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Ángeles
Presencia
infinita de rostros borrados, mensajeros asiduos de los astros marchitos
por la fatiga de una esperanza. Infantes embrujados, ausencias invisibles,
lamentadas y desaparecidas palabras cuyo retorno el corazón
escruta. Quizá también benévolos espectadores
de las contradicciones terrestres, y guardianes de los resplandores
disimulados bajo las cenizas de las evidencias demasiado fáciles.
Gaudí
Tu
Sagrada Familia sin familia, con las torres solitarias inclinadas
sobre el otro siglo, en las manos apartadas del Tiempo. Tú
eres la esperanza que reúne las crestas distantes en la duración
de una vida, la existencia elevada sobre las llagas de un cuerpo
anonadado. Templo sin terminar, suspendido en las nubes aleatorias
del mundo. Sagrada Familia: morada precaria de los espacios infinitos
semejantes a las manos temblorosas del maestro que toman como punto
de mira el sol tras los horizontes de los imposibles. Sagrada Familia:
último refugio de los huérfanos, de los soñadores
catalanes. El amor grabado en la fluidez del mundo.
Autorretrato
Sueño
lo que callo, me supongo a mí mismo éste que es, me
recuerdo habiéndome visto. Me olvido mirándome de
frente, me esfuerzo por envejecerme. En la sonrisa de una muchacha,
yo me sé. Niño, reinvento sin cesar el espejo quebrado
donde se estampa la imagen de Narciso perseguido. Indiferente a
las bromas de aquellos que ya no creen en los espejismos de mis
cristales y en las Dulcineas tras las ventanas mas allá de
otros lugares.
Vista táctil
Yo
jamás toco, yo miro de cerca como el dios griego traicionado
por la bella Psiquis. En el presente, su mirada me provoca un sentimiento
amargo de distancia, de separación y de adiós. Sin
embargo no dejo de mirar de cerca para recuperar la sombría
luz de su presencia, escudriñando sus pestañas portadoras
del olor de ese día que los exilios terrestres ansían
en lo lejano.
Espejo
Oh
tú, saber efímero de mi tránsito terrestre,
pulido asilo
de vislumbres sustraídas, de los días que no regresarán.
Eres el juguete favorito de los niños que encierran a los
pájaros
en la ciudadela de las sombras.
En el crepúsculo, tú prolongas el silencio de las
ausencias
heridas.
Por la mañana, esperas capturar los rostros en el tránsito
del deseo.
Oh espejo, embrujada ventana que da sobre el alba de un día
nunca nacido.
En medio de la noche, desenmascaras al adorador y ríes
mostrando el lecho de muerte, todavía tibio, del
bienaventurado Narciso.
A veces te quiebras para no responder por tus crímenes.
A menudo juegas a las escondidillas hasta traicionar finalmente
tu desnudez maldita.
Mientes, disimulando tras tus pupilas vacías el acecho de
la muerte, y te cansas a veces y niegas a los ángeles el
refugio de tus falsas apariencias.
Al mediodía te hastías en el horror del vacío.
Traducción:
Raúl Dorra
Evgen
Bavcar, "Reimpresiones", Fractal
n° 15, octubre-diciembre,
1999, año 4, volumen IV, pp. 97-106.
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