Oh, Sibila
Oh Maldita señora del sueño
parte mi corazón en dos
y deja que una parta con tu arrullo.
Y que la otra se vuelva roca, abandónala.
Tú que lo has atravesado con tu canto,
hazlo roca, hazlo agua,
hazlo quebrarse.
Que pase la noche en vela
y no vuelva el día a congraciarse.
Fuego y sangre.
Hielo y Sangre.
Y en el medio
-un instante-
Tú, la impasible,
Tú, el imposible
silencio:
Ploc- dijo el viejo- , ésa es la llave, clávala
en tu frente.
Si vas al río y sondeas la corriente,
recuerda que la piedra siempre hace "ploc" antes de
hundirse.
Luego dijo "ploc", murió y me dejó a solas.
Tomé una piedra y la lancé con toda mi fuerza.
Salió un hombre a reclamarme su vidriera.
Y anoté una sentencia trasnochada:
Ay, las cosas del hombre nada tienen que ver con el agua.
Y, esto ¿con qué tiene qué? ¿Y esto
qué?
¿Osé un desliz?
Deliz deliciosa osa
aletea y roza
responsos apenas audibles
donde reposa
y de pronto corta y troza
trueca cuencos y conchas
desechos en el lecho
de un río seco en el que brama la espuma:
¿se abre la bruma?
Y esto ¿con qué?
Y esto ¿qué?
¿Llama la sangre que martilla?
¿Qué batalla? La boca triza
calcáreas huellas, criptas, criptogramas.
Se quiebran. Vibran:
Sangre y no agua,
lodo y no sangre
¿y con esta parda agua
he de educar a mis hijos
diciéndoles es por aquí y no por allá.
Inventa tu canción
(¿qué otra cosa podría decirles?)
que todo este ruido es silencio,
que esa música que escuchan
no es suya?
VI
Solitario, el príncipe de la casaca
vagaba por la vereda devanando vanos devaneos
cascaba nueces viendo fluir el agua
montado en su renco corcel
de aliterada filigrana engastada.
Cabalga y en su caída especula
potencialidades que el exceso murmura.
Hila y endilga desvelado, siempre habla bla bla
de lo mismo. De muro a muro, estólido
ante un espejo de agua.
¿Es tiempo este ir y correr pues no hay retorno?
Como el idioma: recuerdos y promesas provisorios.
Una casa abierta a la horas
Casa de Oración, de verbo y sustantivos
sin sustancia, ¿verbigracia un jardín especular
y
sustituto? Ayuno cabalgar que horada horas,
heridas despierta, hordas de muertos
de agonistas y agonías
las propias huellas de un extravío.
de muro a muro.
VII
Harías bien en callarte, pero si quieres cantar macera
tu lengua
en los arrullos de tu madre ,- dijo La Abuela Paridora de Pies
Umbríos.
Madre muda, hija y nieta de madres mudas,
tú, que me heredaste el desamparo,
tú, que me adurmeciste con una lengua prestada,
invéntame una.
Dame un arrullo para dormir a mis hijos
dame:
El silencio que anhelo
¿mora en el arrullo que no cantaste?
Toda lengua es prestada.
Toda lengua es invento.
Toda lengua es viento.
VIII
El copei es una planta de hojas más pequeñas que
un dedo
que verdea sobre las rocas. La he visto crecer
bajo un chorro inclemente que castigan las pardas aguas del río
Carrao.
Dejarse golpear es toda su fortaleza
atada a una roca,
fiel a su potro torturador,
inmóvil y simultáneamente
dócil. Un solo brazo en su rosa de los vientos,
una sola estrella guía su travesía,
a fuerza de cavar e ir ahondando.
Hasta que un día se desprende
y se pudre en las aguas turbulentas
Y de tanta tozuda fidelidad,
de tan estulta sapiencia
sólo queda espuma:
No hay salida ahí tampoco.
Todo es y está
y puede ser permanentemente.
Aquellas plantas no escogen su camino.
En la cascada del Sapo
sus pequeñas hojas pecioladas se doblan bajo el chorro
pero no se quiebran:
¿Saben algo que no dicen? ¿Dicen algo?
¿Dijo algo aquella muchacha que una tarde
quiso ser agua? ¿Supo algo que yo ignoro?.
Días después su cuerpo apareció
enredado entre los mangles, corrompido por las aguas,
Nadie reconoció en su rostro ¿Encontró la
salida?
la dulce nana que la arrulló entre las piedras.
Aquella extranjera solitaria nadaba desnuda
como buscando chapotear en un tiempo prístino sin fracturas.
Pues dicen que le dijeron que los antiguos
sabían. Pero sólo el movedizo presente permanece.
Y no hay resquicio.
¿Quién murmura? ¿Quién invita a ese
convite?
Hay que depurar la espuma
Piedra sobre piedra, hasta vencer al peso.
Y luego, de súbito
un viento se levanta
Cantar con los oídos de nadie
Escuchar.
Rever invertido
Quisiste ser el agua
y eres viento,
te sentiste viento y eres lodo
un mojón que se agrieta
bajo un sol paciente.
Música y silencio.
Bajo un sol paciente
Quisiste ser un río.
Eres otro.
Déjalo sonar:
don, don. El don de la paciencia
Olvida. Don. Don.
El dolor que estalla
esparce música serena
cuando te rompe el corazón
También el silencio.
Don. Don.
Dona el don.
Habla.
IX
Así cavada
la ausencia
nunca es tal.
Quieta despierta.
Llamo palabra y escupo piedras.
Varadas ante esta puerta
¿muertas? ¿Que nada dicen?
Pero aun en el blanco silencio de esta página
el fragor de horas extraviadas: tracatratrá, tracatra
trá. Lejanos fantasmas
Hordas heridas
prolongando la imposible despedida.
Estás acá ¿Estás acá?
Aquí, allá: Estacas.
Albor sin dueño:
Traen acá , comparten panes
y peces.
Sal, comparte panes y peces
y sal.
Hay que depurar la ausencia.
Cascada, nunca es tal
Tracatracatrá. Tracatratrá, tracatrá.
Hay que depurar la ausencia.
Tracatracatrá. Tracatrá, tracatrá.
Ésta no es la puerta.
Si algo fuera, sería
un canal que riega un huerto
de frutas silvestres,
un jardín sin fin
y sin descanso: Un invento que se desvela
Un vacuo latir desvelado
Un generoso ayuno,
venero hondo y promisorio.
Tracatracatrá. Tracatratrá, tracatrá.
Y eres otro. Y eres otro.
Por esta mi boca muda,
ni aquí ni allá,
en ese fragor sostenido,
en este fragor que se evade.
tracatrá, tracatrá
trae acá
tra.