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JORGE FERNÁNDEZ GRANADOS El
Dragón y la virgen
Sus
ojos me recuerdan caminos de retama. El amanecer a veces la encuentra
con el cabello helado, lamiendo invisibles cicatrices en sus brazos. Pesa
en esos ojos el vuelo predador de la tristeza. Creo que sus párpados
son alas muy cansadas. Hay una herida en el fondo de su alma a la que
le crecen pájaros cuando amanece. Bengala. Hay una huella donde
fue nieve en el escalón de una casa solitaria. Dijo que el cielo
es una pradera inalcanzable.
La
melancolía, tal vez. Una llave y un pequeño caracol sobre
un papel en blanco. Remamos. Tal vez está despierta todavía
por la música de alguien que tañe una flauta en una habitación
a oscuras. O la muerte alguna vez. Cuando miró al dragón
que se alimenta de los seres que caen en los espejos. Tal vez porque su
destino es recorrer el espanto de un largo despertar. |
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