|
En esta generación "gobettiana" hay que incluir a Giulio Einaudi. Tercer hijo de Luigi Einaudi, Giulio nace en 1912, y es más joven que Pavese (1908), Ginzburg (1909), Bobbio (1909) y Mila (1910). Todos asisten al liceo D'Azeglio como alumnos (en mayor o menor medida) regulares (en la clase "B"), y son discípulos del extraordinario educador que responde al nombre de Augusto Monti.(1) Para este profesor de liceo, nacido en la Langa astigiana en 1881, que había regresado a su entrañable Piamonte región en la que se siente arraigadísimo(2) después de una larga peregrinación por Italia, organizador del movimiento de ex combatientes luego de haber pasado casi toda la [Primera] guerra en una prisión de Austria, resultarán decisivos los encuentros con Gaetano Salvemini (y también con Giuseppe Prezzolini y Lombardo Radice) antes del conflicto mundial, así como los que mantendrá con Piero Gobetti en la posguerra.
Luego de haber colaborado en La Voce, en Nuovi Doveri, en L'Unità, además de Il Corriere della Sera y en su Torino falsa magra, a la que finalmente ha vuelto ("toda mi vida [ ...] fue un regresar a Turín"), conoce al fundador de Energie Nove, quien todavía no ha encauzado la revista La Rivoluzione Liberale, en cuyas páginas Monti será una firma asidua. Después de la muerte de Gobetti, Monti será justamente el guía de la patrulla gobettiana, ahora huérfana. Al igual que Umberto Cosmo y sus amigos más jóvenes, en 1929 envía un mensaje de felicitación a Benedetto Croce por su intervención en el senado contra el Concordato. Su antifascismo, sustancialmente de estilo moralista, comienza a adquirir un nuevo espesor. Ese mismo año nace en París el movimiento Giustizia e Libertà. Monti, que se había jubilado (con justificante médico) para evitar el juramento [fascista] impuesto en 1932, tendrá una colaboración aislada en Quaderni di Giustizia e Libertà, formando parte del ala izquierda que encabeza Emilio Lussu, para quien la verdadera resistencia al fascismo sólo podía encontrarse en la clase obrera.
También
en 1929, aparece en la editorial Ceschina, de Milán, el primer
volumen de la trilogía de los Sansôssí,
una obra en la que el profesor, ya en aquel momento ensayista y articulista,
muestra un genio narrativo de estatura más que local. Es digna
de notar la afirmación de Fernando Palazzi: "Los Sansôssí
no son una obra maestra, pero podrían llegar a serlo",
clara invitación al autor a realizar una "posterior y
ligera revisión del texto". De una obra maestra habla
Luigi Bulferetti explícitamente; mientras que Giustino Fortunato
descubre en el texto "originalidad y belleza", también
"idealismo". Por último, Dino Provenzal lo define
como "un libro singularísimo, único". Inscrito
en la restringida lista de "escritores que rechazan la escritura
como profesión" (con Burzio y Cajumi), y que terminan
por encarnar lo mejor de la literatura turinesa del periodo entre
las dos guerras, Monti logra "una interpenetración continua
entre la vida pública y la vida privada, la Historia que se
concreta refractándose en la experiencia de lo singular".
Es particularmente significativa la afirmación del propio Monti
en una carta a Prezzolini, en la que le anuncia el envío por
parte del editor de Ceschina de los tres volúmenes aparecidos
respectivamente en 1929, 1934 y 1935: "Es un libro tuyo"
y, a modo de justificación, evoca una encuesta de 1914 en La
Voce, en la que él mismo participó. Ya en la posguerra,
invitado por la editorial Einaudi a redactar el texto de un comunicado
de prensa para presentar la nueva edición en un volumen único,
Monti escribe con eficacia :
Aquí
tenemos, recompuesta, aquella "crónica familiar"
en la que Monti trabajó durante más de treinta
años, desde los primeros capítulos que leía
en voz alta a sus alumnos predilectos, hasta los últimos.
[ ...] Sus protagonistas son Papá, el "sans
souci", despreocupado, genial, rico en ilusiones, y
Carlin, el hijo que, contra toda esperanza, resultó completamente
diferente y huraño. Para dar cuerpo y fantasía
a este diálogo nunca concluido entre dos concepciones,
se evocan recuerdos familiares y regionales que se extienden
a 1848 y, más atrás aún, que se remontan
hasta Napoleón y la revolución francesa. Todo
ello resulta en un siglo de historia piamontesa, italiana y
europea: cien años de historia poética, legendaria
y real de nuestro Risorgimento.
Alessandro
Galante Garrone, otro piamontés aunque de la siguiente generación,
se ocupará del Risorgimento como historiador y mostrará
cómo aquella crónica familiar, poética y autobiográfica,
que recorre la revolución francesa y el Risorgimento,
es la historia "de los humildes 'que despiertan de un sueño
de siglos', de los sentimientos y de las ilusiones de una generación
tras otra", la historia de un "viejo Piamonte", imagen
de la "firmeza moral de los piamonteses", pero también
del Piamonte "que se vuelve Italia", esa Italia mejor
a la que Bobbio, su contemporáneo, llamará "civil".
Precisamente el joven Bobbio, simpatizante de la confraternidad
montiana, se inicia como escritor con una reseña la primera
que se conoce de él sobre los Sansôssí
en un periodiquillo de provincia. Y Cesare Pavese, su compañero
de liceo y alumno directo de Monti, encontrará en la epopeya
de Papá y Carlin innumerables temas para sus propios cuentos
y poemas: de la tierra a la errancia, de las fiestas rurales a la
relación ciudad-campo. La fascinación que ejerce Monti
sobre Pavese es excepcional e incluso superior a la que distingue
su relación con los demás alumnos del liceo D'Azeglio
o con los otros miembros de la "banda". En el primer verano
posterior a la graduación (agosto de 1926), Pavese escribe
así a su profesor:
Le
manifiesto que lo estimo más que a todos los superintendentes
del mundo. Finalmente lo puedo decir sin el mayor temor de que
me tomen por un sentimental. No sé qué idea se
hará de mi pobre declaración, pero le aseguro
que por lo menos la mitad de mis compañeros, aquellos
que conozco mejor, comparten un sentimiento idéntico
al mío, si no es que mayor.
Una
de las razones de la influencia de Monti sobre Pavese (se trata,
como revela su correspondencia, de una fascinación recíproca
entre maestro y alumno que no escapa, paradójicamente, de
un recelo que colinda con la aversión) reside acaso en el
hecho de que las clases de Monti se alejan por completo de la política.
La materia que imparte es literatura italiana y lo hace "con
una severidad soldadesca y el ceño altivo", con lo que
apabulla a los alumnos. Sin embargo, aunque no se habla de política
ni se pronuncia la palabra "fascismo", se trata de una
escuela de antifascismo, así sea "involuntario".
Escuela crítica que enseña a pensar, escuchar, leer
y juzgar. Otro alumno, Giulio Einaudi, lo recordará así
en un testimonio: "Fue Augusto Monti, en el liceo, quien me
hizo sentir la diferencia entre la cultura académica y la
que yo llamaría vinculada a la vida". Más político
(aunque retórico) es el juicio de Gian Carlo Pajetta, el
único militante político entre los alumnos de Monti.
Comunista desde muy joven, expulsado de todas las escuelas de la
región por su actividad, evocará al maestro de la
siguiente manera: "No predicó verbo alguno, no fue un
propagandista, pero ciertamente preparó [ a sus alumnos]
para la rebelión en nombre de una disciplina intelectual
y de un rigor moral que de hecho se oponían a lo que el fascismo
hubiera querido representar para los jóvenes."
Otro
montiano excepcional, Norberto Bobbio, tiene razón
cuando escribe con cierto orgullo en una carta dirigida al profesor
ya viejo, que del liceo D'Azeglio "salió toda nuestra
historia, incluso la mía". Monti, al igual que Solari,
es importante por su influencia directa, por su obra seminal como
guía: los alumnos acabarán superando al maestro. La
"confraternidad" de los alumnos de Monti mantiene una
vitalidad propia, que se extiende a veces fuera del círculo
de los "dazeglianos" (por ejemplo, Antonicelli aun cuando
sea un poco mayor y suplente de Monti en la cátedra de literatura
italiana, Argan, Geymonat, Renzo Giua) y va más allá
del fin de cursos y del mismo ciclo del liceo. Se encuentran en
la ciudad, en un café, en casa de Monti donde Mario Saturani,
dibujante y pintor, inicia su love story con Luisa, hija
del "profe", en casa del propio Saturani o en la de su
amigo Cesare Pavese, en el campo. Entre Croce y los tímidos
rechazos o intentos de "superación" del crocianismo,
la cultura, en su acepción más amplia aunque centrada
en el mundo de los libros, se convierte en el pan de cada día,
donde el nombre de Gobetti, del estudiante que se vuelve maestro,
aparece como una fuerza inspiradora, un mito. Sin embargo, al interior
del pequeño grupo de jóvenes que entre 1927 y 1933
tienen entre veintidós y veintiocho años, persiste
una cierta refractariedad hacia la política. El único
entre ellos que realmente parece merecer el atributo de "joven
prodigio" es Leone Ginzburg, atributo que incluso rebasará
desde muchos puntos de vista.
Nativo
de Odessa, Ginzburg llegó a Turín por las vías
imponderables del destino. Estudió en el liceo Gioberti antes
de pasar al D'Azeglio; se inscribió en leyes, que pronto
abandonó por letras. Por su cultura es el más preparado,
el más informado; académicamente, es el más
capaz del grupo. Su precocidad parece incluso superior a la de Gobetti.
Su pasión intelectual, su sed de saber, su deseo de crear
muestran la excepcionalidad del genio. Cuando ingresa en la clase
de Cosmo en el liceo D'Azeglio, con tan sólo quince años,
"no era un muchacho como todos los demás [ ...]
: infundía temor e inspiraba respeto", escribirá
su compañero Bobbio. Antes de terminar el liceo empieza a
colaborar en periódicos y editoriales: experiencia decisiva
en la obra futura de un organizador. Europeísmo, apertura
intelectual y curiosidad cultural son desde fines de los años
veinte los rasgos fundamentales de la personalidad ginzburguiana,
que será una de las presencias más vivas de la cultura
de Turín hasta la vigilia previa a la caída definitiva
del régimen. Junto a intereses que van de la literatura eslava
a la francesa y la italiana, de la historia a la filosofía,
el espíritu de Ginzburg se abre también a una devoradora
pasión política. Y es a la política, movido
por el deber ético con el que percibe su propia realidad,
que sacrificará la cultura, la carrera intelectual y la vida
misma. Esto sucederá varios años después. A
principio de los años treinta, una vez alcanzada la meta
de graduarse con Ferdinando Neri, y al mismo tiempo que su amigo
Pavese, que ya es un joven y extraordinario escritor especialista
en literatura norteamericana y en su propia lengua, Ginzburg se
dedica a otras ambiciosas empresas culturales.
*
Precisamente
Neri dirige a partir de 1929 la nueva serie de La Cultura,
la revista fundada en 1882 por Ruggero Bonghi, y que pasó
primero a manos de Ettore de Ruggero y después a las de Cesare
de Lollis. Gracias a este "literato excéntrico"
de múltiples intereses, la revista asume "un acento
inconfundible". Neri permanece en el cargo sólo un año,
y le da una dirección sustancialmente académica, orientada
en primer lugar hacia la literatura moderna. Sus sucesores una
escuadra de estudiosos que provienen de diversas geografías
culturales (Cajumi, Pasquali, Praz, Trompeo, Migliorini, Santoli
y Gino Scarpa, este último sustituido en 1931 por Titta Rosa)
transforman la fisonomía de la revista, asumiendo como distintivo
un eclecticismo vivaz, una curiosidad que se extiende en las más
diversas direcciones y, aunque críptica, una postura vaga
de resistencia contra las tendencias de fascistización cultural
que se manifiestan cada vez más claramente. La revista se
distingue sobre todo por su inteligencia y libra sus propias batallas,
dentro de ciertos límites, en nombre de una cultura auténtica
que se opone a las seudoculturas de la academia, el mercado y, en
el fondo, también a la de partido y a la de la Iglesia: "Importa
afirmar el derecho de discutir argumentos de historia cristiana
contra la petulancia de los sacerdotes", escribe Adolfo Omodeo
a Luigi Salvatorelli. En sus páginas se escenifican polémicas
memorables. En primer lugar, la confrontación de Giorgio
Pasquali con la revista que, en 1931, dirige Angelo Taccone titular
de literatura griega en el Ateneo de la ciudad, denunciando sin
cortapisas el carácter de confusión que priva en ella,
la cual mezcla, en nombre de una mítica clasicidad, ciencia
y divulgación, latinos y egipcios, griegos y humanistas del
Renacimiento. Luego están las estocadas contra los intelectuales
del régimen como Soffici, Papini y Missiroli. O las críticas
mordaces, de preferencia indirectas, a pensadores que están
en boga entre los fascistas como Sorel (por parte de Salvatorelli)
o Spengler (Luigi Einaudi escribe una ríspida condena al
autor del Ocaso de Occidente al pie de una reseña
elogiosa de un título de Croce). Los reconocimientos a hombres
mal vistos por el fascismo, muertos o vivos, comenzando justamente
por Croce, son frecuentes. Cajumi, al reseñar el último
libro de Francesco Ruffini, no deja escapar la ocasión para
evocar al autor recién desaparecido ("la repentina partida
de Ruffini deja un enorme vacío: no ante a los ojos del público
en general, sino ante los de los pocos"), de quien elogia el
"dominio raro de la historia de los movimientos y de los grupos
religiosos, sociales y políticos", la "equilibradísima
intuición psicológica" y, finalmente, "la
serena consideración de las fuentes y su empleo escrupuloso".
En 1932,
en la primera página de La Cultura, aparece un logo
destinado a la celebridad: un avestruz que lleva en el pico un largo
cincel con un lema que reza Spiritus durissima coquit. Acaso
descubierto por Praz en las célebres (y póstumas)
Imprese de Paolo Giovio (1556), el blasón significa
que "un corazón valiente tiene la fuerza para asimilar
cualquier injuria con el tiempo"; el espíritu, en suma,
la cultura, puede ayudar a digerir incluso los sórdidos tiempos
que corren. Al mismo tiempo, la revista se "aturinesa"
con Sergio Solmi en el cargo de codirector responsable, y con Cajumi,
alma de la empresa, que rubrica innumerables intervenciones y polémicas
guiadas por un espíritu beligerante. Cajumi confía
en la posibilidad de hacer una labor cultural de orden, en sentido
lato, político-pedagógico. Es también significativo
lo que escribe en ese periodo a su editor turinés Domenico
Buratti:
Para
mí ciertos remedos [literarios] horrendos no sólo
no tienen nada que ver con la poesía ni con la dignidad
artística de quien escribe, sino ni siquiera con el público
que ya no se deja atrapar. Dos o tres amigos dan un premio,
dos o tres críticos hablan del libro, luego viene el
más merecido olvido por no hablar del ridículo.
Junto
a Cajumi sigue una columna de jóvenes colaboradores, al frente
de los cuales se halla indiscutiblemente Cesare Pavese, que en el
último periodo firma como responsable de La Cultura.
Pavese, el único inscrito en el Fascio, comienza a
traducir para la editorial Frassinelli a escritores norteamericanos
y se ocupa de ellos críticamente, mientras que Ginzburg,
que ya es traductor de la editorial Slavia, inicia su abundante
serie de ensayos, reseñas y notas sobre los escritores rusos
(aunque no sólo sobre éstos). Massimo Mila reseña
textos de musicología y de historia de la música,
e interviene en el debate teórico; por ejemplo, en torno
a la interpretación musical que, en el mismo momento, se
desarrolla en la Rassegna Musicale, la que también
ha pasado a la escudería Einaudi. Y también están
Giorgio Agosti, Aldo Bertini, Mario de Bernardi, Paolo y Piero Treves,
Arnaldo Momigliano, Giulio Carlo Argan y Norberto Bobbio. Junto
a ellos se hallan figuras de la generación anterior: Ruffini
(que muere en 1933), Rostagni, Monti, Cosmo, Zini, Cabiati, Luigi
Einaudi, Salvatorelli, quien ejercerá un papel determinante
con una serie de artículos lúcidos y de notable valor
político-cultural. De Salvatorelli se puede recordar en particular
la reseña de una biografía de Napoleón que
concluía con un significativo reclamo a Madame de Stäel,
para quien Napoleón "[...] miró a los hombres
como cosas. [ ...] El verdadero político, escribe
Salvatorelli, es en cambio aquel que no olvida nunca que los hombres
no son cosas, sino conciencias; que no son medios, sino fines".
O también la crítica mordaz a una monografía
sobre Sorel (de la que Salvatorelli se había ocupado antes
en Pegaso), que es una auténtica refutación
del pensador francés tan venerado por Mussolini (Salvatorelli
denuncia su "presunción ilimitada", su "rencor
inagotable", su "manía de destrucción"
y su "desvarío moral"). Y por último, la
reseña prudentemente sarcástica de la edición
italiana de Mein Kampf.
La perspectiva
que prevalece en la revista es de rechazo a los esquemas preconstituidos;
y et pour cause el sulfúreo Cajumi es el
guía junto con Pavese y con el gobettiano Solmi. El
proceso de desacademización de La Cultura se puede
percibir en la transcripción de su lema por parte de una
nueva firma editorial que adopta de la revista el sello del avestruz:
Giulio Einaudi Editore. Registrada en la Cámara de Comercio
de Turín el 15 de noviembre de 1933, la casa se inicia con
la gestión además de la enésima renovación
de La Cultura de La Riforma Sociale, ahora transformada
y más cautivante. "La Riforma Sociale no es una
antología de artículos; cada número es un conjunto
orgánico, con unidad de criterios, dedicado al examen de
los problemas del momento", y cuenta con la visibilidad editorial
que respalda al glorioso y viejo lema de La Cultura:
Una
guía para la interpretación de los hechos, que
se presentan de manera tan grave y compleja en la hora actual,
en la que, aun si los síntomas de recuperación
son numerosos, todavía es incierto qué vía
deberá recorrer su futura solución.
Se puede
adivinar aquí una señal de la relación ambivalente
con el presente, ergo con el fascismo triunfante. Una relación
que oscila entre una aceptación no condescendiente y la voluntad
de incidir en las orientaciones político-económicas
del momento. En cuanto a La Cultura el nuevo editor anuncia
la firme voluntad, secundado en ello por todo el grupo turinés,
de salirse, al menos un poco, "de la típica jerga de
crítica literaria y estética de la que el público
ya no quiere saber nada".
*
La idea
de asociar revista y casa editorial es típicamente vociana
y, después, gobettiana. Pero el humus del que toma
cuerpo la iniciativa de Giulio Einaudi es esencialmente el gobettiano
en sentido amplio, el cual, partiendo de las experiencias directas
de Piero Gobetti, llega a influir también en Polledro, en
Gromo y Buratti, en Frasinelli y Antonicelli. Por otra parte, Einaudi
hijo ha aprendido del padre, además del gusto por los libros,
el placer de trabajar alrededor de ellos, de organizar y administrar.
Su talento más evidente es el de identificar colaboradores,
suscitar su interés, comprometerlos con una empresa que en
sus primeros años vive a la sombra del senador Einaudi. Éste
no dejará de otorgarles apoyos prácticos, sugerencias
intelectuales y orientaciones editoriales. Piénsese tan sólo
en la colección Problemas Contemporáneos, que reflejó
por lo menos durante una década el punto de vista de la corriente
de economistas librecambistas, con el fin de no ofender la susceptibilidad
de los cooperativistas y de evitar cualquier posibilidad de entrar
en fricción con el régimen. Cuando esto sucede, Einaudi
senior no dejará, dentro de los límites de
lo posible, de dar una discreta pero efectiva protección
política.
En la
fundación de la editorial participan junto a Giulio Einaudi
dos integrantes de la banda dazegliana, dos miembros de la confraternidad
que, al igual que él, no han optado por la carrera académica:
Pavese y Ginzburg. Este último, a decir verdad, renuncia
por esas fechas (enero de 1934) al curso de literatura rusa que
estaba por impartir en su propia facultad, luego de la imposición
a los profesores (y él lo era) de la obligación de
prestar juramento [al régimen] de acuerdo con la nueva fórmula
[fascista]. Por un hecho paradójico, para el trámite
formal de renuncia a ese esbozo de carrera universitaria, Ginzburg
tuvo que acudir al mismo Neri, su asesor de tesis, quien en 1929
había empezado la nueva serie de La Cultura. Neri,
aunque fascista declarado (al grado de llegar a la presidencia del
instituto local de cultura fascista), muestra hacia todos sus alumnos
una apertura mental que los cautiva. Se debe reflexionar sobre el
hecho de que tanto Ginzburg, que cultiva intereses de literatura
rusa e italiana más que históricos, como Pavese, que
se ocupa de literatura norteamericana, optaron por recibirse con
el titular de la cátedra de literatura francesa. Sin embargo,
es un hecho sabido y divulgado por la memoria oral que Pavese recurrió
a Neri luego de que su tesis fue rechazada por el profesor de literatura
inglesa, el modesto Federico Olivero.
Ginzburg
aparece definitivamente como el creador de la Casa del Avestruz.
Más que la pasión de la familia Einaudi por los libros,
el fermento decisivo que da origen a la empresa es la inteligencia
de Leone, su vasta red a pesar de su corta edad de relaciones
intelectuales (de Croce a Ojetti, de Pancrazi a Rostagni, de Russo
a Neri), la omnívora curiosidad intelectual, cargada de una
notable y gobettiana dosis de la despreocupación propia
del hombre de letras, consciente de su papel y de ser parte de una
comunidad más amplia de semejantes.
La hermana
de Ginzburg, Marussia, recordará que la editorial Einaudi
nació en su casa, en Via Vico, y su testimonio es plausible.
Leone propone a Giulio, que ya se dedica a la publicación
paterna de La Riforma Sociale, poner en marcha una verdadera
casa editorial, en la que Ginzburg impulsará su actividad
organizativa, tipográfica y administrativa; y no sólo
eso, también procurará un financiamiento del filólogo
Santorre Debenedetti, a quien conoce durante sus años universitarios.
Otro apoyo financiero provendrá de Luigi Albertini, para
quien obviamente el apellido Einaudi significa algo. En la sede
de Via Arcivescovado 7, junto al almacén, aparte de la oficina
del editor la casa Einaudi es una "empresa individual"
y de la oficina de la secretaria, sólo Ginzburg tiene un
espacio propio. Otro indicio de que, luego de haber sido el inspirador,
es el primer animador de la empresa y lo seguirá siendo hasta
su muerte en 1944.
*
Sin
embargo, el emigrado ruso, ahora italiano de cultura y de corazón,
será apartado muy pronto de la editorial. Tras el arresto
y confinamiento de Sion Segre Amar (su compañero de aventuras,
Mario Levi, había escapado de manera audaz) en el poblado
suizoitaliano de Ponte Tresa, en marzo de 1934, la policía
fascista emprendió una redada amplia contra los círculos
del giellismo turinés. Después de la labor
realizada con gran celo por un falso amigo de muchos simpatizantes
de Giustizia e Libertà (y familiar de alguno de ellos),
Dino Segre, alias Pitigrilli, cayeron entre otros: Ginzburg
junto con Giuseppe Levi, el padre de Mario Levi y su hijo Gino,
Carlo Mussa Ivaldi, Carlo Levi y Augusto Monti. Es un juego fácil
para las fuerzas de seguridad del régimen con los jovencitos
turineses, cuya "conspiración a la luz del sol"
fue vigilada paso a paso discretamente. Por otro lado, la policía
fascista está convencida de sus operaciones por los fascículos
que habían aparecido en ese entonces en la nueva serie de
La Cultura que lleva el sello de Einaudi: su publicación,
según la prefectura de Turín, "disfrazaba una
acción secreta de apoyo a la actividad secreta llevada a
cabo por la secta Giustizia e Libertà". Tanto
la revista como la editorial constituyen ante los ojos de los vigilantes
represores un centro de reunión de "un círculo
de intelectuales y antifascistas"; en suma, "el afamado
ambiente antifascista turinés".O usando las palabras
más eficaces de Pitigrilli informante número 373
en relación con La Cultura: "una aguja imantada
alrededor de la cual se reúne toda la limadura de hierro
del antifascismo cultural turinés". De modo que poco
tiempo después, en mayo de 1935, con base en las documentadas
misivas que envía el mismo informante al servicio secreto
fascista (Ovra), todo el grupo turinés de Giustizia e
Libertà es aniquilado de manera indiscutible. A partir
de la clausura de la revista, Arrigo Cajumi confiará en sus
apuntes de "libertino" sus propias reflexiones intelectuales:
Tuve
la idea [ ...] de anotar, con la licencia y la sinceridad
que me sugiere el escribir para uno y no para la prensa, consideraciones
marginales que, si existiera la revista, tal vez se hubieran
transformado en artículos o en reseñas, al menos
en parte. Y así, año tras año, hoja por
hoja, nació este libro.
El libro,
"el más hermoso y espléndido" de Cajumi
según el juicio de Trompeo,es naturalmente Pensieri di
un libertino, que sólo aparecerá una vez terminada
la guerra y enterrado el fascismo, con una significativa dedicatoria
a Luigi Ambrosini, Umberto Cosmo y Leone Ginzburg, es decir, los
tres hombres perseguidos por el régimen mussoliniano. El
último es parte eminente de la inofensiva conspiración
gellista, por llamarla de alguna manera. Y sin embargo, el régimen
parece temer a esta banda de conspiradores-letrados. Así,
a Monti, detenido en la cárcel de Regina Coeli, le es denegada
en 1937 "una extensión de su paseo diario al aire libre",
solicitada por el detenido y convalidada por el dictamen favorable
del médico de la cárcel. Aunque el director de la
imposición de la pena expresa la opinión contraria:
Dada
la dificultad a la que se iba al encuentro, por los obstáculos
interpuestos por el servicio de custodios, el cual, siendo siempre
delicado, se volvió [sic] delicadísimo
en lo que respecta a todo el conocido grupo de condenados políticos
a los que pertenecía Monti.
Por
otro lado Monti, como puede leerse en la misma carta ministerial,
al ser convocado por el consejo de disciplina para escuchar el dictamen
sobre libertad condicional, declarará que "siempre ha
sido antifascista y que seguirá como tal hasta su muerte".
Una conducta completamente coherente con la asumida frente al tribunal
especial, como testimonia su hija Luisa la Luisotta, destinataria
de las hermosísimas, irónicas y autocríticas
epístolas desde la cárcel en una carta a Croce, interceptada
por la policía y diligentemente copiada:
La
conducta de mi padre fue muy valiente; rechazó la defensa
de su abogado y tuvo la del abogado de oficio. Desdeñó
invocar a su favor su pasado de voluntario de guerra y de patriota
ferviente, porque me dijo que amar y servir a la patria es un
deber y no debe usarse como bandera.
Infunden
temor estos hombres, su inteligencia, sus plumas. Las dos revistas
con el emblema del avestruz (La Riforma Sociale y La Cultura)
son cerradas por la autoridad, y esta vez el senador nada puede
hacer para evitarlo. Sin embargo, Luigi Einaudi tiene el temple
del campesino piamontés y no se desanima después del
durísimo golpe que significó el fin del glorioso lema
fundado por Nitti. Al poco tiempo, en 1936, emprende una nueva publicación,
la Rivista di Storia Economica. Más circunspecta que
La Riforma Sociale, a un testigo histórico como Bobbio
le parecerá "junto con la Crítica de Croce,
uno de los pocos puertos francos de la cultura no sometida".
*
A partir
de entonces la casa Einaudi queda sometida a una vigilancia policiaca
más estrecha y continua. Después de su detención,
que había durado dos años, Ginzburg uno de los jefes
de la conspiración vuelve a la vida civil y retoma su lugar
en la casa editorial, que mientras tanto ha iniciado los programas
diseñados en buena medida por el propio Ginzburg, los Einaudi,
padre e hijo, y Cesare Pavese, quien de ahora en adelante se convertirá
en interlocutor principal de Ginzburg, que era casi su alter
ego, aunque no debe descartarse la hipótesis atrevida
de que tenía hacia él un doble sentimiento de admiración
y fastidio. Pavese regresó del confinamiento en Calabria
un par de días después de la liberación de
su amigo de la cárcel de Civitavecchia. Leone, que había
salido dos años antes de cumplir su condena gracias a una
amnistía, fue sometido a un régimen de vigilancia
especial, lo que le impidió realizar actividades periodísticas.
Pavese no sufrió esta limitación. Él aun cuando
frecuentaba amistosamente y se sentía moralmente solidario
con los Mila, los Ginzburg y los demás de la "banda",
comenzando por el profesor Monti se había inscrito en el
Fascio de Turín en julio de 1933 a petición
de sus familiares, como consta en sus cartas, con el fin de continuar
su carrera y vivir tranquilamente; aunque la policía era
de la opinión que lo había hecho "para disfrazar
su engañosa acción de apoyo al movimiento antifascista,
que tiene a la cabeza a la secta Giustizia e Libertà".
En realidad, antes y después, en la ciudad o en el confinamiento,
Pavese muestra una "profunda indiferencia hacia la política"
("yo soy [...] literato", escribe con cierto orgullo
y enfado), y es lícito preguntarse si, en una situación
distinta de la que le toco vivir (el liceo D'Azeglio, Monti, Ginzburg
y los amigos antifascistas...), no hubiera sido completamente apolítico.
En medio de esta compañía, y con tales ejemplos, la
petición de gracia que lo llevaría a la condición
de ciudadano libre en la medida en que esto era factible en la
Italia de las camisas negras significará para él
una humillación. Al mismo tiempo, y Pavese lo ignora, también
Massimo Mila, el amigo y "literato", provisto de una visión
totalmente distinta, se pliega (¡otra vez la familia!) dirigiendo
una carta al Duce para implorar el perdón paterno.
Estamos en julio de 1935, el mes en que Bobbio, para salvar su carrera
universitaria, se dirige al patrón de Italia admitiendo el
error juvenil y haciendo las promesas rituales. Y sin embargo, todavía
queda en ese mes de julio quien, como Vittorio Foa, escribe desde
la cárcel de Regina Coeli: "La prisión no es
el peor de todos los males".
*
En 1936,
después de encontrarse en las oficinas de la Via Arcivescovado
convertida en Via Mario Gioda por el nombre del primer fundador
del Fascio de Turín, los dos amigos, Cesare y Leone,
dan su contribución decisiva a la definición de la
fisonomía de la Casa del Avestruz. Ya nos hemos referido
a la serie de "Problemas Contemporáneos". En sus
siguientes títulos se recogerán las sugerencias del
senador Einaudi; aunque más impredescibles son los estímulos
provenientes de la vivaz curiosidad ginzburguiana. La colección
sigue con particular atención las discusiones internacionales
sobre los efectos y los posibles remedios a la crisis de 1929, dando
espacio, junto a los representantes clásicos del liberalismo
italiano (Cabiati, Giretti, De Vitti, De Marco, el propio Einaudi)
a otros estudiosos y periodistas y a autores extranjeros, desde
el ministro estadounidense Wallace al ministro británico
Robbins. El concepto general no parece desagradar al régimen.
Los episodios de simpatía proclamada hacia la política
mussoliniana se combinan con tomas de distancia más o menos
crípticas. Por esta razón, se pueden encontrar, por
un lado, francas exaltaciones de la movilización nacional
contra las sanciones con el libro de un alumno de Luigi Einaudi,
que tuvo un cierto éxito: dos ediciones en el transcurso
de un año y un premio de la Academia de Italia; o bien,
por el otro, una apología del corporativismo como vía
original y luminosa de Italia, entre "el comunismo puro a la
rusa, el supercapitalismo de los trusts y el capitalismo
de Estado". Pero a pesar de los gestos recíprocos de
tolerancia por parte del poder y de fidelidad declarativa por parte
de la casa editorial, entre los círculos oficiales y oficiosos
del régimen y los círculos einaudianos reinará
siempre la desconfianza.
Basta
recordar el infeliz incidente de la colección "Ricordi
e documenti di guerra", que seguramente aspiraba a representar
un puente con el fascismo, con el culto a la guerra y, más
en general, con la ideología belicista. De hecho, la colección
se inició en 1934 con el Diario de guerra de Leonida
Bissolai, que fue inmediatamente requisado, porque en él
aparecían:
[...]cuestiones
relevantes sobre operaciones, graves juicios sobre jefes y comandantes;
noticias políticas militares que todavía no son
del dominio público y, por último, apreciaciones
sobre personajes que aún viven, por lo que, dada la personalidad
del autor, el diario asume un carácter de delicada importancia.
Así
lo observa el prefecto de Turín en una "nota para S.E.
El Jefe de Gobierno", el cual agrega la siguiente glosa estentórea:
"Requisar M." Sin embargo, a pesar de un inicial rechazo,
a instancia del editor, que estaba dispuesto a realizar cortes en
el texto, más tarde el Diario obtuvo vía libre
para su publicación gracias también a la intervención
de Einaudi senior que asumió toda la responsabilidad
de haber proporcionado el manuscrito a la casa editorial. Y tal
vez como señal de agradecimiento por haber sorteado el peligro
y dar una muestra de cierta fe nacional, en la misma colección
se publican algunos volúmenes que representan "ásperas
caídas, verdaderos compromisos con el fascismo". No
obstante, los tres títulos firmados por el general Ambrosio
Bollati solo o con Giulio del Bono, otro escritor militar sobre
las campañas bélicas de Mussolini de mitades de la
década (Etiopía y España) son tan distantes
a la mayor parte por no decir a la totalidad de la producción
einaudiana, que ciertamente resultan ajenos al espíritu del
Avestruz. No se debe olvidar que en esos mismos meses del año
1935, el propio editor fue arrestado durante la segunda redada contra
Giustizia e Libertà, y sometido a "condiciones
de vigilancia política".
*
Fue
un gesto valiente publicar a un autor que disgustaba tanto al régimen
como a la Iglesia católica: Piero Martinetti. Ragione
e fede (1942) es un texto importante de la cultura filosófica
del siglo, de aquella cultura que no quiere saber nada de insertarse
en los nichos de las corrientes consolidadas. Martinetti acepta
en estos Ensayos religiosos el riesgo del aislamiento, de
una ubicación marginal en la primera mitad del siglo donde
dominan Croce, Gentile y Pío XII, en
compañía de solitarios como él, desde Michelstaedter
a Rendi y a Capitini. Alejado de la enseñanza luego de
haber rechazado rendir juramento a la nueva fórmula [fascista]
de 1931, Martinetti vivió el resto de sus días retirado
en su casa de Canavese, donde ejerció, entre los jóvenes
intelectuales piamonteses (y lombardos, pues Martinetti enseñaba
en Milán donde Luigi Fossati redactaba técnicamente
la Rivista di Filosofia), una función socráticamente
comparable a la de Croce a nivel nacional; es decir, era un estímulo
y un aliciente para la resistencia moral. En Martinetti, figura
de auténtico asceta, esta posición adquiere una dimensión
religiosa, aparentemente apolítica, aun cuando las consecuencias
políticas de sus enseñanzas eran evidentes. Después
de 1931 Martinetti es junto con Solari, ayudado frecuentemente por
su alumno Bobbio, el animador oculto (no firma como director) de
la Rivista di Filosofia una especie de limbo afascista,
no exento de rasgos de antifascismo, lo que no dejará de
provocar ciertas sospechas en la autoridad y más de una dificultad
a alguno de sus redactores.
La precisión
y el refinamiento del cuidado editorial se conjuntan para alcanzar
la meta de seriedad y coherencia en las selecciones de títulos,
autores y colaboradores. Un ejemplo en este sentido es la "Nueva
colección de clásicos italianos comentados" dirigida
por un filólogo de la talla de Santorre de Benedetti. En
ella Ginzburg puede dar rienda suelta a su pasión italianista,
así como a su oficio filológico. La colección
durará poco, tal vez a causa de la competencia de la colección
análoga de Utet (una vez que cesó la de Bálsamo
Livelli, a fines de los años veinte, sólo hasta 1942
Neri recibió el encargo de retomarla, pero las publicaciones
no empezarán sino hasta 1948). En los años en cuestión,
por los linotipos einaudianos pasan solamente dos títulos,
dos excelentes ediciones críticas: las Rimas de Dante,
editadas por Gianfranco Contini una de las colecciones de la casa
editorial en la posguerra, y La ciudad del sol editada por
Norberto Bobbio (1941), un volumen que testimonia la peculiar e
insistente presencia del filósofo, que ya había salido
a la luz con sus primeros trabajos campanellianos, en el Turín
de Solari y de Firpo. Lo mismo se puede decir de otro nombre: Eugenio
Montale. Lanzada por Gobetti en 1925, Huesos de sepia, la
primera colección del poeta ligur, se vuelve a publicar en
1928 por Gromo. Finalmente reaparece en 1939, en una colección
que tendrá pocos títulos en veinte años, una
edición de Huesos de sepia y la nueva selección
de Las ocasiones, que incluso inaugura la colección
"Poetas", y que manifiesta la grandeza lírica del
autor.
*
El carácter
de la casa es, pues, decididamente humanista, abierto a las ciencias
económico-sociales. Sin embargo, en 1938 nace la Biblioteca
de Cultura Científica en la que Ludovico Geymonat desempeña
un papel destacado si bien no decisivo y que al parecer tiene como
principales interlocutores a Bobbio y, en la redacción, a
Pavese. Aunque es todavía joven, Geymonat ya es un firme
propagador en Italia de las más diversas tendencias del debate
internacional en el campo filosófico y, específicamente,
epistemológico. Gracias a su experiencia e intuición,
la colección tiene un carácter decididamente innovador
en el panorama nacional, tanto frente a la devaluación de
la ciencia por parte de la cultura neoidealista como frente al desconocimiento
de los resultados de la investigación filosófico-científica
internacional. Al respecto es significativo el intento de traducir
"el librito de oro" de Gottlob Frege, Die Grundlagen
der Arithmetik; intento fallido luego del rechazo por Minculpop,
basado en el dictamen negativo de la Real Academia de Italia, según
el cual el estudio de Frege "aun cuando es notable, está
ya muy superado por la axiomática moderna y por los trabajos
de especialistas italianos, sobre todo en lo que respecta a los
estudios de aritmética". Geymonat tendrá razón
cuando reivindique sus propios méritos en una carta al editor,
en la que al igual que prácticamente todos los colaboradores
de la casa de Turín pide dinero que regularmente llega tarde
y a duras penas.
Luego
de haber "pescado" a Frege del mar de la ignorancia
italiana en cuestiones de lógica y de fundamentos de
la ciencia, y después de haberlo defendido como tú
sabes..., te sugerí también otros diferentes autores
(Wolzano, Helmholtz, etc.), contribuyendo así a "combinar"
un buen grupo de nombres que darán a tu colección
de filosofía un carácter de absoluta originalidad.
Sin
embargo, a veces es el mismo editor quien hace sugerencias, como
en el caso de uno de los primeros títulos de la Biblioteca,
La introducción al pensamiento matemático de
Friedrich Waizmann (1939). El propósito será siempre
el mismo, es decir, como escribe Geymonat cuando entrega la traducción
al editor, "una elevación de la cultura italiana que
sinceramente auguro". En la misma dirección se mueve
Il Saggiatore, que Guilio Einaudi definirá, no sin
equivocarse, como "una de las más bellas revistas italianas
de cultura científica". En ella están presentes,
al igual que en la colección, filósofos de la ciencia,
físicos, biólogos, matemáticos, médicos.
Dirigida por Francesco Tricomi, uno de los grandes herederos de
la escuela matemática de Turín, Il Saggiatore
lleva de cualquier modo el sello de Geymonat, aun cuando éste
trate inútilmente de transformar el lema de "Revista
de Actualidad Científica" en "Revista de Epistemología",
punto de coincidencia con Bobbio al interior de la editorial, y
con hombres como Banfi y Colorni al exterior. Geymonat contribuye
definiendo un conjunto de temáticas, un tejido intelectual
del que, a partir de 1945, nacerá la Biblioteca de Cultura
Filosófica Bobbio será su responsable, la cual se
inaugura con el importante libro de Erminio Juvalta del que se habla
en páginas anteriores, a cargo de su alumno Geymonat.**
*
Geymonat,
Bobbio, Mila comienzan a ingresar en el grupo de los consejeros
de las ediciones Einaudi a finales de los años treinta y
principios de los cuarenta. Giaime Pintor será uno de los
elementos de enlace entre la redacción de Turín y
la de Roma, nacida bajo la guía de Carlo Muscetta, y junto
al cual laboran hombres como Mario Alicata; en el grupo de trabajo
milanés sobresaldrá Elio Vittorini. Sin embargo, en
el primer periodo de la casa, el dúo principal que coordina
el trabajo editorial, junto con Giulio Einaudi, está constituido
siempre por Ginzburg y Pavese. El primero tiene ideas claras, deseos
de hacer cultura y, paralelamente, necesidad de luchar políticamente
contra el fascismo: es un hombre visiblemente arraigado en el mundo,
en el presente. El otro, el apolítico Pavese, vive encerrado
en un mundo secreto, tocado por una atmósfera mítica,
un mito que se extiende desde la lejana Hélade hasta Moby
Dick. A él, como escribirá "el profe" Monti,
"le repugna el fascismo" y es un "resistente incluso
malgré lui", pero no podrá avanzar más
allá del papel de opositor involuntario o, si se quiere ser
más generoso, de adversario ético-estético;
mientras que Ginzburg no deja de ser un activo editor incluso en
su confinamiento en Pizzoli...
Notas
*La
cultura a Torino tra le due guerre, extractos del capítulo:XIII:
All insegna dello Struzzo, Einaudi, Torino, 2000, pp. 284-315. Las
aclaraciones de la redacción aparecen en corchetes.
* Entre los alumnos directos de Monti, en la clase B, se encontraban
Emanuele Artom, Giulio Einaudi, Renato Einaudi, Vittorio Foa, Elsa
Fubini, Valdo Fusim Enzo Giacchero, Renato Gualino, Enzo Monferini,
Carlo Mussa Ivaldi, Salvatore Luria (reprobado en septiembre por
conducta en 1927), Massimo Mila, Gian Carlo Pajetta, Cesare Pavese,
Tullio Pinelli y Adolfo Ruata. En 1931-1932 Monti es sustituido
por Franco Antonicelli y después, definitivamente, por Azelia Arici
(presento la información de las listas en el archivo del liceo DAzeglio).
2E. Rho, Augusto Monti, en Il Ponte, XIII, 1957, pp. 1684-89.
3A. Monti, Torino falsa magra, p. 17.
4 Para más datos biográficas véase: G. Tesio, Augusto Monti, en
Belfagor, XXIV, 1979, pp. 156-188 y Augusto Monti. Attualit? di
un uomo allantica, Cuneo, LArciere, 1980.
5F. Palazzi, reseña en ICS, XII, N. 12, 1929, pp. 345-346.
6 Cito de las cartas de Monti: D. Bulferetti (27 de octubre de 1929),
G. Fortunato (30 de octubre de 1929), D. Provenzal (8 de enero de
1930) en Carte Monti; D. Provenzal, reseña de Il ritratto di Papá
en La Gazzetta del Mezzogiorno, 7 de febrero de 1930.
7G. Tesio, Le lettere, en Torino cittí viva, I, pp. 375-447 (409).
8M. Mila, Monti, Augusto e la scrittura dascolto, en Prospetti,
I, n. 4, 1966, pp. 357-361.
9A. Monti a G. Prezzolini, 12 de abril de 1935, en AGP, Monti Augusto,
las cursivas son del original.
10 Texto mecanográfico sin fecha 1963, no firmado pero dictado por
Monti a su segunda esposa Caterina Bauchiero (entrevista, 1984),
en Carte Monti.
11A. Galante Garrone, Gli spensierati del Risorgimento, en La Stampa,
20 de julio de 1966.
12 La reseña aparece en ll Giornale di Acqui y es anónima, 16-17
de noviembre de 1929; G. Tesio, Augusto Monti. Attualitì di un uomo,
p.
13-1, así como C. Violi (editor), Bibliografia degli scritti di
Norberto Bobbio, 1934-1993, Roma-Bari, Laterza, 1995, pp. 3-4. Bobbio
asegura que éste es su primer escrito publicado.
13D. Fernandez, Léhec de Pavese, París, Grasset et Fasquelle, 1967,
p. 97 ss.
14 C. Pavese, Lettere 1924-1944, I, p. 27 y Lettere 19261950, p.
9. Toda la correspondencia Monti-Pavese fue editada admirablemente
por A. Dughera, Monti e Pavese: storia di unamicizia attraverso
le lettere, en G. Tesio (editor), Augusto Monti nel centenario della
nascita, Turín, Centro Studi Piemontesi, 1982, pp. 55-95 (volumen
útil en general). El ensayo con la correspondencia fue recopilado
despuÈs por Dughera en su volumen (lleno de ideas y datos) Tra le
carte di Pavese, Roma, Bulzoni, 1992, pp. 49-103.
15 M. Mila, Augusto Monti educatore e scrittore, en Il Ponte, V,
1949, pp. 1136-1148 (1137), ahora en id. Scritti civili, edición
de A. Cavaglian con una nota de Giulio Einaudi, Turín, Einaudi,
1995, pp. 303-321.
6Ibid., p. 1142. Véase también: D. Fernandez, op. cit., p. 83 ss.
17G. Einaudi, Frammenti di memoria, Milán, Rizzoli, 1988, p. 24;
G. Einaudi, entrevista, 1984 y en la misma línea, M. Mila, entrevista,
1983.
18G. C. Pajetta, Augusto Monti, un maestro e un patriota, en LUnitá
12 de julio de 1986; También id., Il Professore, en Rinascita, 16
de julio de 1966, e Il ragazzo rosso, Milán, Mondadori, 1983, p.
56 ss. Sobre Pajetta como estudiante del DAzeglio, M. Mila, Il proselitismo
di baje córte, en I communisti a Torino. 1919-1972. Lezioni e testimonianze,
prefacio de G. C. Pajetta, Roma, Editori Reuniti, 1974, p. 89-91.
19N. Bobbio a A. Monti, 10 de julio de 1965, en Carte Monti. Para
el episodio del DAzeglio y el papel de Monti véase también el suplemento
a Lo Zibaldone, número único, junio de 1965: Il DAzeglio e la resistenza,
Turín, Tipografía Raffera, 1965.
20M. Mila, Augusto Monti educatore, p. 1136, ahora en id., Scritti
civili, p. 303 (la célebre expresión es del propio Mila).
21N. Bobbio, Introducción a L. Ginzburg, Scritti, p. XII; luego
en N. Bobbio, Maestri e compagni, p. 167.
22L. Tonelli, Cesare De Lollis, en ICS, XI, n. 5, 1928, pp. 117-118.
23G. Sasso, Variazioni sulla storia di una rivista italiana: La
Cultura (1882-1935), Bolonia, Il Mulino, 1992, p. 64.
24F. Neri, Ripresa, en La Cultura, VIII, 1929, pp. 1, 2.
25A. Omodeo a S. Salvatorelli, 4 de junio de 1930, en Carte Salvatorelli.
26G. Pasquali, Seguito a Troppe Riviste, en La Cultura, X, 1931,
pp. 252-255.
27A. CJ. Cajumi, id., p. 437 (Reseña de A. Soffici, Ricordi di una
vita artítica e letteraria, Florencia, Vallecchi, 1930; U. Cosmo,
reseña de G. Papini, Dante vivo, Florencia, Libreria Edittrice Fiorentina,
1933, en La Cultura, XII, 1933, pp. 438-441; A. Cajumi, In punta
di penna, id., XIII, 1934, pp. 30-31 (Entre los diferentes títulos
que se tratan está el de M. Missiroli, Studi sul fascismo, Bolonia,
Zanichelli, 1934).
28L. Einaudi, Benedetto Croce, Orientamenti, Milán, Gilardi e Noto,
1934, en La Cultura, XIII, 1934, p. 69. Einaudi concluye esá: Por
instintiva desconfianza hacia los diletantes, nunca he querido ir
más allá de la primera página de los libros escritos por autores
como Spengler, y en cambio cada vez que leo una crítica mordaz por
parte de filósofos verdaderos, como Croce, me alegro por la decisión
tomada.
29A. CJ. Cajumi, reseña de F. Ruffini, Carlo Alberto e il Socinianesimo
ginevrino, Turín, Bocca,1933, en La Cultura, XIII, 1934, p. 33.
30 Citado en J. Rotti, Come nacque il simbolo dello struzzo, en
Tuttolibri, XIII, n. 554, suplemento de La Stampa, 6 de junio de
1987.
31A. Cajumi a D. Buratti, sin fecha, en Carte Buratti.
32L. Salvatorelli, Napoleone, en La Cultura, XIII, 1934, pp. 93-96
(96); id., Il mito Sorel, pp. 62-63; reseña de A. Hitler, La mia
battaglia, Roma, Bompiani, 1934, id., p. 105.
33 Cito del artículo de La Riforma Sociale, id. P. 17.
34 G. Einaudi a A. Cabiati, enero de 1935, en AE, Cabiati, Atilio;
citado también en G. Turi, Casa Einaudi, Bolonia, Il Mulino, 1990,
p. 62, nota.
35 Ibid., p. 26 ss.
36 La carta de dimisión de Ginzburg a Neri está documentada, sin
indicación de fuente en la cronología incluida en L. Ginzburg, Scritti,
op. cit.,, p. XXXV nota.
37M. Mila, Ricordo di Ferdinando Neri, en Memorie, serie IV, f.
III, 1980, pp. 297-300. Ibid., 271-300. A propósito de Neri lanse
las intervenciones de A. Guzzo, N. Sapegno, L. Sozzi, C. Cordié,
y el discurso de presentación de S. Romano.
38Se encuentran más datos en D. Lajolo, Il vizio assurdo, p. 90
(la primera edición de esta biografía poco creíble fue publicada
por Il Saggiatore, Milán, 1960). Olivero había publicado en 1913
Saggi di letteratura inglese (Laterza), y en 1932, con Edizioni
delErma, una monografía sobre Poe.
39 M.Ginzburg, entrevista, 1983. Sobre las páginas de la casa editorial
G. Turi, Casa Einaudi, p. 26 ss; sobre el papel de Ginzburg en particular,
A. DOrsi, Un suscitatore di cultura, en N. Tranfaglia (editor),
Litinerario di Leone Ginzburg, p. 88 ss. Sin embargo, para todo
el episodio einaudiano es imprescindible ahora L. Mangoni, Pensare
i libri. La casa editrice Einaudi dagli anni trenta agli anni sessanta
Turín, Bollati, 1999, un monumento historiográfico cuando mi trabajo
ya estaba escrito (¡y mucho tiempo antes!)
40S. Cesari, Colloquio con Giulio Einaudi, Roma-Nápoles, Theoria,
1991, p. 20 ss.
41S. Segre Amar, Sui fatti di Torino del 1934. Sion Segre ci ha
scritto..., en G. Valabrega (editor), Gli Ebrei in Italia durante
il fascismo, n. 2, Centro di Documentazione Ebraica Contemporanea.
Sezione Italiana, Milán, 1962, pp. 125-134. Pero hay que ver al
mismo tiempo S. Segre Amar, Sette storie del Numero Uno, prefacio
de A.Galante Garrone, introducciÛn de A. Dragone, Turín, Centro
Studi Piemontesi, 1998, pp. 153-154; Id., Il mio ghetto, Milán,
Garzanti, 1987, p. 118 ss.
42G. De Luna, Una cospirazione alla luce del sole, en Carlo Levi,
Unesperienza culturale e politica nella Torino degli anni Trenta,
pp 71-86.
43Cito de las dos relaciones del prefecto de Turín al ministro del
Interior, ambas del 27 de julio de 1935, en AMS, MI, CPC, b. 1877,
f. Einaudi, Giulio y f. Salvatorelli, Luigi. (Una copia fotostática
se halla en Carte Salvatorelli.)
44Carta informativa de D. Segre (Pitigrilli) del 23 de octubre de
1934, en CSPG, Fondo Giustizia e Libert?, ya citado en G. De Luna,
op. cit., p. 81.
45Para la reconstrucción de todo el episodio, de sus antecedentes
y su desenlace, me baso en las memorias (con apéndice documental)
de M. Giua, Ricordi di un ex-detenuto políco. 1935-1943, Turín,
Chiantore, 1945, así como también en los documentos reunidos por
D. Zucaro, Lettere di una spia. Pitigrilli e lOvra, Milán, Sugar
Co., 1977 (que con frecuencia son los mismos editados por Giua,
pero el libro apareció en 1961 1(TM). edición en la editorial Perenti,
de Florencia, con prefacio de E. Lussu). Menciones sobre el papel
de Pitigrilli (que la viuda Lina Furlan niega obstinadamente) se
encuentran en S. Segre Amar, Sette storie, pp. 185-186, e id., Il
mio ghetto, pp. 24-27. Naturalmente, sobre el plano historigráfico,
véase M. Franzinelli, I tentacoli dellOvra, cit. Ad nomen, e E.
Magrí, Un italiano vero, p. 139 ss.
46A. Cajumi, Pensieri di un libertino, presentación de V. Santoli,
Turín, Einaudi, 1950, p. XVII.
47Ibid., p. IX.
48 Reservada por el ministerio de Gracia y Justicia en ministerio
del Interior, Dirección de PS, 10 de junio de 1937, en ACS, MI,
CPC, f. 123.561, Monti, Augusto.
49 A. Monti, Lettere a Luisotta, Cuneo, LAraba Felice, 1995. La
primera edición fue publicada por Einaudi en 1977; sobre la importancia
de este libro, en el contexto más amplio al que pertenece, remito
a mi Augusto Monti e lepistolografia carceraria dellantifascismo,
en Sísifo, Turín, n. 30, 1996, pp. 46-51. Sobre su periodo de prisión
y el de sus compañeros tenemos un sabroso testimonio de M. Mila,
Le loro prigioni, en Il Ponte, V, 1949, pp. 1-27, ahora en id.,
Scritti civili, pp. 5-36.
50 Copia de la carta de L. Monti [ en el texto: Luisa Gherani Monti,
siendo Gherani naturalmente por Saturani] a Benedetto Croce, 2 de
marzo de 1936, en ACS, MI, CPC, f. 123.561.
51 N. Bobbio, Trentanni, p. 30.
52 D. Fernández, op. cit., p. 87. Sobre la contribución de Pavese,
G. Turi, Pavese e la casa editrice Einaudi, en G. Ioli, (editor),
Cesare Pavese oggi. Atti del Convengo Internazionale di Studi (San
Salvatore Monferrato 1987), San Salvatore Monferrato, 1989, pp.
171-196.
53 En particular la carta de C. Pavese a su hermana Marta del 29
de julio de 1935, en id., Lettere 1924-1944; id., Lettere 1926-1959,
pp. 265-266.
54 Cito de la esquela informativa de la prefectura de Turín firmada
por Pavese, 4 de septiembre de 1935, en ACS, MI, CPC, b. 3790, f.
Pavese, Cesare.
55C. Pavese, All Amministrazione dei telefoni di Torino, 15 de febrero[1937],
en C. Pavese, Lettere 1924-1944, p. 525, e id., Lettere 1926-1950,
p. 437 (cursivas del texto).
56 D. Fernández, op. cit., pp. 128-129.
57 Menciones sobre la petición de gracia se encuentran en la correspondencia
familiar de los primeros meses de 1936; por ejemplo, C. Pavese,
Lettere 1924-1944, pp. 510, 511, 519, id., Lettere 1926-1950, pp.
328, 335.
58 V. Foa a sus padres, 12 de julio de 1935, ahora en id., Lettere
della giovinezza. Dal carcere 1935-1943, editadas por F. Montevecchi,
Turín, Einaudi, 1998, pp. 27-29 (28). La carta de Mila a Mussolini
(25 de julio de 1935) está en ACS, Tribunale Speciale, b. 543, f.
56510, Mila, Massimo; C. Pavone, Introducción y P. Soddu, Nota del
editor, en M. Mila, Argomenti strettamente famigliari, Turín, Einaudi,1955,
particularmente las pp. XIV-XVI y LVII-LVIII.
59L Federici, Sanzioni, Turín, Einaudi,1935, F. Ballarini, Dal liberalismo
al corporativismo, Turín, Einaudi, 1935; la cita está en G. Turi,
op. cit., p. 59, incluyendo las notas sobre el libro de Federici.
60 Una copia del documento fechado en junio de 1934 se halla en
ACS, SPD-CO, b. 1871, f. 528.771; ibid., también otro apunte (6
de julio de 1934) en el que un funcionario, R. Nani, pregunta qué
hacer con el ejemplar del libro que les ha sido enviado a la oficina
de prensa por el jefe del gobierno, y luego el memorandum de acompañamiento
de Nani al mayor Luciano de la oficina de prensa (julio 5 de 1934).
Notese la incongruencia de las fechas.
61 Escribe el prefecto: El volumen resultá censurable en su conjunto.
Prefecto de Turín a G. Einaudi, 17 de julio de 1934, en AE, Einaudi,
Luigi.
62La documentación en ACS, SPD-CR, b. 70. Ahí se lee en particular
una carta de G. Einaudi a Mussolini, del 2 de julio de 1934 (reproducida
también en un apéndice a G. C. Marino, Lautarchia della cultura.
Intelletuali e fascismo negli anni Trenta, Roma, Editori Riuniti,
1983, pp. 220-221).
63 G. Turi, op. cit., p. 86.
64 A. Bollati, Enciclopedia dei nostri combatimenti coloniali. Fino
al 2 ottobre 1935, XII, Turín, Einaudi, 1936; id., I rovesci pié
caratteristici degli esserciti nella guerra mondiale 1914-1918,
Turín, Einaudi, 1936; A. Bollati y G. Del Bono, La Guerra di Spagna
sino alla liberazione di Gijon. Sintesi politico-militare, Turín,
Einaudi, 1937; id., La Guerra di Spagna dalla liberazione di Gijon
alla vittoria, Turín, Einaudi, 1939.
65 La documentación en ACS, MI, CPC, b. 1877, f. Einaudi Giulio,
(la expresión está en el informe del funcionario de Roma al Ministerio,
7 de mayo de 1943). Sin embargo, todos los informes anteriores sobre
Einaudi, hacen referencia a la vigilancia.
66Muchos elementos útiles para reconstruir el cuadro, ya sea sobre
la Rivista de Filosofia o sobre Martinetti, se encuentran en A.
d Orsi, Il diescepolo e il maestro, ensayo introductorio en La vita
degli studi, la citada correspondencia Solari-Bobbio (con un largo
recorrido por los documentos conservados en AdS, CPM). Véase también:
A. Vigorelli, Piero Martietti. La metafísica civile di un filosofo
dimenticato, Milán, Mondadori, 1998. También son muy útiles los
Indici 1909/1999 de la Rivista di Filosofia realizados por M. Filippi,
Bolonia, Il Mulino, 1999.
67 Cito respectivamente del memorándum enviado por L. Geymonat a
los Clarísimos profesores Francesco Severi y Armando Carlini de
la Real Academia de Italia, con fecha del 14 de noviembre de 1942,
y de la carta de C. Pavese a L. Geymonat del 30 de octubre de 1942
que relata las frases esenciales de la carta del Ministerio, y que
concluye: Por tales razones, no se logró. (Ambos documentos en AE,
Geymonat, Ludovico). El texto de Frege sería editado por Geymonat
en 1948 y publicado junto con otros escritos por la editorial Einaudi
bajo el título Aritmetica e logica.
68 L. Geymonat AG. Einaudi, 5 de abril de 1943, en AE, Geymonat,
Ludovico.
69 Ibid., 1 de febrero de 1938.
70 S. Cesari, Colloquio con Guilo Einaudi, p.142
71 L. Geymonat a C. Pavese, 10 de septiembre de 1942, en
AE, Geymonat, Ludovico.
**El tema se aborda en otro capítulo de La cultura a Torino tra
lla due guerre. El autor se refiere al texto en italiano y limiti
de razionalismo etico, que apareción posteriormente en una edición
a cargo de su alumno Ludovico Geymonat.
72 A. Monti, La lezione in morte di Cesare Pavese
(Ivrea, 1951), en LApprodo letterario, LIX-LX (1972), pp. 5-19 (11).
El original se encuentra en Carte Monti.
Angelo d' Orsi, "La
cultura en Turín entre las dos guerras",
Fractal n° 20, enero-mrzo,
2001, año 5, volumen VI, pp. 113-139.
|