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Creo que los sueños se mueven igual que las estructuras retóricas en un poema. En ellos tenemos algo muy cercano a narrativas, figuras y tópicos: lo contrario a un discurso lógico. Aparte de todas las teorías sobre el sueño que conozcamos, del psicoanálisis a la neurología y de los mitos a la vida diaria, en ellos organizamos experiencias que no son enteramente racionales. Un sueño nos está diciendo algo a nosotros mismos, y lo podemos interpretar de distintas maneras. Si seguimos sus propias olas misteriosas nos acercamos a algo que está en nosotros que no puede ser descrito en su totalidad de una manera lógica. Los sueños tienen que ver con las emociones, y éstas no son traducibles, sólo experimentadas y, si alcanzamos la responsabilidad, conocidas. Para Yeats, los sueños son el origen de una actitud verdaderamente responsable hacia nuestras propias vidas. La manera en la que lidiamos con ellos es crucial para entender una situación en un momento particular. Ahora bien, la responsabilidad no es una palabra con letras mayúsculas que nos imponga una serie de reglas, sino una relación entre nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestros actos. Decir que "en los sueños comienza la responsabilidad" significa precisamente que ésta da cuenta de nuestra vida emocional. Responsabilidad no significa culpa. La culpa es una falta continua, mientras que la responsabilidad es la confrontación con lo que falta. Y esto mismo es lo que hace a un poema.
Yo no creo que un poeta escoja una metáfora, o una imagen, cuando escribe un poema. Esto no quiere decir que no tenga la menor idea de los sentimientos involucrados, o incluso del tema general del poema. Pero en el proceso de escribir el primer borrador surgen muchísimas cosas que no se habían previsto. Las palabras que aparecen, el ritmo encontrado, la respiración en la que se despliega no es parte de, digámoslo así, una agenda. En mi experiencia personal, incluso escribir un soneto, que es una de las formas métricas más trabajadas en español, nunca puede estar programado. Los sonetos como programa sólo cumplen una mera formalidad. Alguna vez me di cuenta que escribía sonetos cuando estaba enojado. Descubrí que su forma, apretada y constreñida, permitía expresar ese enojo, e ironizarlo. La forma del soneto había sido, en mi caso, una necesidad.
Empezar con una metáfora me ha permitido moverme con cierta
intensidad y flexibilidad dentro de mi argumento. Ni el sueño
ni lo desconocido son palabras que se completen a sí mismas.
En la vibración de su significado hay una falta, algo sobre
lo que se tiene que actuar, algo por elaborarse. Aquí entra
la responsabilidad. Por otro lado, la poesía es en sí
misma una especie de portador o mensajero. No sabe hacia dónde
va ni qué encuentra. Viene de lo desconocido y está
hecha de los materiales del sueño. Pero va, y llega a cierto
sitio. La responsabilidad en poesía no significa, por supuesto,
escribir poemas "bien hechos", ni poemas "políticamente
correctos". Un poema trabaja tanto con las buenas como con
las malas intenciones de un poeta, con sus fuerzas y con sus prejuicios.
Como en los sueños, en la poesía no controlamos nuestros
sentimientos. Más adelante podemos entenderlos, a veces.
Ser responsables, en poesía, significa aceptar esto, incluso
cuando racionalmente no nos gusten del todo esos sentimientos. Dentro
del poema debemos aceptarlos. Tenemos que reconocer y exponer nuestros
odios y nuestros amores, y la manera en la que odiamos y en la que
queremos. Tiene que ser así, ya que la poesía no es
nunca un discurso profiláctico, sino una manera de escribir
y hablar, una manera de utilizar el lenguaje que incorpora toda
la experiencia de un poeta, o, mejor dicho, que incorpora al poeta
en su totalidad. No está escrito con la mente sino con todo
el cuerpo, y ésa es la razón por la cual el ritmo
es tan importante: el ritmo es una traslación de la respiración
de un poeta, en el sentido en el que pensamos como respiramos, sobre
todo cuando estamos emocionalmente activos o emocionalmente
en blanco, como se puede ver en la asfixia y extrema economía
lingüística de The Hollow Men de T. S. Eliot.
La responsabilidad
significa aceptar la complejidad de nuestros sentimientos y ser
capaces, también, en caso de ser poetas, de ponerlos en palabras.
En este sentido, la responsabilidad trabaja siempre con algo desconocido
que, a través de un proceso lingüístico, que
no es lógico sino retórico, se encuentra a sí
mismo. Encuentra su camino a través de una serie de confrontaciones
no siempre fáciles, que son el resultado de un gran esfuerzo
intelectual. Incluso si el poeta está hablando de experiencias
de debilidad, el proceso que permite su traslación en poema
no puede ser débil. Lleva, como decía, la totalidad
del poeta lograr este encuentro.
Comparé la relación
entre el sueño, la poesía y lo desconocido con un
pájaro, pero las metáforas conducen a terrenos inciertos.
Sería muy diferente si hubiera empezado por analizar la relación
entre la poesía y el sueño y entre la poesía
y lo desconocido (ya que "lo desconocido" es parte del
problema del conocimiento). Desde el principio una metáfora
desautoriza cualquier significado particular y específico,
y abre dentro del lenguaje una vibración de sentidos que
no puede ser completamente codificada. Preferí por lo tanto
permitirme buscar entre las tensiones que lo conforman, en lugar
de seguir los caminos separados que estas tres palabras tienen como
entidades. Esto me lleva finalmente a dos negaciones: no creo que
sea posible escribir poesía sobre lo conocido, y no creo
que exista poesía que no surja de algo parecido al mecanismo
del sueño.
Por lo tanto, escribir
y leer poesía significa desde el principio lidiar
con cosas desconocidas y moverse en un reino equivalente al de los
sueños. Cuando afirmo que no existe poesía de lo conocido
no estoy diciendo que la poesía comercie con objetos irreales,
sino que la manera en la cual trata con las palabras fuerza siempre
una reconstrucción del conocimiento y una nueva puesta de
la realidad. Incluso en los poemas más cercanos a los "hechos",
como son los de temas políticos o los que evocan algún
paisaje, sólo pueden expresarse forzando las palabras para
que encuentren sentido. Lo cual quiere decir que el sentido nunca
es previo al poema: es siempre algo que se desarrolla durante su
construcción, y que se alcanza en él. Por lo tanto,
desde el principio la poesía es siempre poesía de
lo desconocido.
Creo que para escribir
poesía es necesario primero hacer un movimiento interno,
una anagnórisis, en la que no sabemos exactamente qué
estamos siguiendo ni qué vamos a encontrar. No es un movimiento
ciego pero, por lo menos en mi caso, siempre debo sobreponerme a
un primer impulso que es muy tenso y que, una vez suelto, me permite
expresar cosas que no conocía. Es una acumulación
de fuerzas en que se han estado reuniendo distintas experiencias
aparentemente no relacionadas. Puede ser por ejemplo ver un tiburón
en un acuario, sentir cómo se mueve de un lado a otro, experimentar
la suavidad de sus costillas, su boca, su silencio. Muchos días
después, o meses, o incluso años, uno puede recuperar
esa experiencia incrustada en otra, quizá mucho más
íntima y oscura. Esta confrontación, equivalente a
la manera en que funciona el sueño, permite que el poema
se escriba.
¿Qué
estamos diciendo exactamente en el momento que escribimos un poema?
En definitiva no es el sufrimiento o goce anterior al momento de
escribir. Un poema no es sólo la experiencia personal e íntima
que queramos expresar. Hay algo "desconocido" que fuerza
su camino dentro del poema. Y ese algo está compuesto de
varias cosas. Primero es el lenguaje, como un campo común
en el que los humanos nos movemos, pero en el cual no siempre sabemos
cómo movernos ni hacia dónde nos lleva. El lenguaje
es lo primero "desconocido" que enfrentamos, algo que
se mueve dentro y fuera de nosotros, y que en poesía se expresa
en ritmos, rimas, oscilaciones y significados relacionados. Luego,
muchísimas experiencias y conocimientos que no sabíamos
que estaban articulados, o que podían articularse, con esa
emoción. La emoción que fuerza a un poema busca sus
fuentes y sus caminos de expresión, y el poema no es la traslación
de esa emoción, sino una articulación de experiencias,
emociones, imágenes y ritmos que se encuentran en el momento
de su propia escritura.
Ernst Jünger decía
que "no fracasamos por culpa de nuestros sueños sino
por no soñarlos con suficiente intensidad". Como la
cita de Yeats, también ésta subraya el fuerte vínculo
entre el sueño y la realidad. También, y más
importante aún, muestra que este vínculo no es algo
dado, sino algo que tiene que trabajarse y actuarse. Con la poesía,
como con el sueño, también se tiene una responsabilidad.
Por eso no es una experiencia únicamente estética,
sino también moral. La poesía fuerza a que algo informe
adquiera forma, y tiene la responsabilidad de hacer que impulsos
oscuros y ocupaciones claras se confronten mutuamente, reaccionen
y tengan sentido de manera conjunta. Este sentido no puede ser previsto,
ya que la poesía nunca prueba una tesis en particular. No
es una demostración sino una actuación y una acción.
El movimiento de un
poema viene de esos impulsos, tanto oscuros como claros, pero su
construcción necesita una capacidad para actuar en ambos
reinos. Un poeta debe permitirse a sí mismo ser llevado por
esos impulsos, y al mismo tiempo tener la fuerza para navegar esos
impulsos. Es un movimiento de lo ya conocido a lo desconocido, y
al mismo tiempo un movimiento del sueño hacia lo real. Es
también un reconocimiento de lo desconocido y una dislocación
y desarme de lo real. Como decía Callase Stevens, "no
la idea de la cosa sino la cosa misma". Y ésta no puede
ser preparada. Como la vida real.
predrosc@servidor.unam.mx
Pedro Serrano,
"El sueño, la poesía y lo desconocido",
Fractal
n° 4, enero-marzo,
1997,año 1,volumen II, pp. 111-116.
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