|
El discurso crítico
sólo es posible como continuación del literario. En
la cita, Steiner habla de la importancia de la crítica literaria
para la creación; sugiere, cuando menos de manera hipotética,
que el movimiento entre ambos discursos es circular: el primero
es social y culturalmente posible gracias al segundo, al discurso
que formaliza su recepción y que, en cierta medida, hace
posible su difusión. En este marco, la crítica cobra
otra dimensión: no tiene ya que acudir a deslumbrantes técnicas
analíticas que socaven la posibilidad de diálogo entre
el crítico y el texto literario. El crítico puede
sumergirse en el texto para rescatar con sus reflexiones una proyección
de sí mismo como creador. Para que la crítica no sea
el parasitario discurso tan temido por el propio crítico
o un fútil ejercicio de imprecisiones estadísticas
o "la extensión del brindis", como dice Borges
debe establecer una interdependencia con el discurso literario y,
a la vez, fortalecer su validez como documento didáctico
y orientador, como un legado histórico que le permita relacionarse
con otros ámbitos y discursos sin perder de vista las normas
de su propio juego.
La elección
del procedimiento analítico se edifica durante la experiencia
de la lectura. Más que de un proceso se trata de una elección:
la construcción de los significados del poema a partir de
su recepción por un lector particular. Gadamer observa en
Verdad y método que "ningún investigador
productivo puede dudar en el fondo de que la precisión metodológica
es, sin duda, ineludible en la ciencia, pero que la aplicación
de los métodos habituales es menos constitutiva de la esencia
de cualquier investigación que el hallazgo de otros nuevos
y, más allá de ellos, que la fantasía
creadora del investigador". De esta aseveración
se desprenden acaso tres afirmaciones. Dos primeras en apariencia
paradójicas: a) la no pertinencia de utilizar métodos
previamente determinados para iniciar un proceso de investigación
y b) la búsqueda y la construcción de una aproximación
metodológica clara. La tercera es la necesidad de transformar
la tarea del investigador en un acto creativo. El éxito del
crítico depende de su capacidad para someterse a una experiencia
total de lectura: no sólo introducirse de manera integral,
sino salir de ella extrayendo otra lectura. En otro párrafo
de Lenguaje y silencio, George Steiner dice que "leer
bien... es dejar vulnerable nuestra identidad, nuestra posesión
de nosotros mismos". Vulnerar nuestra identidad significa,
ante todo, estar dispuestos al diálogo, a que el otro nos
inunde de su ser mismo, en su diferencia, vuelto lenguaje. La comunicación
con el texto literario supone un proceso de significación
previo que es decodificado por el crítico a partir
de su propia experiencia.
La crítica puede
acaso fundarse en un movimiento a través del cual ambos discursos
se realizan en su propio espacio textual, en el que no sólo
no se agotan, sino que se extienden hacia aquello que les confiere
sentido llámese contexto, intratexto o intertexto.
Así, la crítica se desplaza sobre una tensión
fundamental: el contexto definido por las experiencias y los conocimientos
anteriores del crítico y la aproximación al texto.
Pero la finalidad de la crítica consiste en aportar a otros
lectores el resultado de una conversación fincada en algo
más que las propias proyecciones o la organización
de una descripción bajo un esquema predeterminado de categorías.
Leer en el plano meramente formal, aplicando un método probado,
reduce el análisis a la lectura sintagmática del texto
y a la acumulación inútil de datos que con dificultad
pueden advertir su validez histórica. La aproximación
diacrónica que media y matiza nos ubica en posición
de descubrir no sólo los rasgos formales, sino también
las características que hacen del poema un escrito literario.
Cualquier procedimiento analítico aplicado mecánicamente
se convierte en un ejercicio fútil en demérito del
goce que el crítico a menudo sacrifica en aras de un falso
e innecesario objetivismo. ¿Qué impacto pueden tener
los datos arrojados por una estilística de base estadística,
matemática y computarizada? ¿Qué información
relevante ofrecen sobre el uso del lenguaje poético el autor,
el lector y el momento histórico del escrito? Y, al final,
si se puede decir así, ¿qué validez arroja
la determinación de los porcentajes y de la frecuencia del
uso de conjunciones y adjetivos en un poema determinado?
Enfrentarse a un poema
implica involucrarse en un movimiento general que incluye la actividad
creadora, la experiencia de la lectura y la crítica. Esta
última supone habilidades distintas. Es un acercamiento,
antes que nada, gozoso, y una forma alternativa de buscar no sólo
la validez del texto, sino su cualidad de verdad, mediante la anagnórisis:
la revelación que el lector tiene de sí mismo y el
descubrimiento al que se somete por mediaciones, como el amor o
la experiencia corporal-emocional, que conducen a la experiencia
del otro en tanto otro. El procedimiento circula en dos sentidos:
el conocimiento teórico-integral y el goce. Una perspectiva
como ésta admite, sin culpabilidad, una recepción
crítica que incluye tanto la aplicación del mecanismo
o metodología como el libre ejercicio de las preguntas sobre
el goce y la reflexión provocados por la escritura. Interrogar
el texto implica establecer un diálogo capaz de modificar
la experiencia de ese texto en función de su recepción.
Sólo el lector que es real y no ideal resolverá,
al final, lo que las palabras y su sintaxis significan en su experiencia.
La especulación alrededor de su recepción se convierte
en un tema central.
La crítica formal
cobra sentido cuando se vuelve una reflexión sobre la pertinencia
de encontrar sitios referenciales más amplios en los que
se inserten los hallazgos particulares. Es el horizonte teórico
el que provee estos sitios y hace posible el análisis diferenciado
del texto a partir de un diálogo de saberes. Si bien la crítica
sucede como una experiencia personal, siempre hay elementos en el
texto que pueden ser confrontados con categorías teóricas
para encontrar las desviaciones de las nuevas formas literarias
con respecto a concepciones anteriores. Construir un contexto teórico
posibilita la toma de conciencia del crítico como una intención
integral sobre el texto que desborda el problema del patrón
estilístico y se extiende a un conjunto de operaciones que
cruzan territorios paradigmáticos. Las propuestas innovadoras
de algunas poéticas provocan reflexiones insospechadas que
desvían la atención hacia otros puntos de interés.
La diversificación de recursos, que va más allá
de la elaboración de versos libres, presente en la poesía
contemporánea, reclama la diversificación del análisis.
El crítico es un receptor más, pero emplea una herramienta
conceptual que permite organizar posibles respuestas a las sensaciones
que se experimentan al confrontar un texto. Esta peculiar forma
de sistematizarlo trae como resultado innovaciones teóricas
y conceptuales que sólo son posibles a partir del propio
texto.
La diferencia en los
usos del lenguaje es lo que distingue a la crítica de la
poesía. La aproximación al texto desde la perspectiva
de su recepción no sólo considera los elementos sociológicos
de la literatura, sino también aquellos que se relacionan
directamente con el manejo del lenguaje. La exploración estilística
y retórica supone dejar de ver en el poema a un objeto frente
al que hay que tomar distancia e investigar sus formas como si sólo
fueran suyas y no estuvieran determinadas también en relación
con la lectura. La poesía y la prosa se tocan, se rozan,
trabajan por la emergencia de formas inéditas.
Angélica Tornero,
"Crítica y poética",
Fractal
n° 4, enero-marzo,
1997,año 1,volumen II, pp. 117-122.
|