, Siglo XXI,
1970.
(13)
Carlos Monsiváis, "Se sufre, pero se aprende (el melodrama
y las reglas de la falta de límites)", en Carlos Monsiváis
y Carlos Bonfil, A través del espejo: el cine mexicano
y su público, en Ediciones El Milagro, IMCINE,
1994, p. 100. Véase también María Eugenia Mudrovcic,
"Entre el Camp y el Kitch: Carlos Monsiváis ante la
sociedad de masas", ensayo presentado en el XIX
Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, Washington,
DC, 28-30 de septiembre de 1995.
John Kraniauskas, "Carlos
Monsiváis : proximidad crítica", Fractal
n° 7, octubre-diciembre,
1997, año 2, volumen II, pp. 111-129.
|