MANUEL AZCÁRATE Y NICOLÁS SARTORIUS:

CUANDO QUIERO LLORAR NO LLORO

Rafael Santiago

Dos interpretaciones
sobre
la debacle del PC Español

Cuando un partido que se propone cohesionar una voluntar colectiva nacional alternativa al sistema dominante no tolera la crítica de sus agremiados, ni el pluralismo, ni las corrientes ideológicas, se transforma en un instrumento al servicio de una casta de burócratas profesionales. Y más aún: es una organización sin vocación democrática, incapaz de representar una opción revolucinaria en los países modernos. La historia reciente del PC Español es el trágico testimonio de un partido donde la dirección autoritaria encarnada en Santiago Carrillo aplastó todos los intentos de su renovación democrática y pluralista y, con ello, la posibilidad de integrarlo a la opción socialista de la España contemporánea. Presentamos aquí dos reflexiones sobre la tragedia de un partido que representó la principal fuerza opositora al franquismo durante décadas y hoy sólo cuenta con menos del 4% electoral.

El carrillismo: Una versión del Monolitismo

Manuel Azcárate

 Llego a mi casa en la mañana del 12 de noviembre de 1981. Me acaban de expulsar, junto con otros cinco compañeros, del comité central de PCE. Anteayer, cuatro compañeros vascos han corrido la misma suerte.

Una pregunta domina mi mente ¿Qué ha pasado? ¿Qué me ha pasado? Tengo 65 años: soy comunista desde los diecisiete. Toda mi vida trabajando profesionalmente en el partido. Ocupaba hasta ayer cargos de alta responsabilidad. Ahora, sólo me queda ir a recoger mis papeles personales al despacho que tenía en la sede del partido. Y volverme a casa.

¿Porqué esta ruptura en mi vida? Enseguida veo claro que lo que me ocurre no es algo personal. Es algo enlo que estamos metidos muchos; y que afecta a muchos más. De ahí una decisión que se afianza en mí en estas horas que siguen a mi expulsión: “tengo que comprender y tengo que explicar”.

Quien esto escribe en la presentación de su libro Crisis del Eurocomunismo no es otro que Manuel Azcárate, un comunista de la vieja escuela, dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas (J.S.U.) responsable de la organización del PCE en la Francia ocupada por el ejército alemán, redactor de Mundo Obrero, responsable de universidad e intelectuales y responsable de las relaciones internacionales, entre otros numerosos cargos, que fue evolucionando hasta coincidir y ser parte de lo que se conoció como eurocomunistas renovadores. Hoy, como él afirma, está expulsado del PCE, por el sano ejercicio de la disidencia, del cuestionamiento de las relaciones de poder dentro de un partido comunista.

Para comenzar, podrías sintetizar el proceso por el que ha atravesado el Partido Comunista de España, especialmente desde las expulsiones en masa hasta este último desastre electoral
-- Creo que lo que es más conocido es el hecho de que el PCE, a partir sobre todo de la invasión de Checoslovaquia, en 1968, coincidente en el tiempo con los acontecimientos del mismo año en París, planteó la necesidad de modificar profundamente la estrategia revolucionaria en los países occidentales, puesto que aparecían ahí nuevos factores de rebeldía en las sociedades capitalistas. En ese período, el PCE reacciona relativamente bien e incluso diría que es el partido comunista occidental con una actitud más abierta a este tipo de fenómenos. Es muy radical en su condena a la Unión Soviética y en la toma de distancias respecto al partido comunista de la URSS, siendo, también, la única organización que rompe sus relaciones con el partido oficial checoslovaco de Husak.

De esta fecha data asimismo la formulación de la idea de la alianza de las fuerzas de trabajo y de la cultura para superar el concepto marxista de alianza de obreros y campesinos, considerando que los intelectuales, profesionales, estudiantes, desempeñan en las sociedades contemporáneas un papel revolucionario nuevo que había que colocar a ese nivel estratégico. Lo que resulta menos conocido, sin embargo, es que por debajo de esos cambios de política, de estrategia, de programa, se produce la construcción, en una España en la que la dictadura de Franco estaba en un proceso de descomposición fortísimo, de un partido que, a pesar de ser clandestino, logra una inserción extraordinaria en la sociedad. Es decir, no hay precedente de un partido que desde la oscuridad de las catacumbas logre penetrar e influir en la sociedad como lo consigue en ese período el PCE. Y no sólo a través de las Comisiones Obreras, que se convierten en una fuerza real en cuanto a las relaciones de los trabajadores con el capital y que terminan siendo reconocidas en la vida económica, sino también en el mundo profesional, universitario, de la cultura, el PCE está presente con alglunas de las figuras más importantes del país.

Yo diría que ese partido que se constituye en el país, conquistando lo que nosotros llamamos zonas de libertad, es eurocomunista de nacimiento y por su naturaleza misma, y no como los otros, como los de la generación anterior, a través de un proceso de modificación, de autocrítica, de cambio en nuestras concepciones anteriores estalinistas, sino que para este partido, que surge con una enorme cantidad de cuadros jóvenes, el ser comunista y ser demócrata, ser comunista y luchar por la libertad, es una misma cosa.

Esto es esencial para comprender lo que ha pasado después, cuando llegó la dirección del exterior y se instala en España, cuando se conquista la legalidad y empieza a manifestarse una contradicción, entre generaciones, no entre exilio e interior en términos abstractos, sino entre el tipo de partido que se había desarrollado en España y los métodos autoritarios, centralistas, anclados en el aparato del partido que había vivido fuera.

No obstante, también en el transfondo del problema está una cuestión generacional, con casos tan palpables como los de Santiago Carrillo, Ignacio Gallego, Santiago Álvarez y la gente que ha hecho la política dentro, como Alonso Zaldívar, Tamames, Triana, etcétera.

Claro, pero fíjate que también hay cuadros del interior que estaban mucho más cerca de la mentalidad centralista tradicional del exterior...

... que generalmente son los cuadros que proceden de la Juventud Socialista Unificada, de la guerra, o son los más cercanos a la dirección.

-Ciertamente es el caso de los militantes con mayor antigüedad, pero creo que la naturaleza de la contradicción se da entre dos concepciones de partido: una que quiere que el programa, las ideas y la imagen del eurocomunismo se traduzcan también en la vida interna del partido, es decir, que funcione y viva de una manera nueva, se transforme; y otra, que es la que posteriormente en el conflicto se utilizó en nuestra contra, era una política eurocomunista para un partido comunista, lo que significaría que el partido no cambia, varía únicamente la fachada.

Es el caso de Polonia, en el que la dirección ofrece una condena muy dura, que a la postre no tiene un reflejo en la vida interna de la organización....

-Exacto, se quedan en declaraciones que no se traducen en un proceso de transformación. Y yo creo que ése es el problema del PCE. En un momento dado, y yo lo sitúo para ir a los aspectos de fondo en el año que precede al décimo congreso, es decir, del 80 al 81. Esta contradicción se perfila ya de forma concreta en la reunión del comité central, en diciembre de 1980, en que se comienza a preparar el X congreso. En esa reunión aparece un grupo numeroso, entre ellos Tamames, Solé Tura, Gutiérrez Díaz, Pilar Bravo, Roberto Lertchundi, y otros, que piden una serie de cambios en el partido, provocando una reacción muy fuerte en el resto de los miembros del comité.

 Quizá sea interesante apuntar, que en esa reunión, Gerardo Iglesias, ya como secretario general del Partido Comunista de Asturias, en su intervención contra los críticos emplea una fórmula sumamente expresiva: “ lo que quieren es otro partido y a ese partido, yo no me apunto ”. En vez de comprender que lo que hacía falta era una renovación, él y muchos otros como él, plantean la congelación del partido tradicional.

Si me permites, quiero introducir un elemento teórico, que es el siguiente: ¿Dónde están las raíces de éso que se llama partido comunista tradicional? Porque yo creo que no están sólo en Lenin, están en parte en él. Lenin preconiza en ¿Qué hacer? un partido para la lucha contra la dictadura zarista, un partido para la clandestinidad, casi militar, de profesionales. Luego cuando llegan otras etapas, el concepto de Lenin es diferente. Por ejemplo, en vísperas de octubre y en octubre mismo, da entrada a Trostki en el partido, cuando éste había sido su enemigo, y lo coloca en lugares de máxima responsabilidad. Y el partido que triunfa en la revolución de octubre es un partido en cuyo comité central había votaciones permanentes, algunas de las cuales fueron perdidas por Lenin. Y cuando Kamenev y Zinoviev hacen pública, para oponerse a ella, la orden de insurrección, Lenin exige su expulsión y el comité central no sólo se opone, sino que, al poco tiempo, son nombrados ministros comisarios del nuevo gobierno.

Quiero decir con ésto que no es sólo ni fundamentalmente en Lenin donde está la raíz de esa vieja concepción, sino en Stalin, que teoriza ese partido religioso, que siempre tiene razón hacia afuera y una especie de verdad interna. Una especie de partido que tiene relación con la verdad histórica y cuya dirección marca esa verdad, y el deber del partido como organización es transmitirla…

....algo así como el secretario general es dios y el partido comunista su iglesia...

-Eso es lo que nos daba fuerza en el congreso; es decir, no hablábamos de hipótesis, sino de que el partido se estaba hundiendo y había que hacer algo. La respuesta que se nos da es no sólo el rechazo de nuestras propuestas, lógico hasta cierto punto ya que estábamos en minoría, sino la expulsión. Es decir, el triunfo de las ideas del partido tradicional nos hace, para ellos, incompatibles y lo que comienza es un proceso de eliminaciones y expulsiones del comité central, pero que de hecho es, y lo escribí en el mes de abril, un proceso de disgregación desde arriba, en el que la dirección inicia el proceso de destrucción con la disolución de comités y echando de mil formas a los militantes. Y ese proceso de destrucción es el que se ha reflejado en las últimas elecciones y en la pérdida de un millón de votos....

Y podría continuar con las elecciones municipales, en marzo o abril...

-Pero no sólo eso, porque una cosa son los votos que tiene un partido y otra es que el partido incluso en sitios en los que ha obtenido un cierto caudal electoral, no existe. Ha perdido una cantidad enorme de afiliados, pero tamblién de cuadros. Hace unas fechas me comentaba un miembro del Partido Socialista Unificado de Cataluya, que si se hiciera una asociación de los antiguos miembros y simpatizantes del PCE sería más numerosa que la organización actual y habría una cantidad impresionante de figuras, de valores en todas las esferas de la vida social. Lo que intento explicar sobre todo es el choque que le puede producir al observador extranjero de izquierda, que ha visto al PCE, como un partido fuerte, con posiciones críticas hacia la URSS, un partido innovador y que de pronto se viene abajo. Hay quien sostiene que es porque había renunciado a sus señas de identidad tradicionales, pero no es esa la razón y la prueba es que en Cataluña ha surgido ese partido prosoviético, el PCC que ha saldado las elecciones con un fracaso absoluto. El tema hay que centrarlo, por el contrario, en el hecho de que detrás de esos cambios, de esas innovaciones en la fachada, en la propaganda, en las declaraciones, había un partido hibernado en los viejos métodos y la vieja mentalidad stalinista.

Habría que deslindar también la capacidad o no de la dirección de adaptarse a una realidad cambiante, que exigía formas novedosas de participación, porque se ha hablado mucho de desencanto, como si no lo fuera hacia una política muy concreta, en el que la participáción brillaba por su ausencia, mientras las decisiones se tomaban únicamente a nivel de cúpulas.

- Creo que éso es verdad. Tomando un planteamiento que ha hecho Christine Buci-Gluksmann, que distingue entre un eurocomunismo gubernamental en el sentido de la preocupación por la política de alturas, del gobierno, de las elecciones, de la alternancia en el poder, pero toda la vida política vista en sentido parlamentario, que es el camino que ha seguido el PCE. En camblio, ella habla de un eurocomunismo de izquierda, que es con el que yo me siento más identificado, que intenta renovar lo que ha sido el comunismo no ya en función de la democracia y las elecciones, que no se niega en absoluto, pero que tiende a incorporar a la vida política todos los problemas nuevos que surgieron en el 68, es decir, el contenido que hay que darle hoy a lo que se llama revolución socialista y que no puede ser sólo acabar con la explotación de los obreros, que todos reconocemos como muy importante. Pero está, por ejemplo, el problema del feminismo, que es una de las grandes corrientes históricas de hoy, el de los movimientos pacifistas, que reflejan que los sectores juveniles no se encuentran tan al margen de la vida política y que han logrado influir en las decisiones de varios gobierno, el de la ecología, el de la vida diaria. En definitiva, el problema de que la democracia no puede ser la forma de designar a los jefes para que luego manden aunque sea mejor designarlos por elección que no por ley divina. Durante un largo período la democracia en el fondo ha sido eso, pero me parece que estamos ante un proceso histórico diferente, en el que lo que se trata de hacer es que la democracia sea cada vez más participativa...

¿Cómo la responslabilidad cotidiana de tu propia vida?

- Claro. Y eso implica una forma de democracia que no anula a la otra, en la que ante las grandes decisiones pueden influir y, en cierto modo, decidir cada uno de los ciudadanos. Por ejemplo, hay un hecho evidente. El ciudadano frente a determinadas cuestiones, como la opción nuclear, no quiere delegar en nadie su responsabilidad y la prueba más fehaciente son las enormes movilizaciones que hay en cuanto se trata ese tema y los referéndums que sobre esa cuestión se han celebrado en varios países. En España, por ejemplo, la batalla sobre la Organización del Atlántico Norte, en la que tanto los socialistas como nosotros hemos planteado la cuestión sobre la base que te acabo de mencionar, de que hay cuestiones que tiene que decidir cada uno.

Creo que en esas nuevas formas de democracia que se perfilan van a entrar desde referéndums hasta democracia directa a nivel de barriada, y eso es lo que el eurocomunismo de izquierda ha intentado asumir, aunque, desgraciadamente, ha quedado únicamente a nivel teórico y de planteamientos. Incluso en el PCI, en el que yo colocaría como máximo representante de estos planteamientos a Pietro Ingrao, que es el que mejor ha elaborado toda la problemática, pero que al mismo tiempo hay que reconocer que su papel en la dirección es muy pequeño, precisamente porque tiene estas preocupaciones.

En mi opinión, no ya en España donde no hay la mínima esperanza de recuperación del PCE, sino también en Europa, donde, excepción hecha de los italianos, todos los PC's, de una u otra manera están muy marginados de los que son los verdaderos problemas de la sociedad. Y lo más curioso es que esta situación se produce después de una etapa de predominio de la derecha y un auge de las falsas soluciones neoliberales y cuando, como rechazo, comienzan a despuntar poderosos movimientos sociales en busca de una solución de izquierda y que triunfan en Francia, Grecia y ahora en España, con un porcentaje de votos casi sin precedentes.

En ocasiones da la impresión de que se encuentran desbordados ante el hundimiento de un sistema de valores y la desmitificación de todos los sistemas, entre ellos, el menos en Europa, el del llamado socialismo real.

-Creo que hay bastante de cierto en tu afirmación, pero si te fijas, en algunos partidos socialistas hay una capacidad de renovación y apertura a esos problemas bastante grande, especialmente en los de nuevo cuño, como el PS francés, creado por Miterrand después del hundimiento del socialismo tradicional, el PASOK griego, que no forma parte de la Internacional Socialista y permanece muy ligado a los problemas del Mediterráneo y el Tercer Mundo o, el ejemplo más cercano, el del PSOE, uno de los partidos más viejos de Europa y a la vez más nuevos, porque tuvo la ruptura del periodo franquista. En cambio, los partidos comunistas –y me refiero a los que todavía cuentan algo, porque los que continúan con las fidelidad a Moscú han quedado como simples instrumentos de propaganda- tienen la responsabiliad de decir que el modelo soviético no es socialismo, porque después de la experiencia polaca ya no se puede decir que hay cosas que no funcionan, sino que hay que señalar claramente que es un sistema contrario a nuestros ideales socialistas.

 Noto en los partidos comunistas una incapacidad para la búsqueda de un nuevo modelo, que no está prefijado, para buscar esa tercera vía, ni social democráta ni tradicional, en la que los partidos comunistas van a quedar desechados. En cuanto a los socialistas, es evidente que juegan un papel importante, pero no creo que vayan a ser determinantes para asumir esos problemas. Lo que pienso, y es un tanto especulativo, es que, como señalabas acerca de la nueva problemática, también hay elementos que antes no existían. Sujetos, protagonistas nuevos que son, por ejemplo, los movimientos sociales a los que hay que ver con criterios distintos. Vuelvo otra vez a los pacifistas, de quienes se dice que no están organizados. ¿Pero quién nos dice que esta forma difusa de militancia no es la que corresponde a nuestra época y lo que a nosotros nos parece debilidad no es precisamente donde radica su fuerza, también por su espontaneidad?

Volviendo al hilo de mi razonamiento, creo que la tercera vía en esta época va a ser diferente a lo que fueron los frentes populares, que se basaron en pactos o acuerdos entre partidos. Ahora va a ser más complejo, ya que van a estar los partidos con capacidad para influir en la sociedad, los movimientos sociales, pero además, habrá que tener en cuenta que nos encontramos en un momento en el que los factores subjetivos sobre el proceso revolucionario van a ser mucho mayores, porque hay un nivel de conciencia superior y un nivel cultural de la política diferente.

Asímismo, me parece conveniente destacar la dimensión trasnacional de la política, especialmente porque muchos de estos movimientos tienen una facilidad para la relación cotidiana que no tienen las viejas organizaciones. Existe en las reuniones de estas organizaciones, al menos en las que yo he asistido, una mayor naturalidad para aceptar las críticas, cosa que entre los partidos comunistas es punto menos que imposible. Pero empieza a haber ya una política europea sobre temas comunes, especialmente porque todo el mundo sabe que hay cuestiones en Europa que no las puede resolver un sólo país.

Esto significaría un replanteamiento de la idea de Europa, entendida no como una Europa de los gobiernos sino de los pueblos e incluso de las autonomías, en tanto que problema sin solución todavía. El ejemplo de España es claro, pero en Francia existe la diversidad de Occitania, el Resellón, el País Vasco Francés, Bretaña...

-Yo pienso que sí, aunque no creo que los estados vayan a desaparecer en un período corto y que van a seguir desempeñando un papel en la lucha por la transformación de la sociedad. Pero sí hay, por una parte, ese fenómeno de la necesidad de una descentralización no ya administrativa sino política; es decir, la presencia de realidades nacionales autónoma, que en España van a ser muy fuertes y en Francia, cuando parecía ser el país centralista por autonomasía, también son una realidad. En este sentido se da también, un fenómeno nuevo que resulta muy interesante y que está ligado a lo que hablábamos anteriormente. En la medida en que el ciudadano común quiere que la democracia sea una mayor participación en la que se preocupa, esos órganos, las autonomías e incluso los municipios, van a trascender la idea tradicional de que sólo sirven para los temas de la municipalidad y van a ser un canal de expresión de aquello que la gente siente profundamente. El ejemplo más claro lo tenemos en el movimiento de los llamados municipios no nucleares en Inglaterra, el País de Gales, Estados Unidos, que afirman que en los lindes de su territorio no aceptan armas nucleares; y que están logrando una cierta transformación de la política internacional, entendida únicamente como la relación entre los estados.

Ahora bien, si los comunistas hubiesen asumido estos problemas, si los hubiesen llevado a una política de izquierda, podrían estar cumpliendo un papel, pero en la medida en que se han aferrado a mirar hacia atrás, se han convertido en estatuas de sal, salvo el Partido Comunista Italiano.

Volviendo al tema español, ¿cuál es la valoración que haces de la sustitución de Santiago Carrillo por Gerardo Iglesias en la secretaría general del PC?

- La dimisión de Carrillo era obligada después del desastre electoral. Hay que tener en cuenta que muchos de nosotros, desde dentro y desde fuera, habíamos dicho que el partido estaba siendo destruído por arriba. Pero Santiago Carrillo jugó muy fuerte para negar nuestra afirmación y planteó que con nuestra expulsión era como se lograría un contacto con las masas, que se fortalecería e incluso aumentaría el espacio electoral. No obstante los cómputos han resultado un desmentido de tal magnitud que su dimensión era obligada.

Ahora bien, en mi opinión, esta dimisión podría haber sido de dos formas. Una, la más lógica con un mínimo de democracia, que se hubiese puesto en cuestión la política que se había seguido. Y otra, que es lo que ha sucedido, que resultaba una maniobra para cerrar el cambio a la renovación y que, en esencia, es simple y llanamente continuísmo porque, y no es un problema persona, Gerardo Iglesias es un hombre que ha tenido una posición especialmente dura, convencido de que había que expulsar del partido a todos los elementos que no estaban de acuerdo, como se demostró en la conferencia regional asturiana de Perlora, en la que expulsó a la organización de disidentes. Con esas ideas difícilmente se puede hablar de cambio, independientemente de la buena voluntad que él pueda tener...

Es decir que las perspectivas del PCE no parecen ser especialmente halagüeñas...

- Fíjate que en Europa occidental hay partidos que han obtenido menos de 3.8 por ciento y tienen su pequeño jardín electoral y lo cultivan. Unas veces suben hasta un cinco o seis por ciento, otras bajan al 0.5, pero existen porque hay ciertas razones, que se derivan en parte del impacto que tuvo la revolución de octubre y del papel que juega la URSS para ciertas mentalidades que entran en ese juego de la bipolaridad. En fin, hay zonas que permiten tener ese pequeño jardín electoral y ese es, en mi opinión, el papel que va a jugar el PCE como partido marginal, pero no tiene nada que ver con la razón de ser un partido comunista ni es por lo que yo me hice comunista cuando tenía 17 años, que era estar en el partido que iba a hacer la transformación socialista de la sociedad. Me parece que en Occidente, los PC´s hemos hecho algo muy bien, que nadie nos puede negar, que nos da un lugar en la historia, que a mi me parece glorioso, y que es la lucha contra el fascismo. Pero llevamos muchos años y hemos sido incapaces de ser los artífices de la transformación de la sociedad.


“Si tuviéramos el valor de aceptar que nos equivocamos” 

Nicolás Sartorius

 Enjuiciado junto a un numero grupo de sindicalistas en lo que se conoció como proceso 1001 , en 1973, fue durante años el cerebro en la sombra de Comisiones Obreras, de donde pasó, a tiempo completo, al Partido Comunista de España, para iniciar, se pensó entonces, el despegue de una brillante carrera política.

 Diputado en 1977. Nicolás Sartorius fue considerado largo tiempo el delfín de Santiago Carrillo y su alternativa de recambio en la secretaría general, capaz de insuflar a la organización los nuevos aires que necesitaba. Sartorius perdió el delfinato cuando alguien interesadamente, desde las alturas, propaló el anatema de su adscripción a una opción socialdemócrata y revisionista.

 Hoy, sin embargo representa una de las escasas propuestas de renovación que todavía quedan en los aparatos del PCE.

Te parece que empecemos con tu interpretación de las elecciones

-Creo que hay múltiples causas que explican nuestro fracaso electoral. Unas derivadas de la situación general del país y otras de nuestras propias deficiencias o errores. Entre las primeras destacaría, primero, el deseo del electorado de un cambio y quien en ese momento estaba mejor situado para llevarlo adelante era el PSOE, toda vez que era el partido mayoritario de la izquierda, con diferencia, y desde el punto de vista electoral tenía mejores condiciones para ganar a la derecha. Lo anterior, unido a los esfuerzos reiterados y permantes de todo un sector de gran influencia en los medios de información que han estado en contra nuestra, y la forma en que ha dado la campaña electoral para llevar al ánimo del elector que habría que establecer una cierta bipolarización, explican en parte el resultado. En segundo lugar, me parece que también ha funcionado el hecho de que en este momento en Europa occidental, los modelos del llamado socialismo real no son especialmente atractivos y hay sectores del electorado que siguen identificando el partido comunista con la Unión Soviética y los países socialistas y comparan e identifican al partido socialista con las experiencias socialdemócratas europeas. En este sentido, por ejemplo, ha influido el hecho de que la televisión haya estado machacando insistentemente con el tema de Polonia, porque ha creado dudas acerca de qué modelo defendemos nosotros, especialmente en un momento de crisis en que, como se sabe, lo que se busca es seriedad y ésta se la da la derecha o un modelo claro de izquierda, que es el de los socialistas, mientras que el nuestro, eurocomunista, no está plasmado en la realidad práctica.

Asimismo, ha influido la crisis económica porque produce una tendencia, sobre todo por el paro, hacia el posibilismo y hacia soluciones de tipo moderado en sectores amplísimos de la población. Si a todo esto le sumamos todo el ambiente golpista que existe en España, no sólo por los acontecimientos del 23 de febrero, sino también por el descubrimiento, en plena campaña electoral, de una nueva trama golpista, con los efectos de temos subsiguiente, se pueden entender los corrimientos del electorado hacia posiciones que no crean soluciones difíciles.

¿En qué plano colocarías los problemas internos del PCE?

- Bien ese es otro de los aspectos de la cuestión. Lo que quiero señalar es que todo lo anterior unido a los problemas internos, a la solución yo creo que incorrecta de estas fricciones, a la pérdida de militancia, a la pérdida de influencia social que lleva consigo ese goteo de militancia, a los roces no resueltos con las fuerzas de la cultura y con fuerzas del movimiento obrero, todo eso, evidentemente, nos ha llevado a esta situación.

Pero no son únicamente las cuestiones internas las que influye, ya que mi impresión es que quizás hemos tenido errores en nuestros planteamientos, puesto que por una parte no hemos aparecido ligados como vanguardia a ese cambio que la gente deseaba y que ha identificado con el PSOE, con lo cual nosotros hemos quedado marginados e incluso, en ocasiones, aparecíamos con formulaciones no del todo correctas, como un obstáculo para el cambio y sin ofrecer la precisión suficiente respecto a lo que proponíamos como alternativa de frente democrático, de política de concentración con fuerzas muy desprestigiadas.

Hay que tener en cuenta, además, que el voto comunista hay que trabajarlo a través de la penetración de los movimientos sociales y de la propia militancia y si ésta se reduce, como ha sucedido, y si nuestra penetración en esos movimientos ha tenido dificultades en el último período y si hay una crisis en la conexión entre nuestra política y nuestros planteamientos con las movilizaciones concretas de esos movimientos, pues te llega un resultado electoral negativo.

En qué proporción nuestro fracaso electoral se ha debido a razones objetivas y en qué proporción a nuestros errores e insuficiencias, pues es muy difícil de decir porque la política no son las matemáticas. Pero el hecho concreto es que todas esas razones juntas explican nuestro negativo resultado electoral, que ya se había anunciado en las elecciones de Galicia y de manera mucho más clara en las de Andalucía y que ahora, en estas elecciones generales, se ha visto corroborado y multiplicado.

Centras toda tu reflexión en este último período, cuando, por ejemplo, la bipolarización era algo que desde hace tiempo se veía llegar a este 28 de octubre ha tenido bastante de referéndum entre dos modelos de sociedad, pero como efecto de todo un proceso anterior.

-Cuando hablo de este último período hablo de dos años y medio a la fecha, es decir, desde el congreso del PC.

Anteriormente explicabas las insuficiencias en tu partido. ¿Podrías concretar?

- Hablo de insuficiencias cuando hay tensiones internas dentro del partido, diferencias lógicas de planteamientos políticos, estratégicos, tácticos, organizativos, que tiene dos soluciones: o hacer un esfuerzo de síntesis y de integración de los elementos que no sean contradictorios en las diferentes posturas adoptadas, para buscar una unidad superior, o no ser capaz de hacer ésto y que esas tensiones se conviertan en antagónicas y terminen en rupturas y pérdida de representatividad que es, en definitiva, lo que sucedió. Me parece que en esta cuestión hubo un momento en que no valoramos suficientemente lo que podía venir, en que quizás se pensó que eran cosas pequeñas, localizadas, y que zanjándolas de manera expédita y rápida podía situar al partido en mejores condiciones para las batallas electorales y la realidad ha demostrado que no ha sido así. Eso significa que había que haber tenido más paciencia, más capacidad de diálogo, más discusión, porque no nos dimos cuenta de que la forma estatutaria de resolver los problemas no puede ser la misma en una sociedad como la española, en este momento, que como se hacía en otras épocas y situaciones. Hoy, la sociedad es más permeable y los problemas internos de las organizaciones no se pueden resolver, en mi opinión, únicamente mediante esa lógica interna, puesto que hay una sociedad que te observa y te juzga y lo que puede ser comprensible para los militantes y los dirigentes puede no serlo para el común de los mortales.

Porqué no planteas las cosas de otra forma: el partido entiende a la sociedad y no sólo la sociedad al partido?

-Bueno, cuando te separas de la comprensión de la sociedad es porque estás mirando las cosas hacia adentro, pero no estás conectado con lo que la sociedad demanda. Eso es lo que quiero decir. Lo que creo es que nuestra crisis interna no ha sido muy bien entendida y nos han abucheado. No se comprende la razón por la que gente que ha luchado, que ha sido tan popular, de repente, el partido dice que tiene que estar fuera y no se entiende el por qué no se ha llegado a un acuerdo que evite esas medidas.

En realidad no se trataba de una y otra gente, más ó menos popular, sino de más de un tercio de la organización, alineada con los euro-renovadores, que estaban pidiendo cambios y terminaron siendo expulsados.

-Pero es que yo creo que no todos los errores están de nuestra parte, porque si bien es cierto que el PC no trató adecuadamente ese tipo de problemas y no realizó un esfuerzo suficientemente paciente e inteligente para ver como integraba a todo el partido, por su parte también hubo precipitaciones, incoherencias y planteamientos que violentaban claramente lo que se había acordado. Es decir, si el congreso, después de un debate, dice que no deben existir tendencias organizadas, hay que aceptarlo. Y si, a pesar de todo, sigues insistiendo en funcionar como corriente organizada, llega el choque. Creo que los errores de unos y otros nos han llevado a una dinámica no de integración y de síntesis, sino de enfrentamientos y crítica contínua. Y toda esa conjunción de cosas es lo que está en la base de nuestro fracaso electoral.

Difícilmente se puede llegar a una síntesis cuando el secretario general utiliza para descalificar políticamente a ciertos militantes términos como los de “naif” o “expresiones como que “alguno tenía mas porvenir en el PSOE” o que si “los que se habían marchado del PCE eran comunistas, él era monje”, etcétera.

- Ha habido excesos verbales, claro, pero dentro de esa polémica que no ha sido rigurosa ni se ha discutido sobre cuestiones políticas serias. Se ha caido en el vicio nacional de no ir al fondo de los problemas y sí, por el contrario, al adjetivo. Pero que no se ha dado únicamente por una de las partes. Y ese tipo de cuestiones no llevan a nada, son poco serias, poco rigurosas; y si se hubiese ido a una discusión política a fondo se habría visto si había diferencias o no.

Después de este fracaso, lo lógico hubiese sido, primero, una dimisión colectiva de todo el secretariado y, después, un congreso extraordinario, en el que se debatiesen a fondo los problemas planteados.

-Varios miembros del comité central planteamos que ante un fracaso de este cariz, el problema no radicaba en la dimisión del secretario general, sino en la constatación de que toda una dirección lo había hecho mal, había fracasado y, por tanto, había que devolverle la palabra a los militantes. Lo que ocurre es que ciertos argumentos, en el sentido de que un congreso extraordinario hecho al calor de este fracaso, precipitadamente, y con unas elecciones municipales a cuatro o cinco meses vista, señalaban qué podría ser peor el remedio que la enfermedad. Y para que este congreso tuviera un carácter positivo había que dar tiempo y realizarlo sin precipitaciones y sin las crispaciones propias de un fracaso electoral. Yo he sido de los primeros en plantear la necesidad de que el PC vaya a un congreso, porque estoy convencido de que de esta crisis sólo se puede salir sobre la base de una autocrítica a fondo de nuestra actuación en el último período, sobre la base de una discusión política y un debate serio y riguroso sobre cuestiones políticas y organizativas y en un congreso que haga la síntesis de todo este debate y que elija una nueva dirección que sea capaz de llevar adelante todo nuestro proyecto Y no veo otra solución ante una derrota de esta magnitud.

En estos momentos está planteada la posibilidad de una conferencia y la promesa, para más adelante, del congreso. Pero ésta tampoco parece ser una solución o al menos no la ve como tal una buena porción de militantes.

-Puede ser un término medio, porque sí hay cuestiones que la dirección ha aceptado, como es el hecho de adelantar el congreso del 84 a fines del 83.

No obstante, la salida de militantes y la crisis continúan.

-Yo no estoy de acuerdo en que la crisis continúe. Hay quien dice que la crisis la abre, por ejemplo, o la profundiza un determinado dirigente o militantes que plantean posiciones críticas o contrarias al sentir mayoritario de la dirección, pero yo no pienso que éso sea abrir la crisis. La crisis la abre un millón de electores que no te vota. Y esa es la crisis, porque lo anterior es una consecuencia, porque si en el PSOE hubiera un dirigente o ciertos militantes que dijeran que hoy su dirección es inservible, podríamos afirmar que la cabeza no les funciona demasiado bien.

Dentro de este contexto de fracaso, ¿cómo consideras la sustitución de Santiago Carrillo por Gerardo Iglesias, porque hay una buena cantidad de declaraciones, de dentro y de fuera delpartido, que la ven simple y sencillamente como continuismo?

-Yo no comparto en absoluto esa opinión.

Cuáles son, a tu juicio, las perspectivas, del PCE?

-Depende. Si entre todos somos capaces de sacar las consecuencias de este fracaso y eso significa hacer un análisis autocrítico a fondo de por qué se ha producido esta situación y somos capaces de recomponer las piezas que se han ido descomponiendo en este período, las perspectivas, no a corto plazo, pueden ser amplias y positivas. Si no lo hacemos así, es evidente que las perspectivas no son buenas.

Ese “entre todos” significa que existe la posibilidad, o al menos la intensión, de recuperar a la gente que se ha marchado o a la que se ha expulsado?

- Ese es uno de los aspectos que hay que ver. Yo creo que hay que intentar recuperar a la gente y no hablo de nombres concretos, porque algunos de los que suenan mucho, como es el caso de Pilar Bravo o de Carlos Alonso Zaldívar, que siempre se toman como exponentes de los que se han ido, para mí no lo son. Me refiero a los miles y miles de militantes que siguen siendo comunistas y que por distintas razones se han ido apartando. Ahí es donde hay que hacer el esfuerzo y yo pienso que si tuviésemos el valor político de decir clara, abierta y rotundamente que nos hemos equivocado y en qué nos hemos equivocado y que a partir de ese momento vamos a hacer las cosas de otra manera, con métodos y estilos distintos, nos ganaríamos otra vez la confianza de muchos miles de comunistas que no se han ido a otro partido y que no van a ir.

El Buscón 2, Rafael Santiago. Págs. 102 - 128