¿Perdonarás ese primer pecado
que es mi pecado aún antes que yo fuera?
¿Y ese pecado por el que he pasado
y por el cual aún paso, aunque me hiera?
Ya perdonado, no lo has perdonado,
pues aún más era.(1)
I
El pecado original es el pecado del deseo. Es la
herencia que para la raza humana dejara el acto de la renuncia
de los padres de la especie. De la renuncia a la felicidad suprema
ofrecida a ellos por el creador, al estado de completud total
y a la inmortalidad, renuncia causada por el deseo, deseo de saber
transgrediendo la prohibición divina, primero la mujer,
y por su causa después el hombre, quienes después
de comer del fruto prohibido escondieron sus vergüenzas a
los ojos de Dios. Pecado original, primero, desde antes de ser,
con el que se marca a todo católico, pecado que sólo
es perdonado por las aguas bautismales, así como sus sucedáneos
lo son por la confesión.
Señor, nuestro destino está
escrito desde el principio. ¿Cómo hubiéramos
podido negarnos a él? Sometidos a él estamos, y sin
más abrigo que tu misericordia.
Oh, Dios, nuestro señor, que quieras ampararnos con ella
sin desamparar a ninguno de los que somos tus siervos.(2)
Estas líneas, en las que dejó constancia
de su resignación frente a la inutilidad de rebelarse ante
lo que llamó destino escrito desde el principio,
fueron redactadas por Cuesta. Estando en recuperación
después de su automutilación fue cuando me dio la
oración. Había estado mucho tiempo de rodillas con
los brazos en cruz, y lloró tanto que tenía los
párpados inflamados, afirmó su hermana.(3)
A esto se agregó que su escritura ocurrió dos meses
antes de su muerte. Esta plegaria no pudo haber sido escrita,
como ha querido sostener la leyenda, en esos momentos. Seguramente
fue escrita en la misma ocasión en que terminó la
escritura del soneto titulado Paraíso encontrado.
La pesada leyenda ha querido sostener la muy poética
versión de que Cuesta escribió serenamente, de pie,
frente a los enfermeros que pacientemente esperaban y habrían
de llevarlo, muy amablemente, al que sería el segundo y
último de los internamientos (por lo tanto el que precedió
a su muerte, internamiento que tuvo que haber ocurrido antes del
19 de agosto de 1942), nada menos que de un solo plumazo, las
dos o tres estrofas finales del Canto a un dios mineral,
poema que, según algunos exégetas, permanecía
inconcluso desde 1938, año en que fue, dicen, empezado.
Sin duda alguna, se trata del segundo de los cinco internamientos
que hasta ahora he podido establecer, y no del que Panabière
y Capistrán consideran como el segundo y último.(4)
El segundo de los cinco internamientos ocurrió por lo menos
un año y dos meses y medio antes de que el poeta muriera,
después de una terrible agonía de más de
24 horas, como consecuencia de las complicaciones que le ocasionó
su fallido intento de morir colgado.
De entre las cartas familiares que pude consultar, una de ellas
me dio la clave para poder establecer que en esa segunda ocasión
estuvo internado, por lo menos del 22 de mayo al 16 de julio de
1941. Cito a continuación el fragmento que nos interesa
de una carta que Natalia dirigió a su padre el 28 de mayo
de 1941:
[...] le dimos [a un tal Dr. Carrión]
todos los detalles de su enfermedad de Jorge, desde un principio
así como de sus actividades, en fin todo lo relacionado
a él, el Domingo le llevamos varios escritos, tanto como
de política, como literatura, hasta sus últimos
versos escritos el día que se internó [...](5)
Esos últimos versos escritos el día que se
internó no pueden ser otros más que el soneto
titulado Paraíso encontrado, mismo que de puño
y letra del autor, cosa curiosa, está fechado en el manuscrito
original nada menos que el 22 de mayo de ese mismo año.
Veamos qué dice el soneto:
Piedad no pide si la muerte habita
y en las tinieblas insensibles yace
la inteligencia lívida, que nace
sólo en la carne estéril y marchita.
En el otro orbe en que el placer gravita,
dicha tenga la vida y que la enlace,
y de ella enamorada que rehace
el sueño en que la muerte azul medita.
Sólo la sombra sueña, y su desierto,
que los hielos recubren y protejan,
es el edén que acoge al cuerpo muerto
después de que las águilas lo
dejan.
Que ambos tienen la vida sustentada,
el ser, en gozo, y el placer, en nada. (6)
Además de aparecer en tres ocasiones la palabra muerte,
el cuarto verso de la primera estrofa dice: sólo
en la carne estéril y marchita.(7)
¿Qué debemos hacer con esto sino tomarlo en su literalidad?
Y tal vez represente la clave para ubicar el mencionado acto:
¿realizado ya o prefigurado, casi anunciado? Realizado
ya en caso de que la afirmación que Lupe Marín hiciera
respecto a que éste ocurrió mucho tiempo antes
de su muerte, o bien anunciado en el caso de que aún
no hubiera ocurrido.
En otros dos sonetos aparecen referencias similares. El primero
de ellos es Soñaba hallarme en el placer que aflora
(supuestamente de 1931), en el que el tercer y cuarto versos de
la segunda estrofa dicen: soy el residuo estéril
de su brasa / y me gana la muerte desde ahora.(8)
En el otro, No se labra destino ni sustento (poema
para el que no se ha podido establecer ninguna fecha, y cuyo manuscrito
fue encontrado en sus papeles después de su muerte), hallamos
en los dos primeros versos de la tercera estrofa lo siguiente:
Ya estéril, vida ensimismada y dura, / vana es también
tu oscura subsistencia.(9)
En los tres sonetos que hemos mencionado aparece la palabra estéril
relacionada en su contigüidad con muerte, cosa que
se cumpliría, casi al pie de la letra, tiempo después.
La hipótesis que planteo en este trabajo es que el episodio
por el que Cuesta es mayormente conocido tal como lo predijera
su gran amigo Gilberto Owen, quien dijo que existe el
peligro inmerecido de que sólo se recuerde, de Cuesta,
el último acto de su vida pudo haber estado
tocado, también, por la cuestión de la
religión y de la relación de Cuesta con el Dios
de su infancia, abandonado en su juventud y vuelto a Él
en los tiempos finales de su vida. A este episodio, inscrito
en el marco de su locura, lo podemos relacionar con diversos
hechos y circunstancias de su vida que por cuestión
de espacio no podemos abordar aquí; en los que
su sexualidad o, para ser más preciso, el ejercicio
de ella fue puesta en el escenario público a través
de rumores, burlas e insultos y hasta por escrito, en versos
y en una novela burdamente cifrada, escrita y publicada por
Guadalupe Marín, quien fuera su esposa.(10)
Hechos y circunstancias que, a pesar de estar relacionados con
este episodio, no permiten dar cabal cuenta de él. Se
trata del acto, no del intento de suicidio, sino de aquél
en el cual, al parecer, se clavó un instrumento punzante
en los testículos, razón por la que tuvo que ser
llevado a una institución de salud en la que le realizaron,
también al parecer, la ablación de los mismos,
es decir, una castración en el real del cuerpo.
Antes de entrar en el tema, es necesario hacer una precisión
en relación con el mencionado acto. Si dije al
parecer es porque no existe ninguna certeza con respecto
al cuándo ni al cómo sucedió esto. Contamos
con toda una gama de versiones de este episodio, desde la que
proporciona la imagen más dramática hasta la que
niega categóricamente tal suceso. En forma muy sintética
y sin entrar en mayores detalles podríamos
esquematizar así las diferentes posibilidades en relación
con este acto:
1. Que Cuesta se haya mutilado (que se haya seccionado
los testículos y/o el pene) y, por lo tanto, que se haya
castrado o emasculado in situ.(11)
2. Que se haya causado una herida en los testículos y
posteriormente, por un procedimiento quirúrgico, se los
hubieran extirpado.(12)
3. Que esto no haya ocurrido nunca.(13)
Hecha esta precisión, entremos en materia
y partamos de un relato de Natalia Virginia Flora, su hermana:
Su biblioteca [la de su padre] era muy grande
y se puede decir que la mitad de sus libros era sobre religión
[...] él nos inculcó una malicia tremenda del
pecado. [Jorge] se alejó mucho de la religión
como hacen todos los hijos cuando se alejan de los padres [...]
Sí, estando en recuperación después de
su automutilación fue cuando me dio la oración.
Había estado mucho tiempo de rodillas con los brazos
en cruz, y lloró tanto que tenía los párpados
inflamados.(14)
Don Néstor Cuesta Ruiz, su padre, les inculcó
una malicia tremenda del pecado, mencionó su hermana
Natalia hablando en plural. Como hijo de una familia católica
y provinciana, Jorge Mateo Cuesta Porte-Petit recibió
algunos de los sacramentos (por lo menos tenemos constancia
de su bautizo el 1º de diciembre de 1903 y de su primera
comunión el 6 de enero de 1914).(15)
En su certificado de estudios secundarios, expedido el 3 de
diciembre de 1920, curiosamente sus calificaciones más
bajas corresponden a la eufemísticamente llamada Educación
moral, que no era otra que la clase de religión.
II
Dijéronle los discípulos:
si tal es la condición del hombre con la mujer, no conviene
casarse. Él les contestó: No todos entienden esto,
sino aquellos a quienes les ha sido dado. Porque hay eunucos
que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos
que fueron hechos por los hombres, y hay eunucos que a sí
mismos se han hecho tales por amor del reino de los cielos.
El que pueda entender que entienda.(16)
Ésta es la respuesta que dio Jesús
a sus discípulos momentos después de que éste
hubiera contestado a los fariseos que, para tentarlo, le habían
preguntado si era lícito repudiar a la mujer por
cualquier causa. En esa ocasión, Cristo les recordó
que en el principio haciendo alusión a Adán
y Eva Dios los había hecho varón y hembra,
por lo que dejará el hombre al padre y a la madre
y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola
carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.(17)
Ciertamente Mateo es el único de los cuatro
evangelistas que agrega, inmediatamente después de que
Jesús condenara el repudio a la mujer por parte del esposo,
lo relacionado a las tres clases de eunucos: los así
nacidos del vientre de su madre, los hechos así por la
mano del hombre y aquellos que por amor del reino de
los cielos se hicieron eunucos a sí mismos. Por amor
del no es lo mismo que por amor al reino de los
cielos.
IRMA PALACIOS, Sin título,
tinta sobre papel amate.
Consultadas cuatro versiones diferentes de la
Biblia, encontré que en todas ellas aparece la preposición
por, e incluso en dos de ellas (las dos últimas)
no sólo aparece el por, sino que agregan por
causa del reino de los cielos. La frase final de este fragmento
difiere en todas las versiones: El que pueda entender
que entienda, dice la primera; mientras que en la segunda
las palabras que aparecen son: El que puede tomar tome;
la tercera afirma: El que sea capaz de recibir esto, que
lo reciba; en tanto que en la última está
escrito: Aquel que pueda ser capaz de eso, séalo.(18)
En la última de las versiones, el fragmento
que nos ocupa tiene, además, un par de variantes que
resultan interesantes ya que emplea la palabra castración
en dos ocasiones: en relación con los que fueron
castrados por los hombres y, en segundo lugar, con los
que se castraron en cierta manera a sí mismos
por amor del reino de los cielos con el voto de castidad.
En esta última versión el uso de las cursivas
seguramente agregadas por Torres Amat revela que
hay más de una cierta manera de castrarse y que ésta,
la mencionada aquí por el Señor, no ocurre en
lo que de real tiene el cuerpo, sino en el acto enunciativo
que, a manera de pacto, realizan aquellos que son llamados a
servirlo en su ministerio y hacen, entre otros, el voto de castidad.
La castidad es, de una cierta manera como se cuida
de decir la versión mencionada del texto sagrado
una castración, aunque el celibato no fue instaurado
sino hasta finales del siglo IV de nuestra
era, pues hasta entonces a obispos y sacerdotes les estaba permitida
la vida conyugal, siempre y cuando hubieran sido ordenados después
de haber sido bendecidos con el sacramento del matrimonio. Incluso
San Pablo recomendaba a los obispos la práctica de la
monogamia.
Sea como fuere, el reino de los cielos es, pues,
por el amor del Padre quien allí mora desde siempre,
quien hace que alguien se haga a sí mismo eunuco, se
castre, así dice Mateo que lo dijo el Señor Jesucristo
a sus discípulos para que ellos lo transmitieran a sus
fieles. Es un hecho que Jorge Cuesta fue un asiduo y atento
lector de la Biblia. También fue un versado comentador
de ella, pues por algunos testimonios sabemos que tuvo una gran
afición conversadora con un jesuita amigo suyo con quien
gustaba de discutir, comentar ciertos pasajes y hasta darle
explicaciones de algunos de los milagros atribuidos a Jesús
(explicaciones éstas que, por supuesto, eran posibilitadas
por sus conocimientos de química, ya que pretendía
esclarecerle a su amigo que, por ejemplo, la transformación
del agua en vino y la curación de la lepra eran posibles
químicamente mediante el uso de procesos de oxigenación
celular en la piel, para esta enfermedad, y, para aquélla,
con la condición de agregar al agua ciertos productos
cierto tipo de taninos y tartratos que daban por
resultado una bebida en todo parecida al producto fermentado
y añejado de la vid). Pero, a pesar del conocimiento
que tuviera del texto sagrado, no tenemos la certeza de que
conociera el pasaje del Nuevo Testamento que transcribimos antes.
Si lo leyó o no, no lo podemos saber. Sin embargo, tenemos
ciertos indicios que nos permiten pensar que Jorge Cuesta bien
pudo haberlo leído. Si esto hubiera sido así,
y algo hubiera entendido, y ese algo
hubiera tenido que ver con lo que fue capaz de hacer
capaz como dice la versión del Evangelio
antes citada al realizar tal acto, hacerse eunuco
a sí mismo por amor del reino de los cielos, tal
vez en ese pasaje habría encontrado algo en lo que él,
por efecto de una cierta lectura, se hubiera incluido.
Solamente en el texto atribuido a San Juan no
se encuentran las palabras de Cristo relacionadas con el repudio
a la mujer por el marido. Lucas, Marcos y Mateo son los que
lo mencionan, pero es este último el único que
incluye la referencia a los tres tipos de eunucos. Como ya hemos
visto, en las cuatro versiones consultadas aparecen diferencias
que tienen que ver con la traducción y, en una de ellas,
con los afanes pedagógicos de los censores eclesiásticos.
Lo que me interesa señalar es que en el Evangelio atribuido
a Mateo aparece en dos ocasiones algo que no dejó de
llamar mi atención; una en estrecha vecindad y la otra
un poco más alejada del pasaje concerniente a los eunucos
(versículos 10 al 12 del Capítulo 19). Transcribo
a continuación ambas referencias. La más alejada
del pasaje de los eunucos lleva por título Declaración
del sexto precepto,(19)
y dice así:
Habéis oído que fue dicho: No adulterarás.
Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola,
ya adulteró en ella en su corazón. Si, pues, tu
ojo derecho te escandaliza, sácatelo y arrójalo
de ti, porque mejor te es que perezca uno de tus miembros que
no todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehenna.(20)
Y si tu mano derecha te escandaliza, córtatela y arrójala
de ti, porque mejor es que uno de tus miembros perezca que no
que todo el cuerpo sea arrojado a la Gehenna. También
se ha dicho: El que repudiare a su mujer excepto el caso
de fornicación la expone al adulterio, y el que
se casa con la repudiada comete adulterio.(21)
Unas cuantas páginas más adelante,
en estrecha vecindad con el pasaje referente a los tipos de
eunucos, el apóstol repite la insistencia de Cristo,
quien después de decir que los niños serían
los más grandes en el reino de los cielos,
y que pobre de aquél que escandalizare a uno de ellos,
a quien más le valdría colgarse al cuello una
piedra de molino y tirarse al mar, dijo lo siguiente:
Si tu mano o tu pie te escandaliza, córtatelo
y échalo de ti, que mejor te es entrar en la vida manco
o cojo que con manos o pies ser arrojado al fuego eterno. Y
si tu ojo te escandaliza, sácatelo y échalo de
ti; que más te vale entrar con un solo ojo en la vida
que con ambos ojos ser arrojado en la Gehenna del fuego.(22)
Existe aun una tercera referencia a San Mateo
que me hace pensar que Cuesta pudo haber leído al evangelista
con atención. Hay un texto suyo llamado Crítica
del reino de los cielos publicado póstumamente(23),
cuya fecha de escritura desconocemos, pero podemos presumir
que fue hacia el final de su vida, presunción basada
en un comentario de Octavio Paz, quien dijo que había
sido escrito en el manicomio. Desafortunadamente,
no sabemos en qué se apoyó Paz para hacer tal
afirmación. Aunque en sí mismo resulta muy impreciso,
el comentario nos orienta ya que, tal como lo hemos podido establecer,
Cuesta estuvo internado en por lo menos cinco ocasiones en hospitales
psiquiátricos entre cuando menos el 20 de septiembre
de 1940 y el martes 11 de agosto de 1942.(24)
Por esto la pregunta que se impone es: ¿a cuál
de las cinco hospitalizaciones se referiría Paz?
La Crítica del reino de los cielos
es un extraño texto de apenas tres párrafos en
el que aparecen cinco citas bíblicas; dos corresponden
a los evangelios y tres al Antiguo Testamento. De las primeras,
una se encuentra tanto en Mateo como en Lucas y Marcos, y la
otra sólo en el texto del primero de ellos, lo cual confirma
el conocimiento, o por lo menos la lectura atenta, que de ésta
y de otras escrituras bíblicas hizo Cuesta.(25)
Hasta aquí mi comentario con respecto a la conjetura
de que Cuesta bien podría haber leído y conocido
ciertos pasajes bíblicos y, en particular, para lo que
nos interesa en este momento, el Evangelio según San
Mateo.
En la Biblia existen siete referencias a los eunucos:
seis en el Antiguo Testamento y una en el Nuevo, que corresponde
a la que ya vimos de San Mateo. De las seis primeras, hay tres
en las que se menciona a eunucos que son otorgados como regalo
a diferentes personajes y que no son materia de nuestro interés.(26)
En cambio, las otras tres sí lo son. Veamos por qué.
Mientras que en el Deuteronomio se dice: No
será admitido en el reino de Yavé aquél
cuyos órganos genitales hayan sido aplastados o amputados,
en el libro de la Sabiduría se dice lo contrario: Dichoso
también el eunuco, que no ha obrado la maldad con sus
manos ni ha concebido malos pensamientos contra el Señor,
porque le será otorgado un galardón escogido por
su fe y una suerte más deseable en el tiempo del Señor.
Por su parte, en el libro de las profecías de Isaías
se dice lo siguiente: Que no diga el extranjero allegado
a Yavé: Ciertamente me va a excluir Yavé
de su pueblo. Que no diga el eunuco: Yo soy un árbol
seco. Porque así dice Yavé a los eunucos
que guardan mis sábados, y eligen lo que me es grato,
y se adhieren firmemente a mi pacto: Yo les daré en mi
casa, dentro de mis muros, poder y nombre mejor que hijos e
hijas. Yo les daré un nombre eterno que no se borrará.
(27)
Como vemos, mientras que en el primer texto bíblico
está escrito que a los eunucos les será negada
le entrada al reino de Yavé, en los dos restantes se
les anuncia un mejor y eterno futuro. Pero resulta particularmente
interesante la ubicación de la última de las citas,
aquella que corresponde al profeta Isaías, pues se encuentra
localizada en estrecha vecindad con Gloria de la nueva
Sión, capítulo éste citado por Cuesta
en su ya mencionada Crítica del reino de los cielos.
III
Para terminar, mencionaré solamente que
en diciembre de 1917 su padre, don Néstor Cuesta Ruiz,
publicó en edición de autor un breve
folleto de diecinueve páginas titulado Ahora o nunca.
México para los mexicanos, donde propuso, con un
verdadero patriotismo, un estudio económico-social,
así como una fórmula para resolver satisfactoriamente
los problemas nacionales. Se trata de una fórmula
para resolver no uno ni algunos, sino todos los problemas
nacionales. En el capítulo final, Consideraciones
generales, y hablando de algunos temerosos extranjeros
que vivían en México, además de llamarlos
parásitos sociales, los nombra eunucos
políticos. Menciono esto ya que me llamó
la atención que el patriotismo exacerbado y casi mesiánico
de don Néstor dejara huella en su hijo Jorge, pero una
huella en negativo, en su contraparte, pues una de las mayores
críticas que recibió el grueso del grupo de Contemporáneos
y Cuesta en primer lugar fue precisamente la de
ser antinacionalistas, extranjerizantes, afrancesados y europeizantes,
es decir, de acuerdo con el criterio de don Néstor Cuesta,
una especie de eunucos políticos.
Al pretender sacar de la escena pública
y privada a su sexualidad, con el acto realizado
sobre su cuerpo, Cuesta no hizo otra cosa que reafirmarla allí
donde estaba, ya que con este acto provocó que se siguiera
hablando aún más de ella. Así como antes,
en la carta al doctor Lafora, Cuesta confundió reproducción
con sexualidad, en el acto realizado tal vez confundió
también a los testículos con el pene como instrumento
de un posible goce. Así como antes la imagen de su cuerpo
estuvo en juego en su temor a las modificaciones anatómicas
que harían de su cuerpo masculino uno andrógino
o intersexual, con el acto realizado la imagen real de su cuerpo
cambió su anatomía, como si al estar vacío
de criadillas el escroto,(28)
el deseo fuera extirpable como lo habían sido sus testículos.
Jorge Cuesta llevó a cabo el acto como
un intento de sacar de la jugada al deseo. Si lo
que los médicos realizaron fue la ablación de
los testículos como una intervención suplementaria
sobre su cuerpo ya afectado, tampoco ellos extirparon
su deseo, que no se localizaba allí ni en ningún
otro lugar de la topografía corporal. En la fisiología
del ejercicio sexual (me refiero a los mecanismos fisiológicos
de la erección y la eyaculación en el macho del
animal humano), los testículos o huevos,
como decimos en México nada tienen que ver, absolutamente
nada, con eso. El deseo está en otra parte, pero no en
los huevos. Tampoco en ningún otro lugar del cuerpo,
a pesar de estar ligado a él en cuanto que éste
es más que un mero organismo, es sustancia gozante,(29)
es cuerpo de goce y por lo tanto de deseo, con o sin huevos.
NOTAS
*Psicoanalista, miembro de la École
Lacanienne de Psychanalyse. Este trabajo fue presentado en el
Colloque International Jorge Cuesta (Histoire-psychanalyse-littérature),
organizado por el Laboratoire de Recherches: Langues et Littératures
Romanes, Etudes Basques, Espace Caraïbe, de la Universidad
de Pau (Francia). El coloquio tuvo lugar en esa ciudad los días
30 de noviembre y 1° de diciembre de 2001.
1 Estos son los seis primeros
versos del Himno a Dios Padre de John Donne, uno
de los cuatro poemas que Jorge Cuesta tradujo. Consultado el
poema en la lengua en que fue escrito, podemos decir que la
versión de Cuesta es bastante acertada. El sexto verso
de esta estrofa dice: For I have more, lo cual,
para efectos de rima, Cuesta tradujo como pues aún
más era, pero traducido literalmente es pues
tengo más, con lo que se entiende que una vez perdonado
el pecado original, quedan aún más pecados por
ser perdonados. Véase el poema completo en: Jorge Cuesta,
Obras, Ediciones del Equilibrista, México, 1994,
t. i, p. 103. 2 Ibid., p. 98. 3 Elena Urrutia, Habla Natalia Cuesta, en
J. Cuesta, Poemas, ensayos y testimonios, t.V,
UNAM, México, 1981, p. 306. 4 Alicia Echeverría describe en sus memorias el
que fue en realidad el último de todos los internamientos
de Jorge Cuesta. De acuerdo con tal descripción, nadie,
pero absolutamente nadie en un estado tal como el que se describe
allí, podría haber escrito y menos de un
plumazo las estrofas finales de un poema de tal complejidad
en cuanto a su forma y tal profundidad en su contenido como
es el Canto a un dios mineral. Alicia Echeverría,
De burguesa a guerrillera (Memorias), Editorial Joaquín
Mortiz, México, 1986. 5 Carta inédita de Natalia Cuesta a don Néstor
Cuesta Ruiz, fechada en la Ciudad de México el 28 de
mayo de 1941. La transcripción respeta la redacción
y la ortografía. 6 J. Cuesta, Paraíso encontrado, en
Obras, t.I, Op. cit., p. 45. Las cursivas
son mías. 7 El adjetivo obedece a que, de toda la producción
poética cuestiana, sólo este soneto (No
para el tiempo, sino pasa; muere) y otro (Qué
sombra, qué compañía) están
fechados. Curiosamente, también en el primero de ellos
resalta la palabra muerte en dos ocasiones, además de
una referencia a ella. En el segundo soneto aparece la palabra
estéril. 8 En el manuscrito del poema, en el undécimo verso
aparece otra referencia a la muerte: Oh, muerte, ociosa
para lo pasado; en la siguiente edición del poema
(número 11 de Contemporáneos, t. IX,
septiembre-octubre de 1931) existe la siguiente variación
del mismo verso: Y, oh muerte, vasta para lo pasado.
9 En su primera publicación, en Estaciones,
una mano anónima suprimió el adverbio Ya,
mismo que resulta de capital importancia para lo que nos ocupa,
ya que en el verso en cuestión el adverbio es usado como
locución conjuntiva condicional, a la manera de una
vez que, o bien dado que, con lo cual el verso
diría algo así como que si la vida es ya
estéril, no tiene ningún sentido vivirla,
más aún tomando en cuenta la presencia en los
dos últimos versos del poema de lo siguiente: antes
que se divida tu presencia / entre lo que serás y lo
que fuiste (¿antes de ser estéril y después
de serlo?). 10 Se trata respectivamente de La diegada de Salvador
Novo, en Sátira, El libro ca..., Editorial Diana, México,
1978, y de La Única de Guadalupe Marín,
Ed. Jalisco, México, 1938. 11 Versiones de Luis Cardoza y Aragón, Rubén
Salazar Mallén, Guadalupe Marín, Luis Mario Schneider
y de Nigel Grant Sylvester. 12 Versión parcial de Guadalupe Marín y
también parcial de Natalia Cuesta, sostenida esta última
por Louis Panabière (ya sea enterrándose un cuchillo
de cocina o clavándose un instrumento punzante en los
testículos). 13 Y sean tan sólo inventos metafísicos,
como dijera Lucio Antonio Cuesta Marín, su hijo, y tal
vez de ahí el silencio absoluto de Alicia Echeverría
(aunque una segunda posibilidad del silencio guardado por quien
durante algún tiempo fuera su novia, como
ella misma se ubica en sus memorias, es que su silencio obedeció
a cierto pudor para hablar de ello, e incluso es posible que
su silencio hubiera reflejado algo del orden de lo imposible
de ser dicho).
Para todas estas versiones véanse respectivamente: Antonio
Cuesta Marín, Resplandores de un itinerario,
Pregonarte, Revista de literatura y arte, número
8, septiembre-octubre, México, 1992, p. 27; Luis Cardoza
y Aragón, Jorge Cuesta, en J. Cuesta, Poemas,
Ensayos y Testimonios, 1981, t. V ,
p. 171; Elena Urrutia, Habla Natalia Cuesta. Una entrevista,
Ibid., p. 310; Roberto Páramo, Lupe Marín
y el más triste de los alquimistas, Ibid., p. 315;
Bertha Cuevas, Yo pagué con sangre las grandes
pasiones de mi vida. Últimas confesiones de Lupe Marín,
Sábado, número 309, 1° de octubre de
1983, p. 4-6; Aída Rebolledo, Lupe Marín:
Nunca he leído una palabra de lo que escribió
Cuesta, pero lo respeto como si fuera un santo, Unomásuno,
3 de julio de 1980, p. 16; Rubén Salazar Mallén,
Jorge Cuesta, en J. Cuesta, op. cit., p. 197; Alicia
Echeverría, Op. cit.; Luis Mario Schneider, Prólogo,
Ibid., p. 18; Louis Panabière, Itinerario de una disidencia.
Jorge Cuesta (1903-1942), Fondo de Cultura Económica,
México, 1983, p. 83; Nigel Grant Sylvester, Vida y
obra de Jorge Cuesta, Premiá Editora, México,
1984, p. 26.
14 Elena Urrutia, Op.cit.,
p. 305-306. Esta versión me fue corroborada, en parte,
por quien fuera su amigo, colega y colaborador profesional,
el ingeniero químico Alfonso Bulle Goyri en una de las
conversaciones que sostuve con él. 15 Recibió su segundo nombre, Mateo, por haber
nacido el 21 de septiembre, día correspondiente en el
santoral al primero de los evangelistas. 16 Mateo 19:10-12, en La Santa Biblia, traducción
de Casiodoro de Reina (1569), revisión de 1960, Sociedades
Bíblicas en América Latina, México, 1960.
17 Mateo 19: 3-5. 18 Las versiones consultadas fueron: Sagrada Biblia (1964);
Evangelios (1925); La Santa Biblia. (1960); La Sagrada Biblia.
(1940). Ver bibliografía. 19 Declaraciones de preceptos ausentes en los otros tres
evangelios. 20 Gehenna: etimológicamente, valle de Ennom.
Valle que rodea a Jerusalén por el oriente y el mediodía,
donde los israelitas inmolaron a sus hijos al ídolo Moloch.
En el Nuevo Testamento, el nombre designa al infierno. 21 Mateo 5:27-32. 22 Estos dos pasajes, el referente a los niños
y el que conforma la cita (Mateo 18: 8-9, en Sagrada Biblia,
1964: 1177-1178), aparecen también en Marcos, no así
en Lucas ni en Juan. Marcos 9:41-50, en Sagrada Biblia, 1964:
1211. 23 J. Cuesta, 1994, p. 260-262. 24 La primera fecha fue el día siguiente a la
visita que hiciera al consultorio del tan célebre como
malogrado psiquiatra español refugiado en México,
Gonzalo Rodríguez Lafora, y la segunda fue el día
en que intentó quitarse la vida dentro del Sanatorio
del Doctor Rafael Lavista, en el entonces lejano pueblo de Tlalpan
(intento malogrado por principio, pues fue descolgado aún
con vida, a pesar de que finalmente fue logrado, pues Cuesta,
después de una terrible agonía, murió a
las 3:25 de la madrugada del jueves 13 de agosto de 1942).
25 Con respecto al Antiguo Testamento, cf. Génesis,
49:11-12 (Bendice Jacob a sus hijos y muere); Isaías,
54 (Gloria de la Nueva Sión); y Paralipómenos
36: 22-23 (Edicto de Ciro). Con respecto a los evangelistas,
cada uno de los cuales se refiere a lo mismo, cf. Marcos, 13:17
(Desolación de Judea); Lucas, 21:23 (La ruina
de Jerusalén); y Mateo, 24:19 (La desolación
de Judea). La otra referencia a este último, ausente
en los demás evangelistas, se encuentra en el mismo capítulo
24, v. 42. 26 Cf. Reyes 8:6 y 25:19, así como Esther 2:15. 27 Cf. Deuteronomio 23:1; Sabiduría 3:14; Isaías
56:3-5. 28 Se trata del primer verso de la segunda estrofa de
un soneto de Salvador Novo, que forma parte de La diegada.
El personaje al que se alude es Diego Rivera; sin embargo, con
la efectuación del acto que Jorge Cuesta llevaría
a cabo años después de la escritura del soneto,
Cuesta habría quedado como años atrás lo
escribiera Novo, pensando en el pintor: Vacío de
criadillas el escroto. En otros sonetos y cuartetas del
poemario de Novo, Cuesta es mencionado por su nombre, como el
relevo que ocupaba la función de consolador para Guadalupe
Marín ante la impotencia sexual de su primer marido,
por lo que el autor ubica a Cuesta como el causante de la vistosa
cornamenta del muralista, además de otorgarle el carácter
de hazaña caballeresca al haberle quitado a su mujer.
Cf. Salvador Novo, Op. cit., p. 31. 29 Esta es la definición que dio Jacques Lacan
del cuerpo en la sesión del 12 de marzo de 1974 de su
seminario Les non-dupes errent.
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Poemas, ensayos y testimonios, México, t.V,
UNAM, México, 1981.
Jorge
Cuesta
Inéditos de juventud
"Las
equivocaciones orales, los tropiezos, los actos fallidos, entre
los que considero el suicidio y toda clase de muerte accidental,
tienen un sentido, como el sueño. En cada tropiezo hay
voluntad de tropezar. Bienaventurados los que fracasan porque
su fracaso es el triunfo de la voluntad que se rebela."
Dossier
El testigo y el forastero
Luciano
Spano. Francisco Castro Leñero, Irma Palacios, Gustavo
Monroy, Roberto Rébora, Mario Nuñez, Roberto Parodi,
Saúl Kaminer
Las formas del instante:
Alberto Blanco
"...
la luz del orden de un poema, o de una serie de poemas, o
de un libro, o de una serie de libros, no viene de fuera.
Viene de dentro. Tiene que abrirse paso desde dentro si se
quiere llegar a prender. Tiene que ver con lo que Kandinsky
(y otros antes que él) llamaba 'necesidad interior'.
"
Alberto
Blanco
Tomás
Segovia
Núm.
23
"...
si estar sin deseo es para nuestro antiestoicismo la mayor desdicha,
la desdicha de estar muerto, entonces el deseo no es sólo
la búsqueda de una dicha (o aunque sólo fuera
esa forma plana de la dicha que es una satisfacción),
sino que es él mismo la suprema dicha de estar vivo.
Pero Occidente, que ha inventado mil fórmulas para decirnos
la trivialidad, por lo demás casi siempre falaz, de que
lo que importa no es la meta, sino el camino, es prácticamente
incapaz, en cambio, de pensar esta otra cosa: el deseo, esa
dicha que busca una dicha, esa plenitud hambrienta de plenitud,
esa búsqueda de lo que ella misma es."