Por
el contrario, el revuelo que los escritos de Tagore causaron a
principios del siglo se ha desvanecido en el resto del mundo,
especialmente en Europa y el continente americano. Era cosa de
ver el entusiasmo con que se recibió su obra. Gitanjali,
antología poética que le mereció el premio
Nobel de literatura en 1913, apareció en Londres en marzo
de ese año traducida al inglés, y se reeditó
diez veces antes de que se anunciara el premio ese mismo noviembre.
Sin embargo, en Occidente no es muy leído, y ya en 1937
Graham Greene podía decir: "en cuanto a Rabindranath
Tagore, no creo que nadie, salvo Yeats, pueda tomar muy en serio
sus poemas".
El contraste
entre la presencia rectora de Tagore en la literatura y la civilización
bengalí, y su casi total eclipse en el resto del mundo
es tal vez menos interesante que la diferencia entre considerar
a Tagore como un pensador contemporáneo importante y polifacético
en Bangladesh y la India, por un lado, y verlo en Occidente como
un espiritualista monótono y lejano, por el otro. El propio
Graham Greene explicaba que Tagore le evocaba "lo que Chesterton
llama los brillantes ojos de acerina de los teósofos".
En efecto, cierto aire de misticismo contribuyó a que Yeats,
Pound y los primeros admiradores de Tagore lo promovieran en Occidente.
Incluso Anna Ajmátova, una de las pocas admiradoras que
tendría después Tagore (ella tradujo sus poemas
al ruso a mediados de los años sesenta), habla de "ese
poderoso torrente de poesía que saca su fuerza del hinduismo
y del Ganges y se llama Rabindranath Tagore".
Rabindranath
provenía de una familia hindú, de un linaje que
había poseído tierras sobre todo en lo que hoy es
Bangladesh. Pero a pesar de lo acertada que pudo haber sido la
alusión de Ajmátova al hinduismo y al Ganges, ello
no fue obstáculo para que los habitantes de Bangladesh,
musulmanes en su mayoría, se identificaran profundamente
con Tagore y sus ideas. Y tampoco fue obstáculo para que
Bangladesh, recién independizada, escogiera una de las
canciones de Tagore ("Amar Sonar Bangla", que significa
"Mi dorada Bengala") como himno nacional. Esto puede
resultar muy desconcertante para quienes ven el mundo contemporáneo
como una "colisión de civilizaciones" donde "las
culturas musulmanas", "la civilización hindú"
y "la civilización occidental" chocan entre sí.
También
se desconcertarían con la descripción que Rabindranath
Tagore hace de su familia bengalí como el producto de "la
confluencia de tres culturas: la hindú, la mahometana y
la británica".(1) El abuelo
de Rabindranath, Dwarkanath, tenía fama por su dominio
del árabe y el persa, y Rabindranath creció en un
medio familiar en que el profundo conocimiento del sánscrito
y los viejos textos hindúes se combinaba con la comprensión
de las tradiciones islámicas y la literatura persa. No
es que Rabindranath tratara de producir la "síntesis"
de las diferentes religiones (como con tanto ahínco lo
intentó el gran emperador mongol Akbar), ni que tuviera
interés en hacerlo, sino que su perspectiva lo llevaba
a impugnar con decisión el sectarismo; y sus escritos alrededor
de 200 libros muestran el influjo de diferentes componentes
del legado cultural indio así como del resto del mundo.(2)
La mayor parte de su obra la escribió en Santiniketan (morada
de la paz), pequeña comunidad que creció en torno
a la escuela que él mismo fundó en Bengala en 1901.
Allí no sólo concibió un sistema de educación
imaginativo e innovador (al que volveré más adelante),
sino que, a través de sus escritos y su ascendiente sobre
estudiantes y maestros, pudo utilizar la escuela como un cuartel
desde el cual participar de manera importante en los movimientos
sociales, políticos y culturales de la India.
El escritor
profundamente original cuya elegante prosa y mágica poesía
conocen muy bien los lectores bengalíes no es el espiritual
gurú admirado y luego olvidado en Londres.
Tagore no sólo fue un poeta de ingenio plural; sino también
un gran cuentista, novelista, dramaturgo, ensayista y compositor
de canciones, así como pintor talentoso cuya obra, caprichosa
mezcla figurativa y abstracta, apenas hoy comienza a recibir el
reconocimiento que merecía. A mayor abundamiento, sus ensayos
se ocuparon de literatura, política, cultura, fenómenos
sociales, creencias religiosas, análisis filosóficos,
relaciones internacionales y mucho más. La coincidencia
del cincuentenario de la independencia india con la publicación
de la correspondencia escogida de Tagore, bajo el sello de Cambridge
University Press,(3) se presta para examinar
la naturaleza de las ideas y reflexiones de Tagore, así
como el tipo de liderazgo que ejerció en el subcontinente
durante la primera mitad de este siglo.
Gandhi
y Tagore
Dado
que Rabindranath Tagore y Mohandas Gandhi fueron dos de los principales
pensadores indios de este siglo, muchos estudiosos han intentado
comparar sus ideas. Al enterarse de la muerte de Rabindranath,
Jawaharlal Nehru, quien entonces se encontraba encarcelado en
una prisión británica de la India, escribió
en su diario el 7 de agosto de 1941:
Gandhi
y Tagore. Individuos por completo diferentes entre sí,
pero típicos de la India, los dos inscritos en la larga
fila de grandes hombres de su patria... No es tanto debido a
alguna virtud aislada sino al tout ensemble, por lo que
creo que entre los grandes hombres del mundo contemporáneo,
Gandhi y Tagore fueron supremos como seres humanos. Qué
buena suerte que haya podido estar en estrecho contacto con
ambos.
A Romain
Rolland le fascinaba el contraste entre ellos, y cuando terminó
su libro sobre Gandhi, le escribió a un profesor indio
en marzo de 1923: "Terminé mi Gandhi, en el
que pago tributo a esas dos grandes mentalidades como ríos
que desbordan el espíritu divino, Tagore y Gandhi".
Al mes siguiente consignó en su diario algunas de las diferencias
entre Gandhi y Tagore escritas por el reverendo C. F. Andrews,
clérigo y activista público inglés que llevó
estrecha amistad con ambos hombres (y cuya importante participación
en la vida de Gandhi en Sudáfrica y en la India refleja
muy bien la película Gandhi de Richard Attenborough).
Andrews refiere a Rolland una discusión entre Tagore y
Gandhi presenciada por él, en torno a temas que los dividían:
El
primer tema de discusión fueron los símolos. Gandhi
los defendía, pues consideraba que las masas no podían
responder de inmediato a las ideas abstractas. Tagore no soportaba
ver que se tratara siempre al pueblo como a un niño.
Gandhi aducía todo lo que la bandera, como símbolo,
había conseguido en Europa; a Tagore eso le parecía
fácilmente objetable, pero Gandhi perseveró y
comparó las banderas europeas que mostraban águilas,
etcétera, con la suya propia, en la que había
puesto una rueca. El segundo tema de discusión fue el
nacionalismo, defendido por Gandhi. Afirmaba que se debe pasar
por el nacionalismo para llegar al internacionalismo, de la
misma manera que debe pasarse por la guerra para llegar a la
paz.(4)
Tagore
sentía gran admiración por Gandhi, pero difería
de él en diversos asuntos, entre ellos el nacionalismo,
el patriotismo, la importancia de los intercambios culturales,
la racionalidad y la ciencia, así como sobre la naturaleza
del desarrollo económico y social. Estas diferencias, diría
yo, presentan una pauta clara y constante: Tagore lucha por un
ámbito más amplio de razonamiento, por una perspectiva
menos tradicionalista, con mayor interés por el resto del
mundo y más respeto por la ciencia y la objetividad en
general.
Rabindranath
sabía que no habría podido brindarle a la India
el liderazgo político que Gandhi le confirió, y
nunca hubo ironía en su reconocimiento de lo que Gandhi
hizo por la nación (de hecho, fue Tagore quien popularizó
el tratamiento de "Mahatma" alma grande
para Gandhi). Sin embargo, los dos fueron siempre profundamente
críticos de muchas de las ideas que el otro defendía.
El que Mahatma Gandhi haya recibido mucha más atención
fuera y dentro de la India es lo que confiere tanta importancia
a "la perspectiva de Tagore" respecto a los debates
entre él y Gandhi.
En su
diario de la cárcel, Nehru escribió: "Tal vez
sea bueno que [Tagore] se haya muerto ahora sin ver los horrores
que sobrevendrán en número cada vez mayor en el
mundo y la India. Ya había visto bastantes y le inferían
una tristeza infinita". Hacia el final de sus días,
Tagore desesperaba ante la situación de la India, especialmente
por su carga habitual de problemas, como el hambre y la pobreza,
a las cuales se sumaba la incitación organizada a la violencia
entre hindúes y musulmanes. Este conflicto llevaría
en 1947, seis años después de la muerte de Tagore,
a las matanzas generalizadas que se dieron durante la separación;
pero ya había corrido mucha sangre durante los últimos
días de su enfermedad. En diciembre de 1939 le escribió
a su amigo Leonard Elmhirst, filántropo y reformista social
inglés con quien había colaborado muy de cerca en
la reconstrucción rural de la India (y quien había
fundado en Inglaterra el Dartington Hall Trust y una escuela progresista
en Dartington que se apegaba explícitamente a los ideales
pedagógicos de Rabindranath):(5)
No
hace falta ser un derrotista para experimentar profunda ansiedad
por el futuro de millones que, no obstante su cultura innata
y sus tradiciones pacíficas, se ven sometidos simultáneamente
al hambre, a la enfermedad, a la explotación de propios
y extraños, y al descontento del comunalismo.
¿Qué
habría pensado Tagore de la India actual?, podemos preguntarnos
a cincuenta años de la independencia de 1947. ¿Vería
progreso, un desperdicio de oportunidad, tal vez incluso una traición
a sus promesas y convicciones? Y, pasando a un tema más
amplio, ¿cómo reaccionaría al difundido separatismo
cultural del mundo contemporáneo?
Oriente
y Occidente
Dado
el gran alcance de sus logros creativos, tal vez el aspecto que
más sorprende de la imagen de Tagore en Occidente sea su
estrechez de ideas: hoy se le considera "el gran místico
de Oriente", imagen que entraña un mensaje para Occidente
que para algunos será amable, para otros desagradable y,
para otros más, incluso profundamente aburrido. En gran
medida, ese Tagore fue creación de Occidente y se inscribía
en su tradición de búsqueda de mensaje del Oriente,
en especial de la India, la cual en
palabras de Hegel había "existido durante milenios
en la imaginación de los europeos".(6)
Friedrich Schlegel, Schelling, Herder y Schopenhauer fueron sólo
unos cuantos de los pensadores que siguieron la misma pauta. En
un principio teorizaron que la India era la fuente de la sabiduría
suprema. En cierta época Schopenhauer afirmaba incluso
que el Nuevo Testamento "debe ser de origen indio: así
se colige de su ética completamente india, que transforma
la moral en ascetismo, así como "su pesimismo y su
avatar" en "la persona de Cristo". Pero luego renegó
con firmeza de sus propias teorías, inculpando a veces
a la India de no vivir a la altura de sus expectativas infundadas.
Podemos
figurarnos que el aspecto físico de Rabindranath
bien parecido,
de barba, vestido de manera no occidental pudo haber contribuido
hasta cierto punto a que se le viera como portador de una sabiduría
exótica. Yasunari Kawabata, primer escritor japonés
laureado con el Nobel de literatura, atesoraba recuerdos de sus
días de secundaria, a propósito de "ese poeta
con aspecto de sabio":
Su
cabello blanco caía suavemente a ambos lados de la frente;
los mechones bajo las sienes eran también largos como
barbas, y juntándose al pelo de las mejillas, continuaba
en la barba con lo que le daba la impresión al muchacho
que era yo entonces, de un antiguo mago de Oriente.(7)
Esa
apariencia se prestaba muy bien para mostrar a Tagore en Occidente
como la quintaesencia del poeta místico y pudo haber propiciado
que se le encasillara. Al comentar el aspecto de Rabindranath,
Frances Cornford le dijo a William Rothenstein: "Ahora puedo
imaginar un Cristo poderoso y amable, lo que nunca pude hacer
antes". Beatrice Webb, a quien no le gustaba Tagore y se
resentía de lo que consideraba su "evidente antipatía
por todo lo que representan los Webb" (en verdad, no hay
mayores indicios de que Tagore se haya ocupado de este asunto),
decía que "era hermoso mirarlo" y que "su
habla tiene la perfecta entonación y la lenta modulación
como de canto de un santo trágico".
Ezra
Pound y W. B. Yeats, entre otros, formaron el primer coro de admiración
occidental en torno a Tagore y pronto pasaron a impugnarlo e incluso
criticarlo acremente. El contraste entre las alabanzas de 1912
de Yeats a su obra ("estos poemas... muestran en su pensamiento
un mundo con el que he soñado toda la vida", "la
obra de una cultura suprema") y su denuncia de 1935 ("maldito
Tagore") surge en parte de la imposibilidad de adaptar los
polifacéticos escritos de Tagore al estrecho modelo en
que Yeats quería meterlos. En verdad, Tagore escribió
muchísimo y publicó sin cesar, incluso en inglés
(a veces en mediocres traducciones), pero a Yeats le preocupaba
también, lo que resulta claro, la dificultad de encajar
los últimos escritos de Tagore en la imagen que Yeats le
había presentado al Occidente. Tagore, había dicho,
era el producto de "todo un pueblo, toda una civilización
inconmensurablemente extraña a nosotros", pese a lo
cual "nos hemos encontrado con nuestra propia imagen, o tal
vez hemos escuchado nuestra voz, por primera vez en literatura,
como en un sueño".(8)
Yeats
no renegó por completo de su antigua admiración
(a diferencia de Ezra Pound y algunos otros), e incluyó
algunos de los primeros poemas de Tagore en The Oxford Book
of Modern Verse, que editó en 1936. Tuvo también
cosas favorables que decir acerca de los escritos en prosa de
Tagore. Su censura de los poemas posteriores se vio reforzada
por el disgusto de las traducciones inglesas que Tagore hizo de
su obra ("Tagore no sabe inglés, ningún indio
sabe inglés", explicaba Yeats), a diferencia de la
versión inglesa de Gitanjali que el propio poeta
irlandés había ayudado a preparar. Desde luego que
la poesía es especialmente difícil de traducir,
y cualquiera que conozca los poemas de Tagore en su original bengalí
no podrá sentirse satisfecho con ninguna de las versiones
(hechas con o sin la ayuda de Yeats). Incluso las traducciones
de sus obras en prosa sufren, hasta cierto punto, deformaciones.
E. M. Forster dijo en la reseña de la traducción
de una de las grandes novelas bengalíes de Tagore, The
Home and the World, en 1919: "el tema es tan bello",
pero el encanto se ha "desvanecido en la traducción",
o tal vez "en un experimento que no resultó del todo".(9)
El propio
Tagore desempeñó un papel algo extraño en
el esplendor y el ocaso de su reputación en inglés.
Aceptó con gran sorpresa y placer los desmedidos elogios
y luego, con mayor sorpresa aún y aflicción apenas
disimulada, recibió los ataques. Tagore era sensible a
la crítica y le dolían incluso las acusaciones más
descabelladas, como la de que usurpaba el crédito de Yeats,
quien había "reescrito" Gitanjali. (Esta
la hizo un corresponsal de The Times, sir Valentine Chirol,
a quien E. M. Forster describiera una vez como "un viejo
angloindio ganapán y reaccionario".) De tarde en tarde
Tagore se quejaba también de la falta de tacto de algunos
de sus seguidores desmesurados. En 1920 le escribía a C.
F. Andrews: "Estas personas... son como borrachos temerosos
de sus intervalos de lucidez".
Dios
y otros
Yeats
no se equivocaba al ver un importante contenido religioso en los
escritos de Tagore. Ciertamente tenía cosas interesantes
y atractivas que decir sobre la vida y la muerte. Susan Owen,
madre de Wilfred Owen, le escribió a Rabindranath en 1920,
contándole su última conversación con su
hijo antes de que éste partiera hacia la guerra que habría
de quitarle la vida. Wilfred se despidió con "esas
maravillosas palabras de usted que comienzan diciendo Al
dejar este lugar, sea esta mi palabra de despedida".
Cuando el cuaderno de bolsillo de Wilfred fue devuelto a su madre,
ella encontró "estas palabras, escritas con su letra
entrañable, y abajo el nombre de usted".
La idea
de relacionarse con Dios de manera directa, gozosa y desprovista
de temor puede hallarse en muchos de los escritos religiosos de
Tagore, incluidos los poemas de Gitanjali. De las diversas
tradiciones religiosas de la India tomó él muchas
ideas, así de los textos antiguos como de la poesía
popular. Pero "los brillantes ojos de acerina de los teósofos"
no miran con fijeza desde sus versos. A pesar del lenguaje arcaizante
de la traducción original de Gitanjali, el cual,
en mi opinión, no contribuye a conservar la sencillez del
original, su humanidad elemental emana más claramente que
cualquier espiritualidad compleja e intensa:
¡Deja
las salmodias y cantos y adivinaciones por medio de abalorios!
¿A quién adoras en este solitario y oscuro rincón
del templo con las puertas cerradas?
Abre los ojos y mira: ¡tu Dios no está delante
de ti!
Él está ahí donde el labrador ara la tierra
dura, donde el peón de caminos tritura la piedra.
Está con ellos al sol y bajo el aguacero, y su túnica
está cubierta de polvo.
Hay
en muchos de los poemas devocionales de Tagore una ambigüedad
acerca de la experiencia religiosa, ambigüedad que los hace
atractivos a lectores de todo tipo de credo; pero la interpretación
demasiado acuciosa puede destrozar esa ambigüedad.(10)
Esto se aplica en especial a muchos de sus poemas en que se alternan
imágenes de amor humano y de devoción piadosa. Tagore
escribe:
Esta
noche no tengo sueño. Una y otra vez abro la puerta y
me asomo a la oscuridad, ¡amigo mío!
Nada veo delante de mí. ¿Dónde está
tu camino?
¿Hacia qué tenue orilla del río más
oscuro, por qué lejana linde de la selva ceñuda,
a través de qué sombrío laberinto encaminas
tus pasos para venir a verme, amigo mío?
Supongo
que sería útil saber, como Yeats se apresura a explicar,
que "la sirviente o novia que espera la llegada del señor
en la casa vacía" está "entre las imágenes
del corazón que se vuelve hacia Dios". Pero en lo
que fue considerado un intento de Yeats de que el lector no se
pierda "lo más importante", se ha perdido algo
de la enigmática belleza del poema bengalí, incluso
aquello que había sobrevivido al lenguaje anticuado de
la traducción inglesa. Tagore sostenía firmes creencias
religiosas (de un tipo inusitadamente no sectario), pero también
se interesaba en muchas otras cosas y tenía mucho que decir
acerca de ellas.
Algunas
de las ideas que intentaba comunicar eran francamente políticas
y figuraban en primer plano en sus cartas y conferencias. Tenía
puntos de vista prácticos y expresados con sencillez sobre
el nacionalismo, la guerra y la paz, la educación transcultural,
la libertad de conciencia, la importancia de la crítica
racional, la necesidad de apertura... Sin embargo, sus admiradores
de Occidente esperaban temas más ultramundanos, como aquellos
en que habían insistido sus primeros patrocinadores de
Occidente. La gente llegaba a sus conferencias públicas
en Europa y América esperando sus reflexiones sobre grandes
temas trascendentales; cuando, en cambio, escuchaban sus opiniones
sobre la manera como deberían comportarse los dirigentes
políticos, había cierto resentimiento, sobre todo
(como informa E. P. Thompson) cuando sus críticas políticas
se vendían "a $700 el sermón".
El
razonamiento en libertad
Para
Tagore era de la mayor importancia que la gente pudiera vivir
y razonar en libertad. Sus actitudes hacia la política
y la cultura, el nacionalismo y el internacionalismo, la tradición
y la modernidad, pueden verse todas a la luz de esta creencia.(11)
Tal vez nada exprese sus valores tan claramente como un poema
de Gitanjali:
Adonde
el ánimo no teme y la cabeza se sostiene erguida;
Adonde el conocimiento es libre;
Adonde el mundo no ha sido reducido a fragmentos por los estrechos
muros domésticos...
Adonde la clara corriente de la razón no se ha extraviado
en las tristes playas desiertas de los hábitos muertos...
Al cielo de la libertad, padre mío, permite que despierte
mi pueblo.
El autorizado
apoyo de Rabindranath a los movimientos nacionalistas al
igual que su oposición a la sujeción de un régimen
extranjero se originaba en ese compromiso. Otro tanto ocurría
con sus reservas acerca del patriotismo que, afirmaba, puede limitar
tanto la libertad de abrazar ideas externas a los "estrechos
muros domésticos" [nacionales] como la libertad de
adherirse a las causas del pueblo en otros países. La pasión
de Rabindranath por la libertad está en el fondo de su
firme oposición al tradicionalismo irracional que hace
del individuo un prisionero del pasado (perdido, como él
lo expresa en "las tristes playas desiertas de los hábitos
muertos").
Tagore
ilustra la tiranía del pasado en su divertida aunque profundamente
seria parábola "Kartar Bhoot" ("El fantasma
del caudillo"). Cuando el respetado dirigente de un país
imaginario está al borde de la muerte, sus aterrorizados
seguidores le piden que después de muerto siga con ellos
para decirles qué hacer. Él accede. Pero sus seguidores
se dan cuenta de que sus vidas están llenas de rituales
y restricciones tocantes a su conducta cotidiana y no responden
al mundo que los rodea. A fin de cuentas, le piden al fantasma
del caudillo que los libere de su dominación; sólo
entonces él les informa que únicamente existe en
la imaginación de ellos.
La profunda
aversión de Tagore por cualquier compromiso con el pasado
que no pueda modificarse mediante la razón contemporánea
alcanzaba incluso a la supuesta virtud de cumplir las promesas
de modo indefectible. En cierta ocasión, cuando Mahatma
Gandhi visitaba la escuela de Tagore en Santiniketan, una joven
mujer le pidió firmar su cuaderno de autógrafos.
Gandhi escribió: "Nunca prometas a la ligera. Pero
si lo haces, cumple así te cueste la vida". Al ver
este pensamiento, Tagore se mostró vivamente alterado.
En el mismo cuaderno escribió un breve poema en bengalí
en el que decía que nadie puede "esclavizarse para
siempre con cadenas de barro". Y concluía en inglés,
acaso para que Gandhi también pudiera leerlo: "Arroja
lejos tu promesa cuando veas que no es buena".(12)
Tagore
sentía la mayor admiración por Mahatma Gandhi como
persona y dirigente político, pero se mostraba también
muy escéptico acerca del nacionalismo de Gandhi y de sus
instintos conservadores tocantes a las tradiciones del país.
Nunca criticó personalmente a Gandhi. En su ensayo de 1938
"Gandhi, el hombre", escribió:
Siendo
tan grande como político, como organizador, como dirigente
de hombres, como reformador de la moral, más grande aun
es como hombre, porque ninguno de estos aspectos y actividades
limita su humanidad. Más bien se inspiran y sustentan
en ella.
Y sin
embargo, existe una profunda división entre los dos hombres.
Tagore fue explícito en cuanto a su desacuerdo:
Nosotros
que solemos exaltar nuestra tendencia a soslayar la razón
poniendo en su lugar la fe ciega, valorándola como espiritual,
siempre terminamos pagándola con el oscurecimiento de
nuestra mente y nuestro destino. Inculpo al Mahatma por explotar
esta fuerza irracional de la credulidad de nuestro pueblo, lo
que si bien pudo dar un resultado rápido [creando] una
superestructura, al mismo tiempo destruía los fundamentos.
Así fue como comenzó mi valoración del
Mahatma como guía de nuestra nación, y me alegro
que no haya terminado ahí.
Pero
si bien "no terminó ahí", esa diferencia
de criterios fue un factor poderoso de separación.
Tagore,
por ejemplo, nunca se convenció de la conveniencia de que
Gandhi abogara intensamente porque todos hilaran en sus hogares
con la "charka", el primitivo torno para hilar. Para
Gandhi esa práctica era un elemento importante de la expresión
nacional. "La rueca se fue convirtiendo", como escribe
su biógrafo B. R. Nanda, "en el centro del progreso
del campo en el esquema gandhiano de la economía india".(13)
Para Tagore el supuesto fundamento económico de este esquema
era poco realista. Como lo advirtió Romain Rolland, Rabindranath
"nunca se cansa de criticar la charka". En este juicio
económico, Tagore quizás tenía razón.
Salvo por el mercado más bien reducido de las telas hiladas
de gran calidad, es difícil encontrar sentido económico
al hilado a mano, incluso con tornos menos primitivos que la charka
de Gandhi. El hilado a mano como actividad generalizada sólo
puede subsistir mediante la ayuda de fuertes subsidios gubernamentales.(14)
Con
todo, la campaña de Gandhi en favor de la charka no se
basaba tan sólo en la economía. Quería que
todos hilaran "treinta minutos diarios como sacrificio",
viendo en ello una forma de que la gente de mayores posibilidades
se identificara con los menos afortunados. Se impacientaba con
la negativa de Tagore para entender este asunto:
El
poeta vive para el mañana, y querría que hiciéramos
lo mismo... "¿Por qué tendría yo,
que no necesito trabajar para comer, necesidad de hilar?",
podría preguntarse. Porque como lo que no me pertenece.
Vivo de expoliar a mis paisanos. Indaga de dónde viene
cada moneda que llega hasta tu bolsillo, y te darás cuenta
de la verdad de lo que escribo. Todos tienen que hilar. Que
Tagore hile como los otros. Que prenda fuego a sus ropas extranjeras;
tal es el deber de hoy. Dios se hará cargo del mañana.(15)
Si Tagore
no captó algo del argumento de Gandhi, tampoco Gandhi captó
el meollo de la crítica de Tagore. No era sólo que
la charka no tuviera mayor sentido económico, sino también,
pensaba Tagore, que no era la manera de hacer que la gente reflexionara
sobre cosa alguna: "La charka no le pide a nadie que piense;
uno simplemente le da vueltas interminablemente a la rueda del
anticuado artefacto, invirtiendo el mínimo de juicio y
energía".
Celibato
y vida privada
Las
actitudes de Tagore y de Gandhi ante la vida privada eran también
muy diferentes. Gandhi era afecto a las virtudes del celibato,
teorizó al respecto y, tras algunos años de vida
conyugal, hizo un compromiso privado anunciado luego públicamente
de abstenerse de dormir con su esposa. La actitud de Rabindranath
al respecto era muy diferente, pero supo expresar sus desacuerdos
con amabilidad:
[Gandhi]
condena la vida sexual por incompatible con el progreso moral
del hombre, y el sexo le horroriza tanto como al autor de La
sonata a Kreutzer pero, a diferencia de Tolstoi, no muestra
aborrecimiento alguno por el sexo que tienta a su género.
De hecho, su ternura por las mujeres es uno de los rasgos más
nobles y firmes de su carácter, y entre las mujeres de
su pueblo se cuentan algunos de sus camaradas mejores y más
fieles en el gran movimiento que acaudilla.
La vida
privada de Tagore fue, en muchos sentidos, una vida triste. Se
casó en 1883, perdió a su esposa en 1902 y nunca
volvió a casarse. Buscaba la compañía cercana
pero no siempre la conseguía. (Tal vez ni siquiera durante
su matrimonio; una vez le escribió a su esposa Mrinalini:
"Sería espléndido que tú y yo pudiéramos
ser camaradas en todo nuestro trabajo y en todos nuestros pensamientos,
pero no siempre se consigue lo que se desea".) Mantuvo una
cálida amistad y un poderoso vínculo platónico
con Kadambari, amante de la literatura y esposa de su hermano
mayor Jyotirindranath. Antes de casarse Tagore, le dedicó
algunos poemas y luego varios libros, algunos de ellos después
de la muerte de ella (Kadambari se suicidó por razones
que no han acabado de entenderse, a la edad de 25 años,
cuatro meses después de la boda de Rabindranath).
Mucho
después, durante su viaje por Argentina en 1924-1925, Rabindranath
conoció a la talentosa y bella Victoria Ocampo, quien luego
dirigiría la revista literaria Sur. Se hicieron muy buenos
amigos, pero al parecer Rabindranath desvió la posibilidad
de una relación pasional hacia una de carácter estrictamente
intelectual.(16) Su amigo Leonard Elmhirst,
que acompañó a Rabindranath en su viaje por la Argentina,
escribió:
Aparte
de poseer un penetrante conocimiento intelectual de sus libros,
ella estaba enamorada de él, pero en vez de contentarse
con alimentar la amistad a base del intelecto, tenía
urgencia de establecer una suerte de derecho de propiedad sobre
él, lo que de ninguna manera él habría
de tolerar.
Ocampo
y Elmhirst, aunque siempre se hayan tratado en términos
amistosos, eran bastante desconsiderados en lo que escribían
uno acerca del otro. El libro de Ocampo sobre Tagore (del que
el distinguido poeta y crítico Shanja Ghosh hizo una traducción
bengalí del español) se ocupa sobre todo de los
escritos de Tagore, pero también considera los placeres
y dificultades de la relación entre ambos, aunque da una
explicación muy diferente de la de Elmhirst y jamás
insinúa la menor intención de establecer una relación
de propiedad.
Sin
embargo, Victoria Ocampo deja bien claro que deseaba con gran
vehemencia acercarse físicamente a Rabindranath: "Poco
a poco él [Tagore] consiguió amaestrar a medias
al joven animal, arisco a veces, dócil por momentos, velando
como un perro a las puertas del amo, nada más porque no
estaba acabado".(17) También
estaba claro que Rabindranath se sentía muy atraído
hacia ella. La llamaba "Vijaya" (equivalente sánscrito
de Victoria), le dedicó un libro de poemas, Purabi,
"canción vespertina", y expresaba gran admiración
por su espíritu ("como una estrella a la distancia").
En una carta le escribió, como explicándole su renuencia:
Cuando
estábamos juntos, casi siempre jugábamos con las
palabras y al reír ahuyentábamos nuestras mejores
oportunidades de vernos claramente uno al otro... Siempre que
aparece la más pequeña señal de que el
nido se convierte en un celoso rival del cielo[,] mi espíritu
como un ave de paso, trata de... remontar el vuelo hasta una
playa lejana.
Cinco
años después, durante la gira de Tagore por Europa
en 1930, le mandó un cable: "¿No podrías
venir a verme?" Y ella acudió. Pero su relación
no cruzó los límites de la conversación,
y su correspondencia, un tanto ambigua, continuó a través
de los años. Uno de sus poemas de Sesh Leja (Últimos
escritos), fechado en 1940, un año antes de su muerte,
a los ochenta, parece referirse a ella: "¡Cómo
quisiera encontrar nuevamente el camino a esa tierra extranjera
donde me aguarda el mensaje del amor! / ...No conocía su
lengua, pero lo que sus ojos me decían mantendrá
para siempre la elocuencia de su angustia".(18)
Con
todo lo indeciso, confuso o torpe que pudo ser Rabindranath, desde
luego que no compartía las censuras de Mahatma Gandhi en
cuanto al sexo. De hecho, al tratarse de política demográfica,
era partidario del control de la natalidad y la planeación
familiar, mientras que Gandhi prefería la abstinencia.
La
ciencia y el pueblo
Gandhi
y Tagore diferían seriamente en sus actitudes hacia la
ciencia. En enero de 1934, Bihar fue devastada por un terremoto
que segó la vida de millares de personas. Gandhi, a la
sazón comprometido en cuerpo y alma en su lucha en contra
de las castas (sistema bárbaro heredado de las divisiones
en que "la gente baja" era mantenida a distancia), sacó
una lección positiva de la tragedia. "Un hombre como
yo", alegaba Gandhi, "no puede sino creer que este terremoto
es un castigo divino que Dios nos manda por nuestros pecados",
especialmente los pecados de las castas. "Para mí
existe una relación vital entre la desgracia de Bihar y
la campaña en contra de las castas".
Tagore,
que abominaba también de las castas y había luchado
junto a Gandhi en ese movimiento, protestó en contra de
esa interpretación del siniestro que había acarreado
el dolor y la muerte de tantos inocentes, incluidos niños
y recién nacidos. Aborrecía asimismo las razones
epistemológicas implícitas en considerar un terremoto
como consecuencia de desviaciones morales. "Esto es tanto
más desafortunado", escribió, "por cuanto
este tipo de apreciación supersticiosa de los fenómenos
[naturales] se acepta con demasiada facilidad en un sector muy
numeroso de nuestros compatriotas".
Siempre
tuvieron profundas diferencias en sus actitudes frente a la ciencia.
Sin embargo, mientras Tagore creía que la ciencia moderna
era esencial para comprender los fenómenos físicos,
sus puntos de vista epistemológicos eran curiosamente heterodoxos.
Él no se contentaba con adoptar la postura "realista"
que suele vincularse con la ciencia moderna. En conversación
con Einstein, publicada en The New York Times en 1930,
puede verse la insistencia de Tagore en interpretar la verdad
a través de la observación y la reflexión.
Afirmar que algo es verdadero o falso en ausencia de alguien que
observe o perciba su verdad, o formarse un concepto de lo que
es, le parecía a Tagore asaz objetable. Cuando Einstein
señaló:
Si
ya no hubiera seres humanos, ¿el Apolo Belvedere ya no
sería bello?
Tagore
simplemente respondió: "No".
Pasando
a un terreno mucho más interesante, Einstein dijo:
Estoy
de acuerdo con esta concepción de la belleza, pero no en
lo que se refiere a la verdad.
La respuesta
de Tagore fue:
¿Por
qué no? Se llega a la verdad a través del hombre.(19)
La epistemología
de Tagore, la cual nunca cultivó en forma sistemática,
parecería buscar una línea de razonamiento que más
tarde cultivaría con elegancia Hilary Putnam, quien alegaba:
"La verdad depende de esquemas conceptuales y no obstante
es verdad de veras".(20)
El propio Tagore no decía mayor cosa para explicar sus
convicciones, pero conviene hacerse cargo de su heterodoxia, no
sólo porque sus especulaciones eran invariablemente interesantes,
sino también porque ejemplifican cómo su defensa
de cualquier postura, incluso su poderoso interés por la
ciencia, iba acompañada de un cuidadoso examen crítico.
Nacionalismo
y colonialismo
Desde
luego que Tagore era hostil al sectarismo comunal (como la ortodoxia
hindú que se oponía a los credos islámico,
cristiano o sikh). Pero incluso el nacionalismo se le hacía
sospechoso. Isaiah Berlin resume muy bien la compleja postura
de Tagore frente al nacionalismo indio:
Tagore
no se arredró ante las dificultades ni traicionó
su postura sobre la difícil verdad. Criticó el
apego excesivo al pasado, actitud romántica que le parecía
tanto como atar a la India "como se apersoga el carnero
al poste del sacrificio"; quienes la adoptaban le parecían
reaccionarios, por ignorar en qué consiste la verdadera
libertad política, y señalaba que fue de los pensadores
y libros ingleses de los que se derivó la idea misma
de libertad política. Sin embargo, contra el cosmopolitismo
alegaba que los ingleses se sostenían por su esfuerzo
propio y que los indios deberían hacer otro tanto. En
1917 volvió a denunciar el peligro de "dejar todo
a la inflexible voluntad del amo", ya fuera brahmán
o inglés.(21)
La dualidad
que señala Berlin puede verse muy bien en la actitud de
Tagore hacia la diversidad cultural. Quería que los indios
se enteraran de lo que pasa afuera, de cómo viven, cuáles
son sus valores, etc., sin dejar de interesarse y comprometerse
en su propia cultura y tradiciones. En sus escritos sobre educación
insiste mucho en la necesidad de llegar a una síntesis.
Esto puede verse también en su consejo a los estudiantes
indios en el extranjero. En 1907 le escribió a su yerno
Nagendranath Gangulee, quien se había ido a estudiar agricultura
a Estados Unidos:
Familiarizarte
con la gente de ahí es parte de tu educación.
No basta que sepas agricultura; debes conocer también
Estados Unidos. Desde luego que si, conforme vas familiarizándote
con ese país, empiezas a perder tu identidad y caes en
la trampa de norteamericanizarte y menospreciar todo lo que
es indio, más te habría valido quedarte en un
cuarto cerrado.
Tagore
participó enérgicamente en contra del Imperio en
diversas ocasiones, sobre todo en el movimiento de oposición
a la propuesta británica de 1905 en el sentido de dividir
en dos la provincia de Bengala, plan que a la larga se abandonó
ante la resistencia popular. No tuvo empacho en denunciar la brutalidad
del dominio británico en la India, y con más fuerza
que nunca tras la matanza del 13 de abril de 1919, cuando 379
personas inermes que participaban en una manifestación
pacífica fueron abatidas por las balas del ejército
y dos mil más resultaron heridas. Entre el 23 y el 26 de
abril Rabindranath escribió cinco encendidas cartas a C.
F. Andrews, quien se hallaba igualmente conmocionado, luego de
que un súbdito civil de la Corona en la India le comunicó
que gracias a esa demostración de fuerza, el "prestigio
moral" del Imperio "nunca se había encumbrado
tanto".
Un mes
después de la matanza, Tagore le escribió al virrey
de la India, pidiéndole lo dispensara de la calidad de
caballero que cuatro años antes había aceptado:
Estamos
plenamente convencidos de que la desproporcionada severidad
del castigo infligido a gente desdichada, así como los
métodos de llevarlo a cabo, no tienen paralelo en la
historia de los gobiernos civilizados, con algunas excepciones
notables, recientes y remotas. Considerando que el mencionado
proceder se dirigió contra una población desarmada
y carente de recursos por parte de una potencia que cuenta con
la organización más terriblemente eficiente para
destruir vidas humanas, debemos afirmar de la manera más
terminante que [esa potencia] no está en condiciones
de alegar motivos políticos, ni mucho menos justificación
moral alguna... La ola universal de indignación que se
levantó en los corazones de nuestro pueblo ha sido preterida
por nuestros gobernantes, quienes tal vez se congratulan por
haber impartido lo que ellos juzgan una más de sus saludables
lecciones... Por mi parte, deseo mantenerme, exento de cualquier
distinción especial, al lado de esos compatriotas míos
que, en virtud de su supuesta insignificancia, han venido a
ser objeto de degradaciones indignas de los seres humanos.
Tanto
Gandhi como Nehru expresaron su aprecio por el importante papel
que desempeñó Tagore en la lucha de su patria. Después
de la independencia, la India eligió una canción
de Tagore ("Jana Gana Mana Adhinayaka", que aproximadamente
podría traducirse como "el dirigente de las almas
del pueblo") como himno nacional. Bangladesh, más
tarde, adoptaría otra canción de Tagore ("Amar
Sonar Bangla") como su himno nacional, por lo que acaso sea
el único escritor que haya sido escogido como autor de
los himnos nacionales de dos países distintos.
Las
críticas de Tagore a la manera británica de gobernar
la India fueron siempre enérgicas y, con los años,
se fueron haciendo más fuertes. Suele olvidarse este aspecto,
ya que tuvo especial cuidado de que sus críticas al imperialismo
británico estuvieran desprovistas de cualquier asomo de
desprecio por la civilización y el pueblo británico
o de los occidentales en general. La ingeniosa y conocida respuesta
de Mahatma Gandhi cuando en Inglaterra le preguntaron qué
pensaba de la civilización de Occidente ("Me parece
muy buena idea") no habría podido salir de labios
de Tagore. Entendía las provocaciones a las que respondía
Gandhi que expresaban tanto desdén cultural como
tiranía imperial. D. H. Lawrence sería un
refinado ejemplo de las primeras: "me sorprende cada día
más ver, en realidad, cuánto más se ha elevado
nuestra civilización europea respecto de lo que Oriente,
la India y Persia jamás soñaron... Ese fraude que
supone admirarlos, esa desafortunada actitud de adoración
por Tagore es de lo más desagradable". Pero, a diferencia
de Gandhi, Tagore no podía, ni en broma, expresarse desdeñosamente
sobre la civilización occidental.
Incluso
en la enérgica acusación que en 1941 hizo en contra
del dominio británico en la India, en la conferencia que
dio en su último cumpleaños, publicada más
tarde como panfleto bajo el título Crisis in Civilization,
deja bien claro que una cosa es oponerse al imperialismo occidental
y otra muy distinta negar la civilización de Occidente.
Al tiempo que veía cómo la India era sofocada bajo
el peso del dominio británico (y agregaba "otra grande
y antigua civilización respecto de cuya trágica
historia reciente los británicos no pueden deslindarse
es la china"), Tagore recuerda lo que la India ha ganado
"de los estudios en torno al teatro de Shakespeare y la poesía
de Byron y, sobre todo... el generoso liberalismo de la política
inglesa del siglo XIX". La tragedia se originaba, según
Tagore, en el hecho de que aquello que era realmente lo mejor
de su propia civilización, la primacía de la dignidad
en las relaciones humanas, no tenía lugar en la administración
británica de este país". "Si en su lugar
han establecido, bastón en mano, un reinado de la
ley y el orden, en otras palabras un régimen policiaco,
tal remedo de civilización no puede merecernos ningún
respeto".
La
crítica del patriotismo
Rabindranath
se rebeló en contra de la forma tan nacionalista que a
menudo adoptaba el movimiento de independencia, y esto lo llevó
a procurar una participación menos activa en la política
de su tiempo. Quería afirmar el derecho de la India a su
independencia sin negar la importancia de lo que el país
podía aprender libre y provechosamente del extranjero.
Temía que rechazar a Occidente en favor de las tradiciones
indias no sólo era de suyo limitante, sino que podía
convertirse en hostilidad frente a otras influencias externas,
entre ellas la cristiana, la cual llegó a partes de la
India durante el siglo cuarto; el judaísmo, que apareció
con la inmigración judía poco después de
la caída de Jerusalén, como hizo después
el zoroastrismo (principalmente en el siglo VIII) a través
de la inmigración parsi, y, desde luego y de manera más
importante, el islam, que ha tenido una presencia muy fuerte en
la India desde el siglo X.
La crítica
al patriotismo es un tema persistente en los escritos de Tagore.
Ya en 1908 resumió su postura en una carta en que respondía
a una crítica de Abala Bose, esposa de un gran científico
indio, Jagadish Chandra Bose: "El patriotismo no puede ser
nuestro último baluarte espiritual; mi refugio es la humanidad.
No compraré vidrio al precio de diamantes, y mientras viva
nunca permitiré que el patriotismo prevalezca sobre la
humanidad".
Su novela
Ghare Baire (The Home and the World) tiene mucho
que decirnos al respecto. En ella Nikhil, partidario de las reformas
sociales, incluyendo la liberación de la mujer, aunque
indiferente al nacionalismo, va perdiendo poco a poco la estimación
de su entusiasta esposa, Bimala, debido a su indiferencia ante
las agitaciones antibritánicas, actitud que a ella le parece
falta de compromiso patriótico. Bimala se fascina con Sandip,
un amigo nacionalista de Nikhil que habla con gran elocuencia
y actúa con militancia política, y acaba por enamorarse
de él. Nikhil se niega a cambiar sus puntos de vista: "Estoy
dispuesto a servir a mi país, pero mi devoción la
reservo para lo Justo, que es mucho más grande que mi patria.
Adorar a mi patria como a un dios sería tanto como atraerle
una maldición".(22)
Según
se desarrolla la anécdota, Sandip se disgusta con algunos
de sus paisanos porque no se unen a la lucha con la presteza que,
según él, deberían hacerlo ("algunos
mercaderes mahometanos todavía se resisten"). Con
tal de llegar a un acuerdo con los remisos, les quema sus exiguas
reservas de mercancías y los agrede físicamente.
Bimala tiene que admitir la relación entre los incipientes
sentimientos nacionalistas de Sandip y su comportamiento sectario
y, a la postre, violento. Entre los intensos acontecimientos que
siguen (Nikhil intenta ayudar a las víctimas poniendo su
vida en peligro) está el final del romance político
de Bimala.
El asunto
no es fácil y la bella película de Satyajit Ray,
The Home and the World, destaca brillantemente las tensiones
de la novela, así como los afectos y antipatías
de la historia. No extraña, pues, que la novela haya tenido
tantos detractores, no sólo entre los nacionalistas más
entregados de la India. A George Lukács le pareció
"un rollo de estambre pequeñoburgués de la
peor clase", "al servicio intelectual de la policía
británica", y "una caricatura abyecta de Gandhi".
Desde luego que sería absurdo identificar a Sandip con
Gandhi, pero el novelista hace una advertencia enérgica
aunque amable, como lo advirtió Bertold Brecht en su diario,
de la corruptibilidad del nacionalismo, toda vez que no es parejo.
El odio de un grupo puede conducir al odio de otros, independientemente
de lo distantes que tales sentimientos puedan hallarse del ánimo
de dirigentes generosos como Mahatma Gandhi.
Admiración
y crítica del Japón
La reacción
de Tagore al nacionalismo japonés es muy elocuente. Como
en el caso de la India, veía la necesidad de cultivar la
confianza en sí mismo de un pueblo derrotado y humillado,
de un pueblo rebasado por los adelantos de otros, como le ocurrió
al Japón, antes de recuperarse, durante el siglo XIX. Al
principio de una de las conferencias que pronunció en el
Japón en 1916 ("El nacionalismo en el Japón"),
observó que "la peor forma de vínculo es la
depresión, que mantiene a los hombres irremediablemente
encadenados y faltos de fe en sí mismos". Tagore admiraba
también al Japón por haber demostrado su capacidad
para rivalizar, entre los pueblos de Asia, con el desarrollo y
el progreso económico de Occidente. Advertía con
gran satisfacción que el Japón había "superado
a pasos de gigante siglos de inercia, alcanzando el presente en
su realización máxima". Para las naciones ajenas
a Occidente, decía, el Japón "ha conjurado
el embrujo que nos tiene adormilados durante edades enteras, como
si tal fuera la condición normal de algunas razas que viven
dentro de ciertos límites geográficos".
Pero
luego Tagore pasaba a criticar los brotes de fuerte nacionalismo
en el Japón, y su aparición como potencia imperialista.
Las críticas sin ambages de Tagore no fueron del agrado
del auditorio nipón y, como lo escribió E. P. Thompson,
"pronto se enfrió la bienvenida que le dieron en su
primera visita".(23) Veintidós
años después, en 1937, durante la guerra japonesa
en China, Tagore recibió una carta de Rash Behari Bose,
revolucionario indio antibritánico radicado en el Japón,
quien buscaba la aprobación de Tagore a sus esfuerzos en
nombre de la independencia india y contaba con el apoyo del gobierno
japonés. Tagore respondió:
Vuestra
carta me ha dado interminables horas de desazón, pues
me duele mucho tener que denegar vuestra solicitud. Querría
que hubiera usted pedido mi cooperación en una causa
en contra de la cual mi espíritu no protestase. Me hago
cargo de que, al hacer esta solicitud, contaba usted con la
gran consideración que tengo para los japoneses, pues
al igual que al resto de Asia, una vez admiré al Japón
y deseé fervientemente que Asia hubiera descubierto en
él, al fin, su desafío ante Occidente, y que la
nueva fuerza del Japón se consagrara a salvaguardar la
civilización oriental en contra de intereses extranjeros.
Pero el Japón no se ha demorado en traicionar esa esperanza
incipiente para repudiar todo lo que parecía importante
en su despertar maravilloso y, para nosotros, tan cargado de
simbolismo, y ahora se ha convertido en la peor amenaza para
los indefensos pueblos de Oriente.
Un factor
de división en la India era cómo juzgar la posición
del Japón en la segunda guerra mundial. Después
de la guerra, cuando se juzgó a los dirigentes políticos
japoneses por crímenes de guerra, la única voz que
disintió entre los jueces fue la de Radhabinod Pal, distinguido
jurista indio. Pal disentía en diversos aspectos, entre
ellos el de que no era posible un proceso justo en vista de la
asimetría de poder entre el vencedor y el vencido. Sentimientos
ambivalentes en la India hacia la agresión militar japonesa,
dada la inaceptabilidad del imperialismo británico, tal
vez intervinieron en cuanto a predisponer a Pal a
considerar un punto de vista diferente al de los otros jueces.
Un caso
más elocuente es el de Subhas Chandra Bose (sin parentesco
con Rash Behari Bose), nacionalista destacado que llegó
a Japón durante la guerra pasando por Italia y Alemania
luego de escapar de una prisión británica; ayudó
a los japoneses a formar unidades de soldados indios, los cuales
se habían rendido ante el avance del ejército japonés,
para combatir del lado del Imperio del Sol Naciente en su calidad
de "Ejército Nacional Indio". Rabindranath le
había profesado gran admiración a Subhas Bose como
esforzado luchador por la independencia india, al margen de cualquier
secta.(24) Sus trayectorias, sin embargo,
divergieron cuando las actividades políticas de Bose enfilaron
por esta senda, aunque Tagore ya había muerto cuando Bose
llegó al Japón.
Para
Tagore el militarismo japonés ejemplificaba la forma en
que el nacionalismo puede desencaminar incluso a una nación
de grandes logros y promesas. En 1938, Yone Noguchi, distinguido
poeta amigo de Tagore (al igual que de Yeats y de Pound), le escribió
a Rabindranath suplicándole reconsiderar su postura frente
al Japón. La respuesta de Tagore, escrita el 12 de septiembre
de 1938, era absolutamente inflexible:
No
creo que tenga caso que cualquiera de nosotros intente convencer
al otro, toda vez que no comparto tu fe en el infalible derecho
del Japón a amedrentar a las otras naciones de Asia para
integrarlas a la política de tu gobierno... Créeme,
lo que me impulsa a escribirte no es la ira, sino el pesar y
la vergüenza. Me duelo intensamente no sólo debido
a que los informes de los sufrimientos de China estrujan mi
corazón, sino también porque ya no puedo aducir
con orgullo el ejemplo de aquel gran Japón.
El poeta
se habría sentido mucho más a gusto si Japón
hubiera brotado tras la guerra como una potencia pacífica.
Y también, como no estaba libre de egoísmo, le habría
complacido la atención que a sus ideas concedían
el novelista Yasunari Kawabata y otros.(25)
Asuntos
internacionales
Tagore
no siempre estaba bien informado acerca de la política
internacional. Se permitió que Mussolini lo entretuviera
en una visita corta que el poeta hizo a Italia en mayo-junio de
1926, una visita arreglada por Carlo Formichi, profesor de sánscrito
en la Universidad de Roma. Cuando Tagore le pidió conocer
a Benedetto Croce, Formichi contestó: "¡Imposible,
imposible!" Mussolini le dijo que Croce "no estaba en
Roma". Al decirle Tagore que estaba dispuesto a ir "dondequiera
que esté", Mussolini le aseguró que se desconocía
el paradero de Croce.
Tales
incidentes, así como las advertencias de Romain Rolland
y otros amigos, debieron haber terminado antes con el flirteo
de Tagore con Mussolini. Pero sólo después de recibir
de manos de dos exilados, Gaetano Salyemini y Gaetano Salvadori,
pruebas palmarias de la brutalidad del fascismo italiano, y de
enterarse mejor de lo que ocurría en el país, Tagore
denunció públicamente el régimen, publicando
una carta en el Manchester Guardian en el mes de agosto.
Al mes siguiente, Popolo dItalia, revista dirigida
por el hermano de Benito Mussolini, respondía: "¿Qué
importa? Italia se ríe de Tagore y de quienes trajeron
a este afectado e insoportable tipo a nuestra tierra".
Con
sus elevadas expectativas respecto de la Gran Bretaña,
Tagore siguió mostrándose sorprendido por lo que
juzgaba una falta de simpatía oficial por las víctimas
internacionales de la agresión. Volvió a su tema
en la conferencia que pronunció en su último cumpleaños,
en 1941:
Mientras
Japón devoraba calladamente el norte de China, los veteranos
de la diplomacia británica se hacían los desentendidos
de tal acto de injustificable agresión. Hemos presenciado
también a la distancia cómo los hombres de Estado
británicos se apresuraron a aceptar la destrucción
de la República Española.
Pero
marcando siempre la distinción entre el gobierno y el pueblo
británicos, Rabindranath señalaba en seguida, "con
admiración, cómo un puñado de valientes ingleses
entregaban la vida por España".
La actitud
de Tagore frente a la Unión Soviética ha sido objeto
de mucha discusión. Era ampliamente leído en Rusia
y en 1917 podían conseguirse varias traducciones rusas
de Gitanjali (una publicada por Ivan Bunin, quien luego
sería el primer ruso en recibir el premio Nobel de literatura)
y a fines de los años veinte muchas de las versiones inglesas
de su obra habían sido trasladadas al ruso por distinguidos
traductores. Siguieron apareciendo versiones rusas de sus obras;
Boris Pasternak lo tradujo en los años cincuenta y en los
sesenta.
Cuando
Tagore visitó Rusia en 1930 le impresionaron sus esfuerzos
de progreso y lo que vio como un verdadero compromiso de desterrar
la pobreza y la desigualdad económica. Pero lo que más
le impresionó fue la expansión de la educación
elemental a todo lo largo del viejo imperio ruso. En sus Letters
from Russia, escritas en bengalí y publicadas en 1931,
compara desfavorablemente la aceptación del vasto analfabetismo
indio por parte del gobierno británico con los esfuerzos
rusos por difundir la educación:
Lo
primero que me llamó la atención al pisar suelo
ruso fue que, en materia educativa, en todo caso, las clases
campesina y obrera han hecho progresos de tal magnitud en unos
cuantos años que nada comparable ha ocurrido ni siquiera
entre nuestras clases elevadas en los últimos 150 años...
La gente de aquí no tiene el menor temor de impartir
educación completa incluso a los turcomanos del Asia
remota; por el contrario, se lo toman con la mayor seriedad.(26)
Cuando
en 1934 se tradujeron partes del libro al inglés, el subsecretario
para la India declaró en el Parlamento que tal obra "distorsionaba
deliberadamente los hechos con el fin de exponer al gobierno británico
al desdén y el descrédito en la India", con
lo que de inmediato se prohibió su circulación.
La versión inglesa no habría de publicarse hasta
después de la Independencia.
Educación
y libertad
Con todo,
los administradores británicos en la India no estaban solos
en su campaña para acallar las reflexiones de Tagore sobre
Rusia; contaban con el concurso de las autoridades soviéticas.
En una entrevista con Izvestia en 1930, Tagore criticó
con agudeza la falta de libertad que observaba en Rusia:
Debo
preguntarle: ¿le hacen algún servicio a su ideal
provocando, en las mentes de aquellos a quienes adoctrinan,
disgusto, resentimiento de clase y rencor en contra de quienes
ustedes consideran enemigos?... La libertad de pensamiento es
necesaria para llegar a la verdad; el terror la mata irremediablemente...
Por el bien de la humanidad, espero que nunca lleguen a crear
una fuerza maligna de violencia, la cual perduraría dando
lugar a una interminable cadena de violencia y crueldad... Ustedes
han tratado de eliminar muchos de los otros vicios del periodo
[zarista]. ¿Por qué no lo intentan también
con éstos?
Esta
entrevista no se publicaría en Izvestia hasta 1988,
casi sesenta años más tarde.(27)
La reacción
de Tagore a la Rusia de 1930 emanaba de dos de sus compromisos
más firmes: su creencia indeclinable en la importancia
de la "libertad de pensamiento" (fuente de su crítica
a la Unión Soviética), y su convicción de
que la expansión de la educación primaria es fundamental
para el progreso social (motivo de sus elogios, especialmente
por contraste con la India bajo el imperio británico).
Identificaba la falta de educación básica con el
principal origen de muchos de los males sociales y económicos
de la India:
Soy
del sentir que la impresionante torre de miseria que hoy descansa
sobre el corazón de la India tiene su causa única
en la falta de educación. Las divisiones de castas, los
conflictos religiosos, la aversión por el trabajo, las
condiciones económicas precarias, todo se centra en este
único factor.
Sería
en la educación (y en la reflexión, el diálogo
y la comunicación que se asocian con ella), más
que, por decir algo, en hilar "como sacrificio" ("la
charka no le pide a nadie que piense"), sobre la que se cifraría
el futuro de la India.
A Tagore
no sólo le preocupaba que hubiera mayores oportunidades
educativas en el país (sobre todo en las zonas rurales
donde había pocas escuelas), sino que las escuelas mismas
fueran más atractivas y disfrutables. Él mismo había
desertado pronto de la escuela, más que nada por aburrimiento
y nunca se preocupó por obtener el diploma. Escribió
largamente sobre cómo hacer más atractivas las escuelas,
y por lo tanto más productivas, para niños y niñas.
La escuela mixta que fundó en Santiniketan contaba con
muchos elementos de progreso. En ella se ponía el acento
en el interés individual más que en la disciplina,
y más que en la excelencia competitiva, en alentar la curiosidad
intelectual.
Buena
parte de la vida de Rabindranath transcurrió dedicada a
la escuela de Santiniketan. La escuela nunca tuvo mucho dinero,
pues las colegiaturas eran muy bajas. Los honorarios de sus conferencias
"a $700 el sermón" se destinaban a apoyarla,
al igual que casi todo el dinero de su premio Nobel. La escuela
no tenía apoyo gubernamental, pero sí lo consiguió
de particulares; incluso Mahatma Gandhi colectó dinero
para ella.
La disputa
con Mahatma Gandhi sobre el terremoto de Bihar tocó un
tema muy importante para Tagore: la necesidad de educación
científica además de los conocimientos de literatura
y humanidades. En Santiniketan había fuertes elementos
"locales" por cuanto se insistía en las tradiciones
indias, incluyendo los clásicos, y en emplear el bengalí
en lugar del inglés como la lengua de enseñanza.
Al mismo tiempo había cursos sobre una gran variedad de
culturas y programas de estudio dedicados a China, Japón
y el Medio Oriente. Muchos extranjeros llegaban a Santiniketan
a estudiar o enseñar, y esa fusión de estudios parecía
tener buenos resultados.
Confieso
mi parcialidad al ver a Tagore como educador, ya que me eduqué
en Santiniketan. La escuela era especial en muchos sentidos, como
en la peculiaridad de sus clases que, salvo por las que requerían
laboratorio, se daban al aire libre (siempre que lo permitiera
el tiempo). Aparte de lo que pensáramos sobre la creencia
de Rabindranath en que es bueno estar en un medio natural mientras
se aprende (algunos discutíamos sobre esta teoría),
lo normal era que las clases al aire libre nos parecieran de lo
más atractivo y agradable. Académicamente nuestra
escuela no era de lo más exigente (a menudo no se nos ponían
exámenes), ni podría competir conforme a las normas
académicas usuales con alguna de las mejores escuelas de
Calcuta. Pero había algo notable en la facilidad con que
las discusiones de clase pasaban de la literatura tradicional
de la India al pensamiento occidental contemporáneo y clásico,
y luego a la cultura de China, el Japón o cualquier otra.
La celebración que la escuela hacía de la pluralidad
contrastaba violentamente con el conservatismo y separatismo culturales
que de tiempo en tiempo tendía a hacer presa de la nación.
El toma
y daca cultural de la visión de Tagore respecto del mundo
contemporáneo tiene aspectos muy comparables con la visión
de Satyajit Ray, que fue también alumno de Santiniketan
e hizo varias películas basadas en cuentos de Tagore.(28)
Las palabras que pronunció Ray sobre Santiniketan en 1991
le habrían gustado mucho a Rabindranath:
Considero
los tres años que pasé en Santiniketan como los
más fructíferos de mi vida... Santiniketan me
abrió los ojos a los esplendores del arte indio y del
extremo Oriente... Hasta entonces estuve completamente bajo
el influjo del arte, la música y la literatura de Occidente.
Santiniketan me convirtió en el producto compuesto de
Oriente y Occidente que soy.(29)
Cincuenta
años después de la Independencia
Al aproximarse
el cincuenta aniversario de la Independencia india, sopesar qué
se ha logrado y qué no en este medio siglo pasa a ser tema
de primordial interés: "¿Cuál ha sido
la historia de esos primeros cincuenta años?" (como
se pregunta Shashi Tharoor en su India: From Midnigth to the
Millennium, tratado equilibrado, informativo y disfrutable).(30)
Si Tagore pudiera ver la India de hoy, medio siglo después
de la Independencia, tal vez nada lo desconsolaría tanto
como la persistencia del analfabetismo de las masas. La consideraría
una traición absoluta a lo que los dirigentes nacionales
prometieron durante la lucha por la emancipación, promesa
que figuró incluso en la arenga de Nehru (sobre la "cita
con el destino") en vísperas de la Independencia de
la India, en agosto de 1947.
Por
su interés en la educación elemental, Tagore no
se consolaría con la extraordinaria expansión de
la educación universitaria al grado de que, en comparación
con China, la India envía a sus universidades seis veces
más estudiantes por unidad de población. Más
bien le sorprendería que, en contraste con el Asia oriental
y del sureste, incluida China, la mitad de la población
adulta y dos tercios de las mujeres indias siguen sin poder leer
ni escribir. Sondeos estadísticos confiables indican que
incluso a finales de los años ochenta cerca de la mitad
de las niñas campesinas entre los 12 y los 14 años
de edad no asistieron a la escuela un solo día de sus vidas.(31)
Este
estado de cosas es resultado de la perpetuación del desinterés
del Imperio Británico por la educación popular,
el cual se vio reforzado por el tradicional elitismo de la India
así como por una política contemporánea dominada
por las clases superiores (excepto en partes de la India como
Kerala, donde los movimientos contrarios a las castas superiores
tendieron a concentrarse en la educación como un importante
factor de progreso). Tagore vería el analfabetismo y la
incuria educativa no sólo como la principal fuente del
inveterado retraso social de la India, sino también como
el gran obstáculo que disminuye la posibilidad y el alcance
del desarrollo económico (como se aclara en sus escritos
al respecto). También habría resentido hondamente
la necesidad de un mayor compromiso y un mayor sentido de urgencia
en cuanto a desterrar la pobreza endémica.
Al mismo
tiempo, sin duda que Tagore habría encontrado alguna satisfacción
en la supervivencia de la democracia en la India, en su prensa
libre hasta cierto punto y en la "libertad de pensamiento"
que la política india posterior a la Independencia, en
términos generales, ha conseguido mantener. También
le agradaría el hecho que apunta el historiador E. P. Thompson
(cuyo padre, Edward Thompson, escribiera una de las primeras biografías
importantes de Tagore):(32)
Todas
las influencias convergentes del mundo pasan por esta sociedad:
la hindú, la musulmana, la cristiana, la secular: stalinistas,
liberales, maoístas, socialistas demócratas, gandhianos.
No hay pensamiento generado en Occidente o en Oriente que no
acabe por prender en alguna mentalidad de la India.(33)
A Tagore
también le habría dado gusto ver que el único
intento gubernamental de suprimir las libertades básicas
y los derechos políticos y civiles de la India en los años
setenta (cuando la primera ministra Indira Gandhi, que había
estudiado en Santiniketan, declaró un estado de "emergencia")
fue rechazado contundentemente por los electores, lo que precipitó
la caída de su gobierno.
Rabindranath
vería también que las reformas políticas
que han eliminado la hambruna a partir de la Independencia tienen
mucho que ver con la libertad de expresión en la India
democrática. En la obra de teatro de Tagore Raja o Rani
("El rey y la reina"), la compasiva reina se rebela
a la larga en contra de la
insensibilidad de la política estatal respecto del hambre.
Comienza por preguntar a qué se deben los desagradables
sonidos de la calle, sólo para enterarse de que el ruido
proviene de "la turba insensible y clamorosa que, sin recato,
aúlla de hambre y perturba la dulce paz del palacio".
La oficina virreinal en la India pudo haber adoptado una actitud
análoga respecto de las hambrunas, hasta que, justo antes
de la Independencia, sobrevino la hambruna bengalí de 1943,
la cual habría sido fácilmente previsible y mató
entre dos y tres millones de personas. Pero el gobierno de una
democracia pluripartidista con elecciones y prensa libre ya no
puede desoír a "la turba insensible y clamorosa".(34)
A diferencia
de Gandhi, Rabindranath no resentía el desarrollo de las
industrias modernas en la India, ni la aceleración del
progreso técnico, puesto que no deseaba ver a la India
relegada a hacer girar "la rueda de un invento anticuado".
A Tagore le preocupaba que la gente no fuera dominada
por
las máquinas, pero no tenía nada en contra de hacer
buen uso de la tecnología moderna. "El [secreto del]
dominio sobre la máquina", escribió en Crisis
in Civilization, "merced al cual los británicos
han consolidado su soberanía sobre su vasto imperio, ha
sido mantenido en un libro sellado, el acceso al cual se ha negado
a este país desamparado". Rabindranath tenía
profundo interés en el ambiente: le preocupaba en especial
la deforestación y ya en 1928 promovió un "festival
de la siembra de árboles" (vriksha-ropana).
Aunque habría querido más compromiso civil y gubernamental
en asuntos ecológicos, no habría derivado de tal
postura el ataque generalizado en contra de la industria y la
tecnología modernas.
Sobre el separatismo cultural
Rabindranath
se habría conmocionado con la intensificación del
separatismo cultural en la India y otras partes del mundo. La
"apertura" que tanto valoraba se encuentra hoy amenazada
en muchos países. El fundamentalismo religioso aún
tiene relativamente pocos seguidores en la India, pero diversas
facciones parecen estar haciendo su mejor esfuerzo por allegarse
adeptos. El sectarismo religioso ha tenido gran éxito en
algunas partes de la India (sobre todo en el oeste y en el norte).
Tagore asociaría la expansión del sectarismo religioso
con una perspectiva artificialmente separatista de la cultura.
Se habría
resistido con firmeza a definir a la India en términos
hindúes, y no como una "confluencia" de muchas
culturas. Incluso después de la división de 1947,
la India sigue siendo la tercera nación musulmana más
grande del mundo, con una población musulmana mayor que
la de Bangladesh y casi tan numerosa como la de Pakistán.
Sólo Indonesia tiene muchos más seguidores del islam.
Al señalar la inmensa heterogeneidad de las raíces
culturales de la India y la diversidad de su historia, Tagore
afirmaba que la "idea de la India" misma militaba en
contra de una apreciación separatista cultural: "en
contra de la intensa conciencia de separación de nuestra
propia gente respecto de las otras".
Tagore
se opondría también al nacionalismo cultural que
recientemente ha ganado cierto terreno en la India, aparejado
a un temor desmedido a la influencia del Occidente. Él
era inflexible en su convicción de que los seres humanos
son capaces de absorber con provecho culturas muy diferentes:
Todo
lo que entendemos y disfrutamos de los productos del hombre
se vuelve instantáneamente nuestro, sin importar dónde
se haya originado. Me enorgullezco de mi humanidad cuando puedo
reconocer como míos a los poetas y artistas de otras
naciones. Quiero sentir con alegría incontaminada que
todas las glorias del hombre son mías. Por eso me duele
profundamente oír clamores de repudio en contra de Occidente
en mi país, cuando se alega que la educación occidental
sólo puede hacernos daño.
Cabe
aclarar que Rabindranath no carecía de orgullo por su propio
legado indio, y a menudo lo expresaba. En Oxford habló
con patente satisfacción sobre la importancia de las ideas
religiosas de la India, citando tanto textos antiguos como poemas
populares (como los versos de Kabir, poeta musulmán del
siglo XVI). En 1940, cuando se le concedió el doctorado
honoris causa de la Universidad de Oxford, en una ceremonia
celebrada en su propio establecimiento educativo de Santiniketan
("In gangem defluit Isis", explicó oportunamente
el representante de Oxford), ante la previsible "andanada
de latines", Tagore respondió "con una andanada
de sánscrito", como nos lo refiere Marjorie Sykes,
amiga cuáquera de Rabindranath. El entretenido resumen
que ella hace del encuentro ("La India se salió con
la suya") no desmereció del orgullo de Tagore en cuanto
a la cultura india. Su actitud de bienvenida a la civilización
occidental se vio apoyada por su confianza: no veía a la
cultura india tan frágil ni tan necesitada de "protección"
en contra de la influencia occidental.
En la
India, escribió, "las circunstancias casi nos obligan
a aprender inglés, y este afortunado accidente nos ha dado
la oportunidad de entrar en contacto con la más rica y
poética literatura universal". Me parece que hay mucha
fuerza en el argumento de Rabindranath en favor de distinguir
claramente entre la injusticia que supone la grave desigualdad
de poder (el colonialismo es el mejor ejemplo de esto) y la importancia
que de cualquier modo tiene apreciar la cultura occidental con
la mente bien dispuesta, en los territorios coloniales y poscoloniales,
a fin de ver qué provecho se obtiene de ello.
Rabindranath
insistía en discutir sin ambages cualquier tema y desconfiaba
de las conclusiones basadas en fórmulas mecánicas,
sin que importara lo atractivo que la fórmula pudiera parecer
en sí misma (como "Puesto que a esto nos obligaron
nuestros amos coloniales, debemos rechazarlo", "Es parte
de nuestra tradición: debemos seguirla", "Hemos
prometido hacer esto: tenemos que cumplir nuestra promesa",
etcétera). Lo que una y otra vez se pregunta es si tenemos
suficiente razón para querer lo que se pueda proponer teniendo
en cuenta todas las circunstancias. Con todo lo importante que
es la historia, la razón no sólo ha de atender al
pasado. En la soberanía del razonamiento, del razonamiento
sin miedo y en libertad, es en donde podemos encontrar la voz
más perdurable de Rabindranath Tagore.*
©
The New York Review
26 de junio de 1997
Traducción del inglés: Jorge Brash
_____________________________
* Por sus invaluables comentarios, debo expresar mi agradecimiento
a Akeel Bilgrami, Sissela Bok, Sugata Bose, Supratik Bose, Krishna
Dutta, Rounaq Jahan, Salim Jahan, Andrew Robinson, Nananda Sen,
Gayatri Chakravorty Spivak y Shanshi Tharoor.
Notas
_____________________________
(1) Rabindranath Tagore, The Religion
of Man, Londres, 1931 (2a. ed., 1961). Kshiti Mohan Sen se
ocupa de las profusas interacciones entre los componentes hindú
y musulmán de la cultura india (en cuanto a creencias religiosas,
códigos sociales, pintura, escultura, literatura, música
y astronomía) en Bharate Hindu Mushalmaner Jukto Sadhana
(en Bengalí), Calcuta, 1949 (ed. aumentada, 1990), e Hinduism,
Penguin, 1960.
(2)
El padre de Rabindranath, Debendranath, se había afiliado
al grupo religioso reformista Brahmo Samaj, que abjuraba de muchas
prácticas hindúes contemporáneas por considerarlas
aberraciones de los antiguos textos hindúes.
(3)
Selected Letters of Rabindranath Tagore, ed. de Krishna
Dutta y Andrew Robinson, Cambridge, 1997. Este ensayo se nutre
de mi Prefacio a esta colección. En cuanto a importantes
antecedentes sobre Rabindranath Tagore y su recepción en
Occidente, véase también Rabindranath Tagore:
An Anthology, Picador, 1997.
(4)
Véase Romain Rolland and Gandhi Correspondence,
prefacio de Jawaharlal Nehru, Nueva Dehli, 1976, pp. 12-13.
(5)
En cuanto a Darlington Hall, la escuela y los Elmhirst, véase
Michael Young, The Elmhirsts of Darlington: The Creation of
an Utopian Community, Routledge, 1982.
(6)
Intenté analizar estos enfoques "exóticos"
de la India (al igual que otros enfoques occidentales) en "India
and the West", The New Republic, 7 de junio, 1993,
y en "Indian Traditions and the Western Imagination",
Dedalus, primavera, 1997.
(7)
Yasunari Kawabata, The Existence and Discovery of Beauty, Tokio,
1969, pp. 56-57.
(8)
W. B. Yeats, "Intoducción", en Rabindranath Tagore,
Gitanjali, Londres, 1913.
(9)
El propio Tagore dudó al paso de los años sobre
los méritos de sus propias traducciones. A su amigo Sir
William Rothenstein, el pintor, le dijo: "Estoy que recordarás
con cuánta renuencia e inseguridad puse en tus manos mi
manuscrito de Gitanjali, con la convicción de que
mi inglés era de ese tipo amorfo por cuya sintáxis
podría reprenderse a un escolar". Estos y semejantes
asuntos son tratados por Nababeeta Dev Sen, "The 'Foreign
Reincarnation' of Rabindranath Tagore", Journal of Asian
Studies, 25, 1966, reproducido, al igaul que otros artículos
pertinentes, en su Couterpoints: Essays in Comparative Literature,
Calcuta, 1985.
(10)
La importancia de la ambigüedad y las descripciones parciales
en la poesía de Tagore arroja cierta luz sobre la sorprendente
tesis de William Radice (uno de los principales traductores ingleses
de Tagore), según la cual "su mezcla de poesía
y prosa resulta tanto más veraz cuanto más incompleta",
Rabindranath Tagore: Selected Short Stories, Penguin, 1991,
p. 28.
(11)
Satyajit Ray, el director de cine, ha dicho que incluso en las
pinturas de Tagore "el ánimo que se recrea... es de
una libertad gozosa". Andrew Robinson, The Art of Rabindranath
Tagore, Londres, 1989.
(12)
Consignado en Amita Sen, Anando Sharbokaje (en bengalí),
Calcuta, 1996, p. 132.
(13)
B. R. Nanda, Mahatma Gandhi, Oxford, 1958.
(14)
Los asuntos económicos se tratan en mi Choice of Techniques,
Blackwell, 1960.
(15)
Mohandas Gandhi, citado por Krishna Kripalani, Tagore: A Life,
Nueva Delhi, 1961 (2a. ed., 1971).
(16)
Para los pormenores de estos acontecimientos, véase Dutta
y Robinson, Rabindranath Tagore: The Myruad-Mided Man,
cap. 25, y Ketaki Kushari Dyson, In Your Blossoming Flower-Garden:
Rabindranath Tagore and Victoria Ocampo, Nueva Delhi, 1988.
(17)
Publicado en traducción inglesa en Rabindranath Tagore:
A Centenary Volume, 1861-1961, Nueva Delhi, 1961.
(18)
De la traducción inglesa de K. Kripalani, Tagore: A
Life, p. 185.
(19)
"Einstein and Tagore Plumb the Truth", The New York
Times Magazine, 10 de agosto, 1930; reproducido en Dutta y
Robinson, Selected Letters of Rabindranath Tagore.
(20)
Hilary Puttnam, The Many Faces of Realism, Open Court,
1987. Sobre asuntos afines, véase también Thomas
Nagel, The View form Nowhere, Oxford, 1986.
(21)
Isaiah Berlin, "Rabindranath Tagore and the Counciousness
of Nacionality", The Sence of Reality: Studies in Ideas
and Their History, Farrar, Straus and Giroux, 1997, p. 265.
(22)
Martha Nussbaum da inicio a su ampliada crítica del patriotismo
(en un debate al que se suman muchos otros) citando este pasaje
de The Home and The World, en Martha C. Nussbaum y cols.,
For Love of Country, Beacon Press, 1996.
(23)
E. P. Thompson, introducción a Nationalism de Tagore,
Londres, 1991, p. 10.
(24)
Un análisis lúcido e informativio del papel que
desempeñaron Subhas Chandra Bose y su hermano Sarat en
la política india puede verse en Leonard A. Gordon, Brother
Against the Raj: A Biography of Indian Nationalism Sarat and Subhas
Chandra Bose, Columbis University Press, 1990.
(25)
Kawabata aprovecho así de una vez las ideas de Tagore e
incluso elaboró la tesis del poeta según la cual
"es más fácil que un extranjero sepa qué
hay [Japón] de verdaderamente valioso para toda la humanidad".
The Existence and Discovery of Beauty, pp. 55-58.
(26)
Tagore, Letters from Russia, traducido del bengalí
al inglés por Saadhara Sinha, Calcuta, 1960, p. 108.
(27)
Sin embargo, apareció en Manchester Guardian poco
después de haber estado destinada a publicarse en Izvestia.
Véase Dutta y Robinson, Rabindranath Tagore: The Myriad-Minded
Man, p. 297.
(28)
Satyajit Ray, Our Films Their Films, calcuta, 1993. He
tratado de estudiar estos temas en mi conferencia conmemorativa
de Satyajit Ray, "Our Culture", The New Republic,
primero de abril, 1996.
(29)
The Guardian, primero de agosto, 1991.
(30)
Arcade Publishing, 1997, p. 1.
(31)
Sobre este y otros temas afines, véase Jean Drèze
y Amartya Sen, India: Economic Development and Social Opportunity,
Oxford, 1996, en especial el capítulo 6 , y Drèze
y Sen, eds., Indian Development: Selected Regional Perspectives,
Oxford, 1996.
(32)
Edward Thompson, Rabindranath Tagore: Poet and Dranatist,
Oxford, 1926.
(33)
Citado en Shashi Tharoor, India, p. 9.
(34)
Traté de estudiar la relación entre democracia,
incentivos políticos y prevención de desastres en
Resouces, Values and Development (Harvard University Press,
1984, reimpreso en 1997), capítulo 19, y en mi discurso
presidencial ante la Asociación de Economístas de
Estados Unidos, "Rationality and Social Choice", American
Economic Review, 85, 1995.
Amartya Sen, "Tagore y la India",
Fractal
n°10, julio-septirmbre,
1998, año 3, volumen III, pp. 121-168.