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ANNICK ALLAIGRE-DUNY
Difícil y póstuma, la obra maestra de Jorge Cuesta, Canto a un dios mineral, no podía escapar a la leyenda que se creó en torno a su autor. A partir del testimonio de la hermana de Cuesta, Louis Panabière, en Itinerario de una disidencia, relata lo siguiente:
Este episodio novelesco, además de convertir al poeta en un dandy indiferente, y apoyar la tesis de que el suicidio fue un acto literario, arroja una luz inquietante sobre la validez de las últimas estrofas del Canto. En sus memorias, Alicia Echeverría presenta una versión distinta de los acontecimientos. El soberbio poeta pasa a ser un héroe sentimental, pero en el fondo, desde otro ángulo, se mantiene la perspectiva romántica. El orgullo convenía al amor entre hermanos, la desesperanza al amor de la pareja:
A pesar de la impresión de autenticidad y humanidad que se desprende de los recuerdos de Alicia, puede ser que ninguna de las dos versiones, ni la de la hermana ni la de la amante, relate la verdad; e importa poco. En cambio, la diferencia entre los dos testimonios confirma lo que Cuesta no dejó de repetir a lo largo de sus escritos críticos: la poesía tiene poco que ver con las circunstancias de su existencia. Lo cual significa también que las circunstancias no logran ejercer su tiranía(3) sobre la creación poética: Canto a un dios mineral tiene que ser leído a partir de sí mismo, no a partir de lo que se supone de su escritura. De hecho, junto con la oscuridad del poema, el conocimiento de las supuestas circunstancias finales impide que aparezca la coherencia del conjunto; o por lo menos, la dificulta. De ahí la tentación de juzgar la obra, en vez de analizarla: Si hubiera escrito un poema de treinta y una estrofas, insertando en la última las declaraciones de la estrofa treinta y siete de la presente obra, el poema habría terminado vigorosamente, dice, por ejemplo, Nigel Grant Sylvester. Y, tras él, Louis Panabière:
La confrontación de los propósitos de los dos críticos muestra claramente que no consideran las mismas estrofas. Panabière sólo pone en tela de juicio las tres últimas estrofas, a partir del testimonio de Natalia Cuesta, mientras que a Grant Sylvester le parecen inútiles las estrofas 32 a 36. Además, cabe señalar que, a pesar de las vacilaciones, ningún crítico pudo proponer un argumento convincente para que se admitiera la mengua del poema. Para evitar tanto las trampas de la anécdota informativa como las del juicio intuitivo, el presente estudio, asumiendo los riesgos de la exageración y de la incomprensión, presupone la perfección del poema y no reivindica ningún estatuto interpretativo. No pretende dar la clave del poema ni siquiera algunas claves del poema. Es tan sólo el paso previo a la interpretación, y termina donde ésta empieza. Su única ambición consiste en favorecer el acceso al sentido que cada lectura renueva. Sin embargo, más que resignada impotencia, esta posición crítica se ciñe al papel conferido en Canto a un dios mineral a la entraña, no al sabor del fruto. Rinde cuenta de la elaboración de la obra, no de sus resonancias:
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El equilibrio es un tema que Cuesta aborda a menudo en los escritos críticos dedicados a la poesía. El prólogo a la Antología de la poesía mexicana moderna empieza con un epígrafe de Gide que indica la importancia del equilibrio: Que lun vienne à primer, il opprime, léquilibre est rompu. Más interesante tal vez, en cuanto menos reivindicado por su autor, es el equilibrio que Cuesta advierte en la poesía de Paul Eluard. De este poeta surrealista traduce, entre otros textos, el poema titulado Linvention.(7) Es un arte poética compuesto de cuatro movimientos, en el que la matemática desempeña un papel original. Contentándonos aquí con los aspectos más evidentes, señalemos que está presente desde el principio del poema en el primer verso: La recta deja resbalar la arena; que se manifiesta en el segundo movimiento a través de la numeración: un siete, un cuatro, un dos, un uno verso en el cual se puede observar que la suma de las tres últimas cifras equivale a la primera (4+2+1=7). Desaparece luego del léxico para insinuarse en la estructura de la estrofa: abandonando el verso, Eluard opta por una larga enumeración de artes; de las veintitrés artes nombradas, el arte poética aparece en duodécima posición, es decir en pleno centro, dejando de cada lado, en una figura simétrica, otras once artes (añado entre paréntesis el orden cronológico, creciente hasta el arte poético, y decreciente después, para realzar la simetría de la construcción a partir de su centro):
Termina el poema con un verso único de 16 sílabas, que transcribo en francés para que se perciba el ritmo que lo anima, basado en cuatro secuencias de cuatro sílabas métricas:
Cuesta lo traduce reproduciendo el ritmo (lo que explica la supresión del término pourtant sin embargo y la inversión del orden de los sintagmas): Lo que escribo / jamás lo he / encontrado / en lo que amo.
Construcción de Canto a un dios mineral A) Eje central y simetrías El rodeo en torno a La invención de Eluard permite considerar nuevamente la estructura de Canto a un Dios mineral. De la misma manera que la tercera estrofa de La invención, la composición de 37 estrofas presenta un centro aritmético constituido por la décimonovena estrofa.(8) No es de extrañar por lo tanto que este sexteto hable de la agonía y el renacimiento:
La primera parte, que termina con el verso 4 de la estrofa 19, se compone de tres movimientos. Relata dos anécdotas que son dos tentativas ilusorias de creación: la de la nube que forma una estatua que pronto desaparece (aproximadamente 9 estrofas), y la del rostro reflejado en el agua cuya imagen se deshace (aproximadamente 6 estrofas). Estas dos experiencias sucesivas en el espacio del poema, pero complementarias e invertidas, encuentran necesariamente el mismo desenlace trágico (3 estrofas). Precisemos. El primer movimiento, de la estrofa 1
al primer verso de la estrofa 10 (Nada perdura, ¡Oh,
nubes! ni descansa), relata la anécdota de la nube/escultura
en el cielo; el segundo, desde el verso 2 de la estrofa 10 hasta
el primer verso de la estrofa 15 (La transparencia a sí
misma regresa.), la del rostro/imagen en el agua. Ambas experiencias
y por lo tanto ambos movimientos tienen su origen en
la primera estrofa, y mediante la comparación se entiende
que son dos experiencias paralelas. La primera está anunciada
en el verso 4 (Las nubes de su objeto el tiempo altera),
y la segunda en los versos 5 y 6 (como el agua la espuma prisionera/
de la masa ondulosa). Desembocan en el mismo desenlace, lo
que el movimiento de las estrofas 16 a 19 subraya al reunirlas en
una agonía común. El primer verso de la estrofa 16
(La materia regresa a su costumbre) se presenta no sólo
como la conclusión del segundo movimiento, sino también
como el nexo entre las dos experiencias y la reunión en la
agonía que se confirma a lo largo de la estrofa:
Con la palabra agonía, en el corazón de la céntrica estrofa 19, termina, como ya se dijo, el primer movimiento. Se puede observar que las dos experiencias se sitúan en la representación mental impuesta por la disposición en el espacio de los dos elementos del aire y del agua, arriba y abajo. El cuadro siguiente permite una mejor visualización de la estructura de esta primera parte:
Podemos notar que las articulaciones se encuentran
dentro de las estrofas y no entre las estrofas, lo cual quiere decir
que la estructura narrativa no coincide con la construcción
estrófica. Esta observación es tanto más sorprendente
cuanto que cada estrofa, desde un punto de vista sintáctico,
constituye una unidad discursiva. En efecto, las frases no sobrepasan
nunca el límite de la estrofa. Además, sólo
dos estrofas se componen de dos frases en vez de una: son las estrofas
10 y 16. Advertimos que su paralelismo favorecía la reunión
de los dos primeros movimientos que terminaban juntos. El que un
movimiento en el interior de una misma estrofa pueda acabarse y
otro empezar contribuye eficazmente a soldar las estrofas cuando
la construcción sintáctica tendería a atomizarlo.
En cambio, en la segunda parte, dejando de lado el enlace con la primera que se hace en la estrofa 19, unidad narrativa y estructura estrófica parecen coincidir. ¿Debemos concluir que en la segunda parte las estrofas tienden a desolidarizarse del conjunto, confirmando lo que decía Edgar Allan Poe a propósito de los poemas largos? De ser así, no sería sin la (¿irónica?) adhesión de Cuesta, quien conoce perfectamente los argumentos del poeta norteamericano, como lo revela en este pasaje del ensayo Un pretexto: Margarita de Niebla de Jaime Torres Bodet:
Los diferentes análisis del poema de los que tengo conocimiento testimonian la fuerza de la autonomía de las estrofas de la segunda parte: todos consideran que forman grupos dispersos de dos o tres estrofas como máximo. Sin embargo, si tenemos en cuenta el eje central constituido por la décimonovena estrofa, y la sutil construcción de la primera parte con sus tres movimientos, entonces, lógicamente, se impone el rigor de la simetría a la segunda parte. A partir del verso 5 de la estrofa 19 se inicia una
nueva experiencia de la mirada, como lo subraya expresamente la
locución otra vez. Este renacer desemboca, en
la estrofa 22, en un doble movimiento de la mirada: hacia fuera
(La mirada a los aires se transporta, v.1) y hacia dentro
(pero es también vuelta hacia dentro
, v.2).
Es este doble movimiento equivalente al movimiento de
arriba hacia abajo de la primera parte lo que organiza
el espacio de la segunda parte. Pero el movimiento está invertido
puesto que ya no se trata de reunir en una agonía estéril
las vanas creaciones del aire y del agua, meras ilusiones sin porvenir,
sino de promover la verdadera obra o fruto que, después de
la gestación (estrofa 23: abatido se esconde/recónditas
cavernas), sale a la luz del día (estrofa 30: que
afuera afrontan otros vivos huecos, y estrofa 35: y
afuera en vano un porvenir completo). Además,
las dos experiencias (creación del lenguaje/ creación
de la obra) que acabamos de destacar son complementarias, cuando
las dos de la primera parte eran meramente redundantes. Las articulaciones entre las distintas partes ya no
se encuentran dentro de las estrofas, que viven una contradicción
interna entre la forma del discurso y su contenido, sino que se
hacen de estrofa a estrofa mediante el empleo de cópulas
y anáforas. La estrofa 23 empieza por y;
la estrofa 29, por la repetición del último término
de la estrofa anterior, lenguaje.
LUCIANO SPANO, Sin título, óleo sobre tela, 2003
Entre el principio y el final del poema, los juegos de ecos acaban de conferir su cohesión al poema. El final propone estrofa a estrofa una respuesta al principio. Un nuevo cuadro de las estrofas augurales y finales permite una visualización del paralelismo (las cursivas son mías):
Se puede observar una inversión sistemática entre principio y fin. El verso 1 de la estrofa 37 (Ése es el fruto que del tiempo es dueño) es, por lo tanto, a la vez que la expresión del advenimiento de la obra, una respuesta al verso 4 de la primera estrofa (las nubes de su objeto el tiempo altera). Lo mismo se produce entre las estrofas 2 y 36, a propósito de la onda. En la segunda estrofa la seña depende de la onda (Suspensa en el azul la seña, esclava/ de la más leve onda ), mientras que en la estrofa 36 las ondas se convierten en mero material de construcción de la esfera (El aire / eleva y fija la creciente esfera,/ sonora, / la forman ondas que juntó un sonido , vv. 1, 2, 3 y 4). Por fin, en la tercera estrofa, el amor no encuentra su objeto, está vacío: Una mirada / atesora una duda;/ su amor dilata en la pasión desierta (vv. 1-4), cuando en la estrofa 35 el amor deja de ser vana pasión, encuentra su objeto: al instinto un amor llama a su objeto (v. 4). En los tres ejemplos presentados, el final convierte en acontecimiento feliz algo que inicialmente parecía condenado al fracaso. Con las estrofas 4 y 34 se comparan la vista y el oído. Los ojos crean la figura (estrofa 4) y el oído no puede recibir las voces (estrofa 34), lo cual podría dejar suponer que, esta vez, los polos positivos y negativos están intercambiados. En realidad, la forma contemplada por la vista está condenada a desaparecer (un mármol de un instante) y, en el otro extremo del poema, las palabras, en vez de perderse en los oídos, van a circular de boca en boca (las voces intrincadas en sus vetas / vayan / de otra boca al recinto). Este acercamiento simultáneo y comparativo del principio y del final del poema hace resaltar la extremada precisión de su construcción y la extraordinaria unidad del conjunto a pesar de la especificidad de cada parte. A modo de conclusión, el siguiente esquema rinde cuenta, a partir de las dicotomías arriba/abajo y dentro/fuera, de una posible construcción del poema: E(strofa)1 --E 9 E 29 --E 37
estatua/cielo eternidad de la obra
9 est.+1 verso 9 estrofas
arriba fuera
E 10 --E 15 E 23 --E 28
rostro/agua creación del lenguaje
6 estrofas+1 verso 6 estrofas
abajo dentro
E 16--E 19 --E 22
Ondulaciones A) Evolución A pesar de la rigidez de la construcción, una dinámica interna ondulatoria anima el poema. El léxico corrobora el hecho con la presencia masiva del término onda (once ocurrencias), además de la utilización del adjetivo ondulosa y de varias metáforas:
Las distintas apariciones del término onda,
por la variedad de las acepciones empleadas y por su reparto en
el poema, expresan a su manera el movimiento ondulatorio.(10)
Sin embargo, donde mejor se percibe es en la variedad de determinados
campos léxicos. En el primer movimiento de la primera parte,
la mirada sigue el recorrido de las nubes. Abandonando su objeto,
vamos ahora a seguirla como si ella misma fuera objeto; he
aquí la serie de términos que componen el paradigma:
veo (E 1, v.1), la mirada (E 2, v.5), una mirada
(E 3, v.1), sus ojos (E 4, v.1), la vista (E 5, v.1),
la vida (E 6, v.1). Sin embargo, para realizarse y no simplemente
enunciarse es imprescindible que la idea tome cuerpo en la
escritura poemática, lo que implica que la palabra vista
no sea únicamente un término conclusivo, último
de la serie, sino que también sea pasaje, abra un nuevo espacio.
Podemos observar que, en la estrofa siguiente, al acontecimiento
producido por la vista y el espacio se le da el nombre de vida:
Es la vida allí estar, tan fijamente (E 6, v.
1). No deja de llamar la atención el juego paronomástico
entre la palabra vida, que designa el contenido, y el término
vista, que designa el continente. El significante, mediante
el engaño de su dimensión sonora, asegura la permanencia
del paradigma de la mirada, fusionada ahora con su objeto. Sigamos
pues los términos que lo designan.
El dinamismo que intentamos poner de relieve revelaba la fuerza expansiva del discurso que se propala. Sin embargo, la unidad estrófica se mantiene a todo lo largo del poema y con mayor vigor en la segunda parte. La estrofa treinta y cuatro es sin lugar a dudas la unidad más impenetrable por el problema mayor de comprensión literal que plantea:
A todos los críticos les pareció defectuosa
la estrofa e intentaron corregirla. Sin embargo, la perfección
de la rima y la regularidad de la métrica van en contra de
esta impresión, provocada por la construcción sintáctica.(11)
La construcción de la frase se basa en la figura retórica
del hipérbaton, con lo cual la linearidad discursiva desaparece
en provecho de otra organización más adecuada al tema
abordado, el de las palabras que tienen que evitar la laberíntica
oreja para propagarse de boca en boca. Visto el enredo sintáctico,
son los recursos puramente poéticos, rima y metro, los que
sirven de puntos de referencia.
GUSTAVO MONROY, Sin título, linograbado sobre papel.
Sin embargo, no basta con restablecer el orden lógico de las palabras para que la estrofa se aclare del todo. Jorge Volpi Escalante descubre otro elemento, aunque no consigue sistematizar a partir de él. Descubre que la conjunción mas tiene el sentido de sino, y que opone no sólo los dos adjetivos que definen las voces (o las vetas), originales mas secretas, sino también los dos sustantivos oído y recinto: que las voces intrincadas vayan [...] no al oído que al antro se aproxima mas al recinto de otra boca. El sistema constructivo consiste, como en la factorización matemática, en evitar la repetición de ciertos elementos. Este proceso elíptico favorece el paralelismo de las construcciones a la vez que su carácter intrincado.
Para recapacitar, propongo la siguiente traducción lineal de tan gongorina estrofa (escribo en cursivas los términos repetidos):
La estrofa 34 tiene una estructura compleja, pero su sentido es unívoco: las voces no deben perderse en el oído o en el espacio; tienen que circular de boca en boca. Muy distinto es el caso del título del poema, aparentemente muy sencillo. De hecho, en cuanto el lector intenta relacionarlo con el resto del poema, las cosas se complican. Si el poema se asimila fácilmente al canto, la cuestión no se zanja con el dios mineral. ¿Quién será? Alentado por este misterio, el lector emprende su lectura, pero se verá defraudado en la medida en que nunca le será revelada la identidad del dios, por mucho que la mitología greco-latina manifieste su presencia, primero solapada, con las dos figuras de Venus y Narciso, y luego evidente, con la Parca, acompañada de las Horas, que avanza sin máscara, envuelta en su significante (E 32):
Estas presencias míticas tienen, por supuesto, un fuerte papel sugestivo a la hora de examinar al dios mineral, pero ningún nombre preciso parece poder aplicarse contundentemente a él. Recuerda a Vulcano , a Hermes , a Prometeo , al dios de los dioses, Zeus, salvado por una piedra.(13) Quizá la dificultad de la empresa confirme que la vida (y las divinidades que la representan) es ondulación: sólo la muerte, inerte por naturaleza, podría nombrarse. Sin embargo, está claro también que el dios mineral no ocupa el mismo lugar que Venus o Narciso. En el escenario del poema, Venus y Narciso representan a Eros, mientras que la Parca es Tanatos. Su conflicto es un tópico de la poesía amorosa, que el último verso del tan famoso soneto de Quevedo, Amor constante más allá de la muerte condensa y trasciende admirablemente: polvo será, mas polvo enamorado. El dios mineral se enfrenta con la muerte de otra manera. De hecho, no aparece en la primera parte sino tras la muerte, en la segunda; su amor no es ciega pasión, es amor que llama a su objeto: creciente esfera, fruto dueño del tiempo o ... Canto. Con esta palabra, dimos la vuelta, del final al principio, ya que canto es la primera palabra del poema (sutilmente duplicada en el primer verso en capto). Y, si se considera que un canto es piedra,(14) ¿puede existir un nombre más apropiado a un dios mineral que el que designa su propia materia?
NOTAS 1
Louis Panabière, Itinerario de una disidencia: Jorge Cuesta
(1903-1942), Fondo de Cultura Económica, México, 1984,
p.169.
Lo que escribo, jamás lo he encontrado en lo que amo
...
8
Puede que sea mera coincidencia, pero no deja de extrañar
que Retrato de Gilberto Owen esté compuesto de
treinta y siete versos, y que en el centro de la composición
se halle la famosa ley de Owen. BIBLIOGRAFÍA Jorge Cuesta, Antología de
la poesía mexicana moderna, [1928], 4a ed. Prólogo
de Guillermo Sheridan, FCE-SEP, México,
1985. |