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En este año se conmemora el centenario de la muerte
de Karl Marx (1818-1883).
Todo aniversario, y más un centenario, puede conducir a la solemnidad del
rito o a la reflexión crítica y el debate.
Los cien años que median entre nosotros y la muerte
del Moro han sido testigos de las dificultades del movimiento revolucionario
mundial para establecer una relación crítica y, a la vez, fructífera con la
herencia de Marx. En efecto, el alcance que su pensamiento
ha tenido y tiene en nuestra época ha implicado no pocas veces la
sacralización y la dogmatización. El pensamiento de
los revolucionarios no ha sido ni es siempre un pensamiento revolucionario.
No así para Marx quien comprendió que la suya era,
inevitablemente, una visión situada históricamente. Es decir: un punto de
referencia en el tiempo y en el espacio, atravesado por ese tiempo y ese
espacio.
La corriente
histórica y social que denominamos marxismo se ha levantado sobre sus
poderosos hombros teóricos y políticos para llegar hoy, quizá, a poner en
tela de juicio, con sus propias
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armas, los afanes prometéicos
del romanticismo alemán del que es heredero y que hereda a la clase obrera y
al movimiento socialista. Las armas de la transformación del orden existente
contienen, por definición, su propio carácter histórico: limitado y destinado
a la caducidad, justamente por su carácter transformador.
¿Qué significa hoy, cien años después, tomar como
propio ese pensamiento y denominarse marxista?
¿Acaso la simple y banal reiteración de una
doctrina que ciertamente ha acompañado revoluciones y movimientos nacionales,
pero también involuciones y contrarrevoluciones? ¿O más bien el
reconocimiento de que las ideas que la constituyen merecen el rigor de la confrontación
con la historia y, a partir de ella, el reencuentro de su aliento innovador?
En todo caso la crisis del marxismo, signo también de nuestro tiempo conlleva
entre líneas la vitalidad del desafío que tanto Marx
como Engels impusieron a la sociedad capitalista.
El pensamiento
marxista se plantea hoy, en medio de la crisis global de nuestra época, la
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fundamental que el mismo Marx
se planteó en su momento: penetrar críticamente la realidad y el pensamiento
que dan cuerpo, vida y naturalidad a la explotación, la opresión y el engaño
organizados. Si las categorías de análisis y las proposiciones políticas del
marxismo pueden hacer honor a su origen dando cabida radical a la realidad del
presente, ello significa que la vitalidad de este pensamiento puede superar
la encrucijada de su propia crisis.
La conmemoración del centenario de la muerte de Marx debe incluir en toda su generalidad la significación
de su aporte a la historia y al pensamiento contemporáneo, así como las
dificultades, aciertos, fallos, esperanzas y desesperanzas que ha suscitado
después de 1883.
El recién constituido comité para la conmemoración
del centenario de Marx, promovido por la
Universidad Autónoma de Puebla, crea un espacio que sin duda auspicia la
posibilidad de emprender esta reflexión. No queda más que saludar esta
iniciativa y hacer un llamado a no olvidar que todavía nos espera uno de los
mayores ajustes de cuentas.
El Buscón 2, Francisco Valdés. Págs. 164 - 165 |
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