| La
invención de la tradición
Ya
que Gran Bretaña es la madre patria de "la invención
de la tradición", apenas necesito explicar la frase.
Como ustedes saben, los antropólogos no tardaron en adaptar
la idea a la nostalgia por la cultura que se ha extendido entre
los pueblos antiguamente coloniales. En el tercer y cuarto mundos,
la gente vindica hoy los valores de sus costumbres tradicionales
(tal y como ellos mismos las conciben). Un aire erudito carente
de autenticidad pende sobre este moderno movimiento cultural. Tan
sólo la etiqueta académica "invención"
sugiere un artificio, y la literatura antropológica transmite
a menudo el sentido de un pasado más o menos artificioso,
imbuido de tintes políticos, que probablemente debe más
a las fuerzas imperiales que a las locales. Como un posible antídoto,
quisiera llamar su atención sobre la notable invención
de otra tradición; una tradición tan respetable que
ningún académico occidental se arriesgaría
a poner en duda.
Entre
los siglos XV y XVI,
en Europa, se congregó un grupo de intelectuales y artistas
que decidieron inventar sus tradiciones y con ello inventarse
a sí mismos al intentar revivir una antigua cultura
que vindicaban como un logro de sus ancestros; cultura que no comprendían
del todo, ya que se había perdido durante siglos, y sus lenguas,
el latín y el griego, se habían corrompido u olvidado.
Que estos europeos se hubieran convertido al cristianismo a lo largo
del tiempo, no evitó que emprendieran la restitución
de su herencia pagana. Una vez más se entregaron a las virtudes
clásicas; incluso invocaron a sus dioses paganos. A pesar
de todo, bajo esas circunstancias intelectuales transformados
por la asimilación cultural de un pasado efectivamente irrecuperable
la nostalgia ya no fue lo que solía ser. Los textos y monumentos
que construyeron resultaron facsímiles apócrifos de
los modelos clásicos.
Crearon
una tradición carente de naturalidad en sus cánones
fijos y básicos. Escribieron historia a la manera de Livio,
con versos en un latín amanerado, tragedias de acuerdo con
Séneca, y comedias según Terencio. Decoraron las iglesias
cristianas con fachadas de templos clásicos y, en general,
siguieron los preceptos de la arquitectura romana, tal y como lo
estableció Vitruvio sin darse cuenta de que estos preceptos
eran griegos. En la historia europea, todo esto acabó
por llamarse Renacimiento, porque dio origen a la "civilización
moderna". ¿Qué
más podemos decir al respecto, excepto que hay quienes gozan
de todos los favores de la historia? Cuando los europeos inventan
sus tradiciones con los turcos frente a sus puertas
se trata de un genuino renacimiento cultural y el comienzo de un
futuro progresivo. Cuando otros pueblos lo hacen, es un signo de
decadencia cultural, una recuperación artificiosa que sólo
puede producir el simulacro de un pasado muerto.
La lección histórica podría ser que no todo
está perdido (Journal of Modern History, primavera
de 1993).
Sobre
el materialismo
El
materialismo debe ser una forma de idealismo, ya que también
está equivocado.
Heráclito
versus Herodoto
Uno
de los argumentos actuales en contra de la coherencia de las culturas
y de la posibilidad de emprender alguna forma de etnografía
sistemática es que, al igual que cierto famoso río
filosófico, las culturas siempre cambian. El flujo es tal
que uno nunca puede zambullirse dos veces en la misma cultura. Sin
embargo, a menos que la identidad y sus andamiajes fueran simples
imposiciones simbólicas sobre las prácticas sociales,
como lo son sobre los ríos, y no sólo por los antropólogos
sino por la gente misma, no podría existir la inteligibilidad
o incluso la sensatez, menos aún una sociedad. Parafraseando
a John Barth: la realidad es un lugar agradable de visitar (filosóficamente
hablando), pero nadie ha vivido ahí.
Post-estructuralismo
Hay
una leyenda popular norteamericana que produce el mismo efecto.
Tres árbitros de béisbol de la ligas mayores discutían
sobre cómo cantar bolas y strikes. "Yo los llamo
por lo que son", dijo el primero. "Yo", dijo el segundo,
"los marco según los veo." "No", declaró
el tercero, que tenía más experiencia; "no son
nada hasta que no digo lo que son." Técnicamente, de
acuerdo con el Cours de gymnastique générale,
esto se conoce como el "carácter arbitrario de la señal
de los árbitros". De ahí la sentencia post-estructuralista:
"No seas Saussure." (Eric Hamp)
Chicago Tribune, 23 de mayo de 1993.- Con el incidente de
la noche del viernes, Jim Lefebvre se convirtió en el primer
manager expulsado en la historia del estadio Joe Robbie. El umpire
de home, Ed Rapuano, tomó la decisión después
de que Lefebvre protestó contra un tercer strike a
Sammy Sosa. "Fue una bola baja", reclamó Lefebvre...
"Cuando me echó a patadas, dijo: 'no me importa dónde
cayó el lanzamiento'. ¿No le importa dónde
cayó el lanzamiento? Valiente umpire de ligas mayores!"
Ética
y émica
La
ética o el lenguaje de la (así llamada) descripción
científica objetiva se basa en un espectro de consideraciones
émicas. Considérese el alfabeto fonético internacional,
por medio del cual los sonidos significativos de cualquier idioma
pueden ser grabados y reproducidos "objetivamente". El
alfabeto fonético está conformado por todas las diferencias
fonémicas conocidas; es decir, por todas las diferencias
de segmentos conocidos de sonido que producen diferencias de significado
en las diversas lenguas del mundo. En principio, la descripción
objetiva de cualquier lengua es posible a través de su comparación
con el orden significativo de las otras lenguas.
Lo mismo se aplica a la etnografía. Ninguna buena etnografía
se sostiene por sí misma. La etnografía es, implícita
o explícitamente, un ejercicio de comparación. Gracias
a la comparación, la descripción etnográfica
se vuelve objetiva. No en el sentido positivista ingenuo de una
percepción no mediada sino justamente lo contrario:
en la medida en que ejerce la percepción de una sociedad
sobre las concepciones de las otras se vuelve una visión
universal.
Algunas variantes de los Estudios Culturales tienden a considerar
que la antropología se reduce a la etnografía. Suena
mejor a la inversa: la etnografía es antropología,
o no es nada.
Poética
de la cultura I
Se
solicitan antropólogos. No se requiere experiencia. Hacen
más que la mayoría de los poetas.
Poética
de la cultura II
Al
hablar de cultura como un orden supraorgánico en el que los
individuos no contaban casi nada, Kroeber gustaba de usar la metáfora
de un arrecife de coral: un vasto edificio construido por pequeños
microorganismos que, actuando de acuerdo con su propia naturaleza,
secretan una imperceptible adición a esta estructura, cuya
escala y organización los trasciende. Así también
la cultura:
La vida de los grandes hombres nos recuerda
Que podemos hacer sublimes nuestras vidas,
Y dejar tras nosotros...
Un pequeño depósito de cal.
"Pseudo-política
de la interpretación"
(Gerald Graff)
En
su número más reciente, la revista de vanguardia Cultural
Anthropology tachó el relativismo cultural de (cito)
"políticamente inaceptable". De manera similar,
un comentario breve a un libro de ensayos sobre historia polinesia
advierte que Negara de Geertz y las obras sobre las Islas
Polinesias de Sahlins, al tratar de comprender la historia en términos
de cultura o estructura, contaminan su estudio con
supuestos "peligrosos": es decir, vuelven esenciales conceptos
que falsamente atribuyen a un pueblo cualidades culturales eternas,
o sobrevaloran ideologías hegemónicas al prescindir
del "carácter políticamente fracturado y conflictivo
de la cultura". ¿Peligrosos? Afortunadamente, no está
lejos el día en que este tipo de terrorismo parezca algo
inequívocamente lunático. Mientras tanto, el mejor
argumento intelectual es la calidad moral y política. Por
lo visto, para saber cómo son los otros pueblos basta con
adoptar las actitudes adecuadas hacia el sexismo, el racismo y el
colonialismo. Como si su verdad fuera la nuestra. O como si los
valores culturales de otros tiempos y lugares, y los acontecimientos
a que dan lugar, y la gente que responde por ellos hubieran sido
moldeados para dar respuesta a lo que nos preocupa a nosotros. Uno
prefiere pensar que (y parafraseo a Herder) estos pueblos no sufrieron
y murieron tan sólo para abonar nuestros pequeños
campos académicos.
Posiblemente éste sea un cruel destino posmodernista, que
supone que el etnógrafo debe celebrar la diversidad contra-hegemónica
de los discursos de otros pueblos la famosa polifonía
o heteroglosia en tanto que, al mismo tiempo, él (o
ella) se ve obligado(a) a confesar que su propia voz académica
no es más que la expresión estereotípica de
un sistema de poder totalizador. Parece que el imperialismo es el
último de los sistemas culturales de antaño. La nuestra
es la única cultura que ha escapado a su deconstrucción
mediante la reposición de la vanguardia, y retiene su carácter
monolítico en tanto que sistema de dominación. Y los
antropólogos no pueden hacer otra cosa más que reproducirlo.
La crítica de avanzada se convierte así en el último
refugio de la idea de que el individuo es una herramienta de su
cultura.
Lo cual prueba que aquellos que ignoran su propio funcionalismo
están condenados a repetirlo la segunda vez como una
farsa.
La
polifonía no es cacofonía
(para Maurice Bloch)
Malama Meleisea desagregó dos relatos completamente distintos
y contrapuestos sobre la historia de ciertos jefes samoanos a partir
de las palabras del mismo matai (el jefe poseedor del título).
Cuando Meleisea le mostró las discrepancias, el matai
le recordó que poseía títulos en dos pueblos
diferentes; y que la primera historia se la contó en un pueblo,
y la segunda en el otro. Así que, obviamente, él hablaba
como un jefe la primera vez, y como un jefe rival en la segunda.
¿Qué inconsistencia podía haber en ello? Uno
recuerda el dictum cartesiano sobre las ideas claras y precisas
quiero decir (hocart)esiano, desde luego, para no ser confundido
con las doctrinas esencialistas de Descartes; ese dictum
que dice que en Fiji dos pronunciamientos contradictorios no son
necesariamente inconsistentes. "Ante nosotros sí aparecen
como contradictorios -dijo Hocart-, ya que sin esa experiencia no
conocemos el punto de vista a partir del cual se formula cada uno."
Probablemente no estemos cerca todavía del fin de las letanías
post-estructuralistas sobre el carácter inconsistente e inestable
de la lógica cultural: sobre las percepciones y los significados
que son diferentes para hombres y mujeres, jefes y plebeyos, ricos
y pobres, viejos y jóvenes, este pueblo y aquél, ayer
y hoy como si la diferencia implicara necesariamente el desorden.
Sin embargo, no todo lo que está a debate es cuestionable
(lo que también demuestra que preferimos parafrasear a Durkheim
en vez de sepultarlo). Por más polifónica o heteroglósica
que pueda ser una monografía, es improbable que encontremos
una voz japonesa en un estudio etnográfico sobre los indios
sioux. A fin de que las categorías puedan ser efectivamente
debatibles, debe existir un sistema común de inteligibilidad
que siente las bases, los medios y los modos del desacuerdo. Además,
las mismas diferencias a tratar proponen cierta relación.
Más aún si son subversivas y expresan, en un cierto
orden socio-político, los valores, posiciones e intereses
de los disertantes. Como señala Cassirer en otro contexto,
"la conciencia de una diferencia es la conciencia de una conexión."
La alternativa consiste en suponer que lo que la gente dice es,
desde la perspectiva de su existencia social, arbitrario y aleatorio
en cuyo caso, ciertamente, no podría existir conocimiento
antropológico alguno; y ni hablar de la existencia social
misma. Si las mujeres de una comunidad dicen una cosa y los hombres
otra en relación a cierto acontecimiento o fenómeno
dado, ¿la diferencia de lo que dicen no expresa acaso la
diferencia social de la construcción de los géneros:
sus posiciones discrepantes en (y su experiencia de un) cierto universo
social? Si esto es así, entonces hay una vía no contradictoria
¿quién se atrevería a decir una vía
totalizante? para describir la discrepancia. Sin duda existe
algún sistema en (y de) las diferencias. Bakhtin no supuso
ni por un minuto que la presencia de voces desestabilizadoras, disidentes,
era no-sistémica. Lo que dijo fue que dicha heteroglosia
producía, en combinación con el discurso autoritario,
un sistema más complejo.
En
la caída de Adam (Smith), todos pecamos
El
castigo fue el crimen. Al desobedecer a Dios para satisfacer sus
propios deseos, al anteponer el amor a sí mismo frente al
amor único por Él, el hombre fue condenado a ser esclavo
de insaciables deseos carnales: una criatura abandonada en un mundo
perverso y meramente material, ignorante y limitada por el trabajo,
el sufrimiento y, finalmente, por la muerte. Hecho de "espinas
y cardos", el mundo, dijo Agustín, "no responde
a lo que promete: es un hipócrita y un perjuro." La
decepción sobreviene de la imposibilidad de saciar nuestros
deseos libidinales a través de los bienes terrenales, del
poder y de los placeres carnales. Así que el hombre fue condenado
a "perseguir una cosa tras otra, sin que nada permanezca con
él... sus necesidades son tan múltiples que nunca
encontrará lo necesario, algo simple e inalterable."
Pero Dios fue generoso. Nos dio la Economía. En la época
de Adam Smith, esta miseria humana ya se había transformado
en una ciencia positiva de cómo hacer frente a nuestras insuficiencias
eternas; es decir: cómo extraer la mayor satisfacción
posible a partir de medios que son inevitablemente inferiores a
nuestras necesidades. En principio, no era más que la antigua
antropología judeo-cristiana sólo que aburguesada
y, vista en su conjunto, un proyecto más alentador sobre
las opciones de inversión que ofrece el sufrimiento humano.
En un famoso ensayo al respecto, Lionel Robbins reconoció
explícitamente que la génesis de la Economía
se hallaba en la economía del Génesis. "Hemos
sido arrojados del Paraíso", escribió, "no
tenemos vida eterna ni medios ilimitados para satisfacerla"
en su lugar, enfrentamos una vida llena de privaciones en
la que elegir una cosa buena significa privarse de otra. La auténtica
razón de que la Economía sea lamentable reside en
que es la ciencia del posdeterioro. Y el Hombre Económico
que habita la primera página de cualquier libro de texto
sobre Principios Generales de Economía es Adam.
Poética
de la cultura III
Poder,
poder por doquier,
Y de ideas hay que penar.
Poder, poder por doquier,
Y nada más en qué pensar.
La
actual obsesión foucaultiana-gramsciana-nietzcheana por el
poder es la encarnación más reciente del incurable
funcionalismo de la antropología. Como en sus predecesores
utilitaristas y estructural-funcionalistas, hegemonizar es homogeneizar:
disolver las formas culturales particulares en efectos instrumentales
genéricos. Antes lo que se tenía que saber sobre las
relaciones de dominio su "raison d'etre" meme
era su contribución al mantenimiento del orden social, incluso
cuando las ceremonias totémicas o los magos ordinarios organizaran
la producción de alimentos. Ahora, el "poder" es
el hoyo negro intelectual que acaba succionando todos los tipos
de contenidos culturales, al igual que alguna vez ocurrió
con la "solidaridad social" o con las "ventajas materiales".
Una y otra vez, pactamos este pésimo acuerdo con las realidades
etnográficas, renunciando a lo que sabemos de ellas con el
fin de comprenderlas. Como dijo Sartre del marxismo vulgar, nos
sentimos impelidos a ver en el contenido real de una idea o de un
acto una mera apariencia, y al disolver lo particular en un Universal
(en aquel entonces, el interés económico), nos sentimos
satisfechos de creer que hemos reducido la apariencia a la verdad.
Max Weber, al criticar ciertas explicaciones utilitaristas de los
fenómenos religiosos, observó que sólo porque
una institución pueda ser relevante para la economía
no significa que esté económicamente determinada.
Pero siguiendo a Gramsci y a Foucault, el actual neo-funcionalismo
del poder parece incluso más completo: como si todo lo que
pudiera ser relevante para el poder fuera poder. La
variedad de cosas que los antropólogos pueden explicar hoy
bajo las nociones de poder y resistencia, hegemonía y contra-hegemonía
se ha vuelto notablemente prodigiosa. Digo "explicar"
porque el argumento consiste exclusivamente en categorizar la forma
cultural en discusión en términos de dominación,
como si eso la explicara en sí. Aquí siguen algunos
ejemplos de los últimos años del Etnólogo
Americano y de Antropología Culta (Cultural):
1. Sobrenombres en Nápoles: "una práctica del
discurso empleada para construir una representación particular
del mundo social; [el apodar] puede convertirse en un mecanismo
que refuerza la hegemonía de los grupos nacionalmente dominantes
sobre los grupos locales que amenazan la reproducción del
poder social." [Boohhh: ¡nunca se sabe que hay en un
apodo!]
2. Poesía lírica nómada: es contra-hegemónica.
[¡Síííí!]
3. Las tendencias de la moda de las mujeres en La Paz: contra-hegemónicas.
[¡Síííí!]
4. La categorización social de los esclavos dominicanos liberados
como "campesinos": hegemónica. [Boohhh¡]
5. El sistema de fiestas de los Andes en el periodo colonial: hegemónico.
6. La "espiritualidad" instituida de las mujeres bengalíes
de clase media, tal y como se expresa en la dieta y en el vestido:
nacionalismo hegemónico y patriarcado.
7. Ciertos pronombres vietnamitas: hegemónicos.
8. Rituales fúnebres de los indios warao, Venezuela: contra-hegemónicos.
9. La construcción de casas a la manera de "hágalo
usted mismo" de los obreros brasileños: una aparente
contra-hegemonía que introduce una hegemonía peor.
10. La bromas pesadas y escatológicas de los varones desempleados
de la clase trabajadora méxico-norteamericana: "una
ruptura oposicional en la hegemonía alienante de la cultura
y la sociedad dominantes."
11. Sentido común: "la idea y el sentimiento de sentido
común no tranquilizan necesariamente a una población
ansiosa, pero pueden incitar a una rebelión violenta, aunque
contenida."
12. El concepto de cultura como una totalidad infértil y
de sociedad como una entidad absoluta: ideas hegemónicas
que "han enmascarado eficientemente la miseria humana y han
apagado de las voces disidentes." [¿Apagado? Que vengan
entonces los cansados y sedientos.]
"Una hiper-inflación del significado" sería
otra forma de describir el nuevo funcionalismo, que traduce lo aparentemente
trivial en lo fatalmente político a través de una
retórica que generalmente se lee como un diccionario de nombres
y conceptos de moda, muchos de ellos franceses, un auténtico
La Ruse del posmodernismo. Desde luego, el efecto en lugar
de aumentar la importancia de los sobrenombres napolitanos o los
pronombres vietnamitas, es trivializar términos como "dominación",
"resistencia", "colonización", incluso
"violencia" y "poder". Privadas de una referencia
política real, estas palabras se convierten en valores puros,
llenos de sonido y furia, que no significan nada...que no sea el
orador mismo.
Relevancia
No
sé en Gran Bretaña, pero en Estados Unidos muchos
estudiantes graduados muestran un total desinterés por otras
épocas y otros lugares. Aseguran que debemos estudiar nuestros
propios problemas actuales, ya que de alguna manera la otra etnografía
es imposible, puesto que sólo se trata de nuestra "construcción
del otro".
Si logran lo que quieren, y esto se convierte en el principio de
la investigación antropológica, de aquí a cincuenta
años nadie pondrá la más mínima atención
en el trabajo que están realizando ahora. Tal vez estén
sobre algo.
Orientalismo
Dedicado al Profesor Gellner
En
antropología, hay algunas cosas que es mejor dejar un-Said*
(implícitas).
Sobre
el origen de la religión
Kant
argumenta que conceptos como causa, sustancia, todo o uno, así
como tiempo y espacio, son condiciones a priori de la experiencia
posible. Al constituir la diferencia entre percepciones y juicios
empíricos, las primeras se transforman en descripciones universales
y objetivas: no "cuando el sol brilla sobre la piedra, ésta
se vuelve cálida", lo cual es un juicio meramente subjetivo
de percepción; sino más bien: "el sol calienta
la piedra", que añade el concepto de causa, convirtiendo
la percepción en una forma objetiva de la experiencia.
Pero los conceptos o categorías de la comprensión,
que presuponen la experiencia, no están necesariamente limitados
por las intuiciones sensibles. Por el contrario, dice Kant, no podemos
evitar proyectar las formas conceptuales mediante aquéllas
en las que está basada la experiencia más allá
de los límites de cualquier cosa empírica y, por tanto,
conocer un mundo del ser que, sin ser sensible, tenga las mismas
cualidades empíricas. Por consiguiente, "la comprensión
suma por sí misma a la estructura de la experiencia una dimensión
mucho más amplia, la cual satisface únicamente con
entidades de pensamiento, sin siquiera observar que ha traspasado
con sus conceptos, por otra parte legítimos, las fronteras
del uso."
En otras palabras, no se conoce nada que no tenga las propiedades
de la experiencia, aun cuando su existencia no pueda ser percibida.
¿No es éste el origen de la religión? Lo que
nosotros llamamos lo "espiritual" no es más que
la sensibilidad normal de lo "real".
El
síndrome del restaurante chino
¿Por
qué los occidentales bien intencionados están tan
preocupados de que la apertura de un Kentucky Fried Chicken en Pekín
signifique el fin de la cultura china, una fatal norteamericanización?
No acaso hemos tenido restaurantes chinos en Estados Unidos durante
más de un siglo, y eso no nos ha hecho chinos. Por el contrario,
obligamos a los chinos a inventar el chop suey. ¿Qué
podría ser más norteamericano? ¿Las papas a
la francesa?
Utilitarismo
Una
persona que concibe la vida como la búsqueda permanente de
la felicidad debe ser crónicamente infeliz.
La
antropología como crítica cultural
Si
la antropología es realmente crítica cultural, se
debería acaso recordar a Hobbes o a Rousseau, quienes al
menos eran conscientes de que estaban inventando un Otro antitético
con propósitos benéficos.
Esperando a Foucault
"Un
hombre de mil máscaras", dijo uno de los biógrafos
de Michel Foucault. Por lo tanto, qué tan seriamente podemos
tomar el disfraz que él asumió para decir que el poder
surge en la lucha, en la guerra, y que dicha guerra es como si fuera
de cada hombre contra cada hombre. "¿Quién lucha
contra quién?", preguntó. "Todos luchamos
unos contra otros." Los críticos y exégetas difícilmente
detectan la conexión de Foucault con Hobbes, más allá
de mencionar la renuncia aparentemente radical de que su propio
concepto de poder es "el opuesto exacto del proyecto de Hobbes
en Leviathan". Tenemos que abandonar nuestra fascinación
por la soberanía; "cercenen la cabeza del rey";
liberen nuestra atención de las instituciones represivas
del Estado. El poder viene de abajo. Está instalado en las
estructuras y hendiduras de la vida diaria, omnipresente en las
reglas cotidianas del conocimiento y de la verdad. Si en el contrato
hobbesiano los individuos constituyen el poder, el Commonwealth
que mantiene a todos sometidos por el temor, en el esquema de Foucault
el poder constituye a los individuos. A pesar de todo, del estructuralismo
que posteriormente Foucault abandonó por haber reconocido
lo perverso poli-amorfo, ese estructuralismo nos enseñó
que los opuestos son cosas semejantes en todos los aspectos sustanciales
menos en una. Cuando Foucault habla de la guerra de uno contra todos,
y en el siguiente instante incluso da indicios de cierto cristianismo
escindido "Y siempre hay dentro de cada uno de nosotros
algo que lucha contra algo más", nos sentimos
tentados a creer que él y Hobbes tienen más en común
que el hecho de que, a excepción de Hobbes, ambos eran calvos.
Sobre
la lectura de Janice Boddy: cultos del zar
"Implícitamente, proclaman",
"Inherentemente, ocultan"
Su crítica de la hegemonía.
Acaban con la hegemonía
Al probar
Que nunca existió.
Resisten
El discurso.
Dislocan,
Descentran, borran
La opción
De la muerte.
La objetividad como cualidad secundaria
Según
la epistemología básica de la Ilustración,
el conocimiento se halla fundamentado objetivamente por el interés;
por ejemplo, el placer y el dolor, lo cual, por tanto, nos muestra
las verdaderas condiciones de las propiedades de las cosas. ¿Por
qué nadie ha dicho que este empirismo, cuyo movimiento se
demuestra andando, hace de todo conocimiento objetivo el conocimiento
de "cualidades secundarias" en el sentido de Locke? La
objetividad de los objetos es relativa a un organismo cuya construcción
determina qué es placentero y qué es doloroso. Más
aún: en la medida en que este organismo está socialmente
construido, la objetividad es relativa al orden cultural. Lo mismo
se observa a partir del principio obvio de que es imposible agotar
la descripción empírica de cualquier cosa, ya que
puede ésta conocerse por sus relaciones con un número
indefinido de otras cosas. De ahí que la objetividad del
objeto sea siempre selectiva.
Esto es lo que hace que el uso referencial de los signos sea engañoso,
ya que tales usos pueden ser perceptualmente verdaderos, y en consecuencia
aparentemente naturales, aunque nunca necesarios. Para los franceses
la distinción entre "fleuve" y "rivière"
es la misma que existe entre una vía fluvial tierra adentro
que fluye hacia el mar y una corriente vital, inconmensurable, digamos,
con "río" y "corriente" que refieren
simplemente vías fluviales de diferentes escalas (Jonathan
Culler). No obstante, el uso francés no deja de marcar una
diferencia objetivo-empírica a pesar de que no sea la única
posible. Locke dijo que los hombres no harían que se creyera
que hablan ociosamente del mundo; pero esto no los inhibe de construir
el mundo de manera diversa, "de acuerdo con las Maneras, Hábitos
y Costumbres del País". A los franceses les preocupa
dónde se encuentra el mar. París, una ciudad tierra
adentro, tiene riberas a derecha e izquierda. Tal vez esto se debe
a que Inglaterra esté allí.
Más
sobre materialismo
De
ahí una contradicción con la que la antropología
ha tenido que vivir durante algún tiempo; a saber, que la
simbolicidad encierra la determinación material de lo simbólico.
Anti-relativismo
Visto
desde cualquier punto de vista, el relativismo cutural es un procedimiento
antropológico interpretativo es decir, metodológico.
No se trata del argumento moral de que cualquier cultura o tradición
es tan buena como otra, si no es que mejor. El relativismo es el
simple precepto de que, a fin de volverse inteligibles, los ideales
y las prácticas de otros pueblos deben situarse en su propio
contexto histórico; y deben ser entendidas en tanto que valores
en el ámbito de sus propias relaciones culturales en lugar
de ser valorados mediante juicios categóricos y morales de
nuestra propia hechura. Relatividad es la suspensión provisional
de nuestros propios juicios con el objeto de ubicar las prácticas
en cuestión en el orden histórico y cultural que las
hicieron posibles. No es de ninguna manera un asunto de convicciones.
Conciencia
de la cultura
La
palabra "cultura" se ha convertido en una valor común.
Para la presente generación, hace el trabajo que anteriormente
le fue asignado a la "psicología" o al "carácter
distintivo". Se solía hablar de "la psicología
de Washington (D. C.)" o del "el carácter distintivo
de la universidad". Ahora se habla de "la cultura de Washington"
y de "la cultura de la universidad". También de
"la cultura de la fábrica de puros", de "la
cultura de la adicción a las drogas", de "la cultura
de la adolescencia", de "la cultura de las reuniones de
antropología", etcétera. Durante mucho tiempo
sentí cierta preocupación por esta aparente degradación
del objeto de la antropología. Un día me di cuenta
de que la economía aún está en marcha como
una disciplina a pesar del hecho de que todo mundo hable sobre la
"economía" y las "economías",
y la sociología también sobrevive a todos los usos
de lo "social".
Terrorismo
posmoderno
Uno
de los aspectos más punzantes del actual clima posmodernista
es la manera en que parece lobotomizar a algunos de nuestros mejores
estudiantes graduados, al reprimir su creatividad por temor a hacer
alguna conexión estructural interesante o alguna generalización
comparativa. El único esencialismo seguro que les queda es
que en la cultura no existe orden alguno.
* N. del T.:
Sahlins se refiere indirectamente a Edward Said."El entretenimiento
después de la cena", palabras pronunciadas en la Cuarta
Conferencia de la Asociación de Antropólogos Sociales
del Reino Unido, Oxford, 29 de julio de 1993. Marshall Sahlins,
Waiting for Foucault and Other Aphorisms, (extractos), Prickly
Pear Pamphlets, Charlottesville, Virgina, 1999.Traducción
del inglés: Nora Sais
Marshall Sahlins,
"Esperando
a Foucault", Fractal
n° 16, enero-marzo,
2000, año 4, volumen V, pp. 11-30.
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