|
México, como
la mayoría de los países insertos en la órbita
de Washington, modificó su política financiera de
manera radical al conceder un papel prioritario a los mecanismos
del mercado. Quienes vieron en el intervencionismo estatal una de
las causas de la crisis de los años ochenta, concluyeron
que la liberalización financiera ayudaría a emprender
el crecimiento y la estabilidad elevando el nivel de ahorro y mejorando
la eficacia de la economía en su conjunto. En aquel entonces,
las aportaciones financieras del exterior empezaron a escasear y
surgió una apremiante necesidad de ahorro interno. La liberalización
fue vista como la solución para remontar la ineficacia del
propio sistema financiero.
En teoría, la
apertura y la internacionalización financieras debían
propiciar la distribución del ahorro, optimizar la asignación
de recursos y nivelar las tasas de rendimiento de las inversiones
a nivel mundial. Pedro Aspe, secretario de Hacienda del gobierno
salinista, escribió en aquellos años que la liberalización
buscaba sustituir "un sistema fundado en una combinación
de obligaciones [...] de crédito y tasas de interés
reguladas, por otro en el que la política monetaria se [realizara]
principalmente a través de operaciones de mercado abierto,
que [permitieran] a las tasas de interés reaccionar con rapidez
frente a los cambios internos y externos". (El camino mexicano
de la transformación económica, p. 74.) Sin embargo,
para el artesano de la reforma financiera mexicana, la liberalización
representaba tan sólo un factor más del cambio, al
que debían añadirse la innovación financiera,
el fortalecimiento de los intermediarios, la privatización
de la banca comercial y la forma de financiar el déficit
gubernamental.
En realidad, la liberalización
impuesta por la reforma estructural se llevó a cabo demasiado
tarde. Posponer su impacto hacia el final del proceso de ajuste
resultó determinante. Los neoliberales mexicanos consideraban
que una liberalización prematura resultaría desastrosa,
pese a sus supuestas virtudes que ofrecían canalizar de manera
eficaz el ahorro y la inversión. En el libro Mexico: The
remaking of an Economy, Nora Lustig señala que el éxito
de la liberalización depende en general de cuatro condiciones:
1) Las necesidades financieras del sector público deben restringirse
al mínimo, pues el déficit público puede redundar
en una volatilidad financiera incontrolable; 2) el gobierno se ve
obligado a consolidar el mercado de sus propios títulos,
de lo contrario, la liberalización beneficia tan sólo
a un reducido número de propietarios de títulos que
controlan el mercado a su antojo; 3) el sistema bancario precisa
de una estructura multiforme a fin de asegurar la competencia, y
4) el sector bancario requiere de buena salud financiera y regulaciones
que protejan al ahorrador. Durante las primeras etapas del ajuste
macroeconómico, a finales de 1987, el gobierno recurrió
a mecanismos tradicionales basados en el control del crédito
y de las tasas de interés para administrar los mercados financieros.
Sin embargo, hacia 1988, cuando consideró que ya existían
estas condiciones, decidió desregular por completo los mercados
financieros. Se abandonaron los objetivos crediticios, el libre
juego del mercado empezó a determinar las tasas de interés
y los bancos comerciales gozaron de flexibilidad absoluta en el
manejo de su liquidez.
La banca mundial, para
entonces, ya recomendaba que los programas de liberalización
se complementaran con una reglamentación del sistema de control
bancario. A principios de los noventa, una vez que la desregulación
hizo posible el desarrollo de un "ambiente más competitivo",
los bancos que el gobierno de José López Portillo
nacionalizó en 1982 fueron reestructurados y privatizados.
La política monetaria prescindió del tope crediticio
impuesto a la banca y se limitó, en esencia, a utilizar herramientas
indirectas como las operaciones de open market. Al mismo tiempo,
el gobierno creó una gama de instrumentos de deuda pública
que alentó el desarrollo de los mercados de capital (Cetes,
Bondes, Petrobonos, Pagafes y Tesobonos). Hacia finales de 1991,
la Bolsa Mexicana de Valores, abierta a los extranjeros, se había
convertido en una de las más atractivas entre las casas de
bolsa de reciente creación fuera de la OCDE.
Llegó incluso a competir con las de Taiwán, Hong Kong
y Corea.
La reforma financiera
otorgó al Banco de México un nuevo status. La independencia
del banco central en la formulación de la política
monetaria suscitó un interés particular. Argentina,
Colombia, Chile, España, Nueva Zelanda y Francia modificaron
sus legislaciones para reforzar la independencia de sus bancos centrales.
Con ello pretendían seguir el modelo alemán que atribuye
al banco central la tarea de estabilizar los precios mediante una
conducción monetaria que impida la intervención de
la esfera política en sus decisiones. Los partidarios de
la autonomía del banco central opinan que la credibilidad
de la política monetaria y su capacidad para garantizar
la estabilidad de precios sólo puede cobrar consenso
si los funcionarios que la formulan son personalidades competentes,
apolíticas y empeñadas en objetivos a largo plazo.
Se estima que si un gobierno se propone, a un mismo tiempo, reducir
la inflación y aumentar el empleo y la producción
puede sentirse tentado a estimular la producción a corto
plazo en demérito de la estrategia antiinflacionaria. Lo
mismo sucede cuando se relaja la política monetaria en aras
de mejorar la distribución del ingreso y las finanzas públicas.
Desde esta perspectiva, el público, al que suponemos informado,
debe creer que la estabilidad de los precios es el único
objetivo que persigue la autoridad monetaria. En la teoría
neoliberal, independizar al banco central de los poderes públicos
no es una condición suficiente para impedir un aumento excesivo
y/o inestable del circulante monetario. Por ello recomienda su independencia
a condición de fijar ciertas reglas que limiten los abusos.
Los neoliberales mexicanos
no tardaron en sumarse a la tendencia internacional y promovieron
una reforma al artículo 28 de la Constitución que
establecía la autonomía del Banco de México
a partir del primero de abril de 1994. El texto dice así:
"El Estado tendrá un banco central autónomo en
sus funciones y su gestión. Su objetivo prioritario será
procurar la estabilidad del poder de compra de la moneda nacional
para, de esta manera, estimular el desarrollo nacional que es competencia
del Estado. Ninguna autoridad podrá exigir al banco la concesión
de financiamiento". El banco central autónomo debía
cumplir tres funciones fundamentales: 1) dirigir e implementar la
política monetaria del Estado, cuyo objetivo principal consistiría
en garantizar la estabilidad del poder de compra de la moneda nacional;
2) regir la política cambiaria del poder ejecutivo, y 3)
contribuir con el poder ejecutivo a regular la intermediación
y los servicios financieros. De esta manera, la banca central autónoma
formularía la política monetaria independientemente
del gobierno y determinaría la política cambiaria.
En la práctica, esta separación funcional condujo
a crear mecanismos de coordinación entre el gobierno y el
Banco de México.
La
magia de Nicholas Kaldor
Desde 1982, la liberalización
financiera fue un factor determinante en la política neoliberal.
Como toda política económica, la neoliberal puso en
su mira las variables económicas: el nivel de actividad (es
decir, el crecimiento), el nivel de empleo (es decir, el desempleo),
los precios (es decir, la inflación) y el equilibrio externo.
Exploremos los resultados de la política neoliberal de Miguel
de la Madrid y Carlos Salinas (1982-1994) frente a la llamada política
"populista" de Luis Echeverría y José López
Portillo (1970-1982).
a)
El crecimiento
Si comparamos la evolución
del PIB, el producto bruto de la manufactura y el de la agricultura
en el periodo "populista" (1970-1982) y en el neoliberal
(1982-1994), las cifras son verdaderamente apabullantes (cuadro
1).
Cuadro
1
Producto Interno Bruto, 1970-1994*
| _______________________________________________________________ |
|
Año
|
PIB
|
Manufactura
|
Agricultura
|
| 1970 |
100.0
|
100.0
|
100.0
|
| 1982 |
206.4
|
189.9
|
145.8
|
| 1982 |
100.0
|
100.0
|
100.0
|
| 1994 |
119.2a
|
126.9b
|
109.7c
|
| 1970-1982d |
6.2%
|
5.5%
|
3.2%
|
| 1982-1994d |
1.5%
|
2.0%
|
0.8%
|
| _______________________________________________________________ |
*Precios constantes
de 1980. a) En 1994, se supone un crecimiento del 2.0%; b) los
primeros nueve meses de 1994; c) 1993, y d) tasa promedio anual
de crecimiento. Fuentes: J. C. Valenzuela Investigación
Económica, Nž 211; 1995, cifras del INEGI y la SHCP.
Con un crecimiento promedio
anual de 1.5%, el periodo neoliberal fue casi de estancamiento.
Si la población creció a más del 2% entre 1982
y 1994, la disminución del PIB por
habitante es un dato incuestionable. Desde la perspectiva de estas
variables, el periodo "populista" resultó considerablemente
más eficaz. La tasa de crecimiento promedio anual del PIB
fue de 6.2%. La manufactura y la agricultura tuvieron un crecimiento
anual de 5.5% y 3.2%, respectivamente.
b) Empleo
y productividad del trabajo
El periodo neoliberal
muestra una tasa promedio de crecimiento anual del empleo de 0.8%
(cuadro 2). Esta tasa es ostensiblemente menor al 3% que preveía
el Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994. En el transcurso del periodo
"populista", el empleo aumentó cinco veces más
que en el régimen neoliberal. Su tasa promedio de crecimiento
anual fue de 4.3%. En cifras absolutas la comparación es
todavía más elocuente.
Cuadro
2
Empleo y productividad, 1970-1993
| _______________________________________________________________ |
|
Año
|
Empleo
(a)
|
Productividad
(b)
|
| 1970 |
12
955
|
180.7
|
| 1982 |
21
483
|
224.9
|
| 1993 |
23
485
|
240.3
|
| 1970-1982c |
4.3%
|
1.8%
|
| Crecimiento
medio anual (en miles): |
|
|
| 1970-1982 |
711
|
|
| 1982-1993 |
182
|
|
| _______________________________________________________________ |
a) Miles de personas;
b) miles de pesos de 1980; c) tasa promedio anual de crecimiento.
Fuente: José C. Valenzuela, op. cit., según
las cifras del INEGI.
Durante el periodo 1970-1982
el empleo aumentó un promedio de 711,000 plazas por año,
mientras que en la fase neoliberal se generaron tan sólo
182,000 puestos de trabajo anuales. Si tomamos en cuenta que para
mantener una tasa de empleo constante había que crear un
millón de nuevos puestos por año, la gravedad de la
situación resultaba insoslayable.
A saber, las cifras
oficiales sobre desempleo son completamente fantasiosas (2.1% de
la población en edad de trabajar en diciembre de 1990); por
ello, su análisis debe abordarse de manera indirecta. Por
ejemplo, podemos comparar la evolución de la población
en edad de trabajar con la población ocupada. (Véase
cuadro 3.) Las diferencias son notorias. ¡El número
de desempleados aumentó cerca de diez millones durante diez
años! En 1980, la tasa de desempleo era de 38%; en 1990 alcanzó
alrededor del 50%. La habilidad de los neoliberales mexicanos para
generar desempleados es insuperable.
Los resultados en los
índices de productividad no fueron más alentadores.
Si en el periodo "populista" el aumento de la productividad
por año sólo fue de 1.8%, esta cifra de por sí
reducida es mayor que el 0.6% anual del neoliberalismo (cuadro 2).
De las proyecciones elaboradas por José Valenzuela se desprende
que se necesitarían ¡116 años! para duplicar
la productividad. De la Madrid y Salinas de Gortari apostaron a
modernizar el aparato productivo para emprender programas de reforma
estructural. Los resultados, sin embargo, son curiosos. La lentitud
del ritmo de crecimiento de la productividad está ligada
a un desarrollo igualmente pobre de la formación de capital.
David Ibarra señala, en Comercio Exterior (marzo 1995),
que la formación de capital en la industria sólo aumentó
1.9% por año entre 1982 y 1992, mientras que las reservas
de capital disminuyeron 1.5% debido a los cierres de fábricas
y a los equipos obsoletos. Durante el periodo "populista"
de 1972-1981, las mismas cifras equivalen a 9% y 6%.
Cuadro
3
Población y empleo, 1980-1990
| _____________________________________________________________________ |
|
Variables
|
1980
|
1990
|
Tasa
anual
|
| a)
Población en edad de trabajar (miles) |
35
366.3
|
46
234.0
|
2.7%
|
| Índice |
100.0
|
130.7
|
|
| b)
Población empleada (miles) |
21
941.7
|
23
403.4
|
0.7%
|
| Índice |
100.
|
106.7
|
|
| c)
a-b (miles) |
13
424.6
|
22
830.6
|
5.5%
|
| d)
b/a |
0.620
|
0.506
|
|
| e) (a-b)/a |
0.38
|
0.494
|
|
| _____________________________________________________________________ |
Fuente: José
C. Valenzuela, op. cit., según las cifras del INEGI.
c) La
inflación
El desempeño
de la política neoliberal en su lucha contra la inflación
durante el periodo 1983-1993 no fue tan espectacular como se afirma
en la actualidad (véase cuadro 4). En este renglón,
el sexenio "populista" de Luis Echeverría es el
mejor librado con una tasa promedio de inflación de 12.9%.
En el periodo neoliberal se distinguen dos etapas. En el sexenio
de Miguel De la Madrid la inflación fue particularmente elevada
debido a un ajuste ortodoxo severo. En el de Salinas, la inflación
disminuyó gracias a una estrategia antiinflacionaria heterodoxa
integrada por dos prácticas: la apertura de la economía
y una política cambiaria basada en la sobrevaluación
de la moneda. En rigor, el periodo "populista" logró
una tasa promedio anual de inflación de 21.2% versus
el 46.6% del periodo neoliberal.
Cuadro
4
Inflación, 1970-1993
| _______________________________________________________________ |
|
Periodo
|
|
Promedio
anual (%)
|
|
1971-1976
|
(Echeverría)
|
12.9
|
|
1977-1982
|
(López
Portillo)
|
29.6
|
|
1983-1988
|
(De
la Madrid)
|
92.9
|
|
1989-1993
|
(Salinas)
|
18.9
|
|
1971-1982
|
|
21.2
|
|
1983-1993
|
|
46.6
|
|
_______________________________________________________________
|
Fuente: José
C. Valenzuela, op. cit., según las cifras del Banco
de México.
d) El
equilibrio externo
La apertura exterior
constituye uno de los temas centrales del modelo neoliberal. Desde
su perspectiva, las exportaciones representan el principal motor
del crecimiento (cuadro 5). Durante el periodo neoliberal, la tasa
de crecimiento de las exportaciones se elevó a 8.5% anual
en promedio, casi seis veces más que la del producto interno
bruto. Sin embargo, antes de extraer conclusiones, esta tasa debe
compararse con la del crecimiento de las importaciones. La tasa
de crecimiento anual de los bienes importados fue de 14.7%. Es decir,
las importaciones crecieron aproximadamente el doble de las exportaciones
y diez veces más que el PIB. Si consideramos
que la cuenta de servicios factoriales y no factoriales no mejoró,
la cuenta corriente de la balanza de pagos empeoró a un ritmo
inquietante a partir de 1988.
José Valenzuela
subraya que la comparación con el periodo "populista"
es discutible, ya que el boom petrolero fue un fenómeno
circunstancial que falsea las tendencias estructurales. La línea
de elasticidad del cuadro 5 muestra que la dependencia económica
del exterior se volvió alarmante.
En México, el
crecimiento de las importaciones ha sido, tradicionalmente, más
elevado que el del PIB y el de las exportaciones. En el periodo
neoliberal, este desequilibrio cobró proporciones dramáticas.
La elasticidad alcanzó valores de 10.5 y 10.9, respectivamente.
Este fenómeno se produjo en el marco de una disminución
del crecimiento. Es común que el valor de la elasticidad
aumente cuando la tasa de crecimiento del PIB
se eleva. Reapareció, de manera por demás trágica,
la vieja cuestión del estrangulamiento exterior que los economistas
de la Comisión Económica para América Latina
(CEPAL), y particularmente Juan F. Noyola,
ya habían previsto a fines de los años cuarenta. En
el ensayo precursor que escribió en 1949, (véase su
tesis: Desequilibrio fundamental y fomento económico,
UNAM), Noyola llamó especialmente la
atención sobre un problema que con el tiempo se agravaría:
"una economía en crecimiento tiende a un déficit
crónico en la cuenta corriente de la balanza de pagos".
En 1994, como lo anota
René Villarreal (El Financiero, 27 de abril de 1995), este
problema resurgió cuando el déficit de la cuenta corriente
alcanzó el 8% del PIB, cifra superior
al 6.6% de 1981.
Cuadro
5
Comercio exterior, 1970-1993*
| _________________________________________________________________________ |
|
Año
|
Exportaciones
(a)
|
Importaciones
(b)
|
Cuenta
corriente (saldo)
|
| 1970 |
1
289.6
|
2
328.3
|
-1
171.0
|
| 1982 |
21
229.7
|
14
437.0
|
-4
878.2
|
| 1993 |
51
886.0
|
65
366.5
|
-23
392.7
|
| 1970-1982b |
26.3%
|
16.4%
|
12.6%
|
| 1982-1993b |
8.5%
|
14.7%
|
15.3%
|
| Elasticidad
(c) |
|
|
|
| 1970-1993 |
4.2%
|
2.6%
|
2.0%
|
| 1982-1993 |
6.0%
|
10.5%
|
10.9%
|
| _________________________________________________________________________ |
*Millones de dólares.
a) Mercancías; b) tasa promedio anual de crecimiento; c)
relación entre la tasa de crecimiento de la variable y
la tasa de variación del PIB durante
el periodo. Fuente: J.C. Valenzuela, op. cit., según
las cifras del INEGI.
(Continúa)
Traducción
de Suely Bechet
Héctor Guillén, "Veinte
de diciembre", Fractal
n° 4, enero-marzo,
1997,año 1,volumen II, pp. 153-165.
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