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Historia oculta de una revolución
que prefirió
negociar su curso y sus límites con ingleses,
norteamericanos y alemanes antes de internarse
por la senda del holocausto. |
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Cuando las llamas de la guerra de Vietnam
devoraron el sudeste asiático entre 1954 y 1968, un país de
aquella región se mantuvo en una paz precaria. Fue Camboya donde el
gobierno del príncipe Norodon Sihanouk logró preservar su neutralidad.
En 1969, un golpe de estado apoyado por los Estados Unidos derrocó
a Sihanouk. Comenzó entonces un periodo de horror que culminó
finalmente con el aniquilamiento de más de un tercio (casi la mitad)
de la población camboyana.
En 1917/18, México encaró en muchos aspectos como lo revelan
documentos hasta ahora desconocidos de los archivos británicos, alemanes
y norteamericanos- un peligro similar, cuando poderosas fuerzas exteriores
intentaron arrastrar al país hacia la vorágine de la primera
guerra mundial. Las consecuencias para su sobrevivencia como nación
independiente hubieran sido incalculables.
En las páginas que siguen, el historiador Friederich Katz intenta mostrar
que el curso de la revolución mexicana estuvo determinado por factores
internos y externos estrechamente vinculados.* Algunas de las manifestaciones
más espectaculares de la intervención externa, aunque no necesariamente
las más decisivas, como los momentos de confrontación entre
el gobierno norteamericano y la revolución mexicana (intervención
del embajador Henry Lane Wilson en el derrocamiento de Madero, la ocupación
norteamericana de Veracruz, la expedición punitiva en contra de Villa,
etcétera) han sido estudiados con mucho detalle. Sin embargo, no puede
decirse lo mismo de las múltiples y secretas actividades de Alemania
y Gran Bretaña en México durante los años 1917/18. Lo
mismo sucede con el factor externo que tuvo el mayor impacto en el curso de
la revolución mexicana, y que ha sido el menos estudiado: la política
de cooptación del movimiento revolucionario (que algunos de sus representantes
como Villa no comprendieran durante largo tiempo) realizada por los gobiernos
y las empresas extranjeras.
La visión que nos ofrece Friederich Katz de la revolución mexicana
no sólo es inédita e innovadora, sino que señala un verdadero
punto de partida en la forma de concebir la historia nacional: una crítica
implacable a la historia concebida como una actividad puramente ideológica,
tan común entre las interpretaciones de la revolución mexicana. |
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El 9 de mayo de 1918, el Gabinete de Guerra británico
se reunió en Londres. Eran tiempos sombríos para el gobierno
inglés. La primera guerra mundial se hallaba en pleno apogeo. Poco
tiempo atrás los alemanes habían emprendido una de las mayores
ofensivas y las tropas británicas se tambaleaban ante el acoso del
ejército alemán. Y no obstante las malas noticias del frente,
ese día el Gabinete de Guerra no se ocupó de tan apremiante
asunto, sino de otro más bien remoto: los planes para un golpe de Estado
en contra del gobierno revolucionario de Venustiano Carranza. El Brittish
General Staff había propuesto al Gabinete de Guerra el repudio
definitivo del gobierno de Carranza acompañado y seguido de su derrocamiento.
La propuesta debería ser transmitida de inmediato al gobierno norteamericano.
Ambos gobiernos, el inglés y el norteamericano, reconocerían
y armarían a las fuerzas conservadoras en México con el efecto
de derrocar a Carranza. Dos motivos habían dado origen al plan del
General Staff: por un lado, el temor británico de que Carranza colaboraba
con los alemanes y, por el otro, el resentimiento provocado por las confiscaciones
de propiedades inglesas practicadas por el nuevo gobierno de México.
En realidad, la propuesta del General Staff no era sino la culminación
de una larga lista de planes para derrocar al gobierno carrancista promovidos
por diversas instancias del gobierno británico. Algunos meses antes,
el encargado británico en México, Thurstan, se había
ocupado de formular el posible sostén ideológico de los planes
golpistas. Según Thurstan, el problema principal de México era
que el gigante experimento consistente en dirigir al país con
la intervención de los indios estaba condenado al fracaso más
desastroso. Para el embajador la única salvación de México
consistía en hacer llegar al poder hombres de educación
y sangre blancas. Como resultado del golpe, continúa Thurstan,
podremos tener acceso al poder de los hombres blancos en México,
de los elementos decentes que son los únicos capaces de dar a México
una forma real de gobierno, hombres que serán aceptados por la mayoría
del pueblo de México, que nos deberán su existencia como gobierno
y con quienes nos relacionaremos fraternalmente.
Una de las tareas para lograr este propósito aparece formulada en un
memorándum redactado por un negociante inglés de nombre Bouchier.
Su plan resultó ser tan serio que la embajada británica en Washington
lo transmitió a la Foreign Office (Oficina de Asuntos Exteriores) en
Londres, donde fue considerado con especial interés.
En el plan, Bouchier proponía la infusión de nueva sangre
al partido reaccionario para que éste pudiese derrocar a Carranza y
su banda. Recomendaba también obtener ayuda de los revolucionarios
que se oponían a Carranza, tomando las precauciones necesarias. Villa,
escribe Bouchier, debería ser utilizado para fines específicos;
y si abusaba de su posición sería extremadamente fácil
deshacerse de él en algún accidente. Y mientras que Villa
debería ser aniquilado después de emplear sus servicios, la
política a seguir frente a Zapata debería ser distinta. Zapata
observa Bouchier- es un hombre malo y sus tropas no respetan principios,
pero servirán a nuestros propósitos hasta que subsecuentemente
sean disciplinadas o arrasadas por medio de métodos de concentración,
que es la única manera de vérselas con estos hombres debido
a la accidentada naturaleza de su territorio. La idea de Bouchier de
utilizar los servicios de Villa y Zapata para después asesinar a Villa,
arrasar a las tropas de Zapata y confinar a la población de Morelos
en campos de concentración, fascinó a los militares británicos.
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Pero los ingleses no eran los únicos que pensaban en
métodos tan violentamente devastadores para resolver los
problemas de México. Las otras potencias no se quedaban atrás.
En mayo de 1915 el canciller alemán Gottlieb von Jagow brindó
su apoyo a un plan urdido por agentes alemanes, que consistía en provocar
una guerra entre México y Estados Unidos para mantener ocupados a los
norteamericanos y obstaculizar su intervención en la guerra europea.
Un año y medio después, su sucesor, Arthur Zimmerman, envió
su famosa propuesta al gobierno de México. En ella se llamaba a México
y Alemania a establecer una alianza en caso de que los Estados Unidos declararan
la guerra a la segunda. A cambio se ofrecía la restitución de
Texas, Arizona y Nuevo México, así como la ayuda militar y financiera
a México. Toda la oferta era un engaño como Zimmerman lo hizo
saber claramente a un diputado alemán en una conversación confidencial.
Si México hubiera aceptado la propuesta y atacado a los Estados Unidos,
Zimmerman jamás hubiera ratificado la alianza dejando a México
consumirse en su propio destino.
Cuando en la primavera de 1917 México contempló la posibilidad
de romper relaciones con Alemania, el embajador alemán en México
respondió organizando un complot contra el gobierno de Carranza. Hace
poco menos de un año, en abril, -asienta el informe del embajador-
consideré necesario asegurar nuestra posición. Miembros del
Senado y del Congreso presionaron a Carranza para romper relaciones con Alemania
en vista de las dificultades económicas. Tuve encuentros confidenciales
con influyentes generales; doce de ellos organizaron una asociación
secreta. A pesar de estar potencialmente comprometidos con Carranza, me aseguraron
que se levantarían en armas contra él si llegaban a un acuerdo
con los Estados Unidos a nuestra costa. Al mismo tiempo, el embajador
soñaba en convertirse en el último conquistador de México.
México escribe- está orientado hacia Berlín.
El legado de Hernando Cortés, que se extiende más allá
del Ecuador, está vacante. Humboldt describe bastante bien su trascendencia.
Es hora de aceptar el reto. Al ataque. Desacatemos la ley del vecino fuerte
y él débil como lo hicimos en Bósforo.
Como si el asedio de los gobiernos de Inglaterra y Alemania no fuera suficiente,
las compañías petroleras norteamericanas también soñaban
con derrocar a Carranza. Según informes recibidos por el Departamento
de Estado norteamericano, la Standard Oil firmó un acuerdo secreto
con Eduardo Iturbide, político conservador, y con el oficial del Departamento
de Estado encargado de los asuntos mexicanos, León Canova, para preparar
una revolución en México, según el Departamento
de Estado, el objetivo principal de la revolución consistía
en obtener el control del petróleo en Tampico y hacerse de los barcos
alemanes, que circundaban aguas mexicanas. Para ello se llegó a un
acuerdo con la participación de Corwin, Swain y Helmm de la Standard
Oil y el Departamento de Estado.
La Standard Oil aportó 5.5 millones de dólares para la realización
del plan.
Estos no son más que algunos de los complots y las conspiraciones que
describo en mi libro La guerra secreta en México, que muestran
las semejanzas entre la situación que vivió México en
1917-1918 y la que enfrentó Camboya recientemente.
A diferencia del príncipe de Camboya Norodom Sihanouk, Carranza tuvo
éxito en el empeño de mantener la neutralidad del país,
cuya independencia estuvo mucho más amenazada de lo que generalmente
se supone.
Los métodos empleados por las grandes potencias en la época
no eran exclusivos al caso mexicano. Durante la primera guerra mundial, las
potencias europeas practicaron una estrategia que los Estados Unidos venían
aplicando desde un buen tiempo atrás: utilizar para sus propios objetivos
movimientos nacionalistas y revolucionarios dirigidos contra sus rivales.
Los británicos enviaron a Lawrence de Arabia a preparar un levantamiento
contra los turcos, quienes estaban aliados con los alemanes. Los alemanes
permitieron a Lenin cruzar por Alemania internarse en la Rusia revolucionaria
con la esperanza de que ésta fuese apartada de la guerra. Y por el
contrario, muchos líderes revolucionarios utilizaron las rivalidades
entre las grandes potencias que sus objetivos, y algunos de ellos, como Lenin,
tuvieron bastante éxito.
En muchos sentidos la dirección revolucionaria de México también
tuvo éxito en el manejo de las rivalidades entre las grandes potencias.
A pesar de todos los golpes y contra-golpes, México logró preservar
su integridad territorial, su independencia y su neutralidad en la primera
guerra mundial.
Esto no significa que la revolución mexicana fue inmune a la influencia
exterior. El fracaso de las agresiones exteriores y el hecho de que los Estados
Unidos tuvieron que retirar dos veces sus tropas del país sin logran
imponer sus condiciones inducen, frecuentemente, la conclusión de que
las fuerzas exteriores no tuvieron nada que ver en el destino de la revolución
mexicana. Nada más equivocado: los factores exteriores dejaron profundas
huellas aunque muchas veces indirectas- en el desarrollo de la revolución.
Uno de los principales problemas que se le presentan al historiador en el
estudio de esta revolución es la cuestión agraria. Presente
en todos los programas revolucionarios, desde el Plan de Ayala hasta la Constitución
de 1917, la cuestión agraria jugó un papel decisivo. Cientos
de campesinos lucharon en algún momento en las filas de los ejércitos
revolucionarios. Y a finales de 1914, su lucha engendró una de las
principales condiciones para un cambio en el sistema de tenencia de la tierra.
Y más aún, para un cambio social general: la destrucción
del viejo ejército federal, que fue vencido y disuelto en muchos lugares. |
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Los hacendados, otro grupo, social que se opuso tenazmente
a los cambios agrarios también fueron debilitados. Centenares de terratenientes
huyeron de las regiones controladas por el nuevo estado. Revolucionarios y
observadores extranjeros vieron en ese proceso el inicio de un cambio social
irreversible. La tierra sería otorgada o devuelta a los campesinos
y la hacienda se convertiría en una institución social y económica
de segundo orden en el campo mexicano.
Sin embargo, en los años 20 los acontecimientos adoptaron otro curso.
Sucedió lo contrario. Tan sólo tres años después
de que los revolucionarios derrotaron a Huerta y dos años más
tarde de que Carranza asumiera los objetivos de la reforma agraria en enero
de 1915, las formas pre-revolucionarias de tenencia de la tierra habían
sido restauradas en la mayor parte de México. En un proceso que se
desconocía hasta hoy en su mayor parte, y que revelan documentos recientemente
descubiertos, los hacendados mexicanos reconquistaron el dominio de sus propiedades.
Esto fue una de las múltiples causas de la ruptura entre Villa y Carranza
según uno de los más importantes asesores intelectuales de Villa,
Silvestre Terrazas. En una carta dirigida a otro líder revolucionario
Terrazas escribe: Uno de los líderes quiere actuar muy radicalmente,
confiscando las propiedades del enemigo y expulsando a los elementos corruptos;
el otro desaprueba su conducta, propone la restitución de algunas de
las propiedades confiscadas y se deja influenciar por un número infinito
de enemigos, que día tras día lo apartan de los propósitos,
principios y objetivos de la revolución.
Este proceso fue tan abrupto como ineficaz la oposición de algunos
de los seguidores radicales de Carranza. En 1916, uno de ellos, Francisco
Múgica, se queja amargamente de la política de Carranza en una
carta dirigida a otro radical de la fracción constitucionalista, Salvador
Alvarado: Estoy en desacuerdo con la política general que se
ha seguido... Se ha creado una comisión agraria para vigilar el funcionamiento
de esta ley. Todo ha terminado en un fracaso completo; a pesar del hecho de
que sólo se han dado los primeros pasos para resolver la cuestión
agraria, ya se han adoptado medidas que ponen fin a estos pasos antes de que
se hayan puesto en práctica... Cuándo estuve en la capital en
febrero y marzo de este año vi como zapatistas, villistas y miembros
de la Convención eran más perseguidos que los seguidores de
Huerta... ¿Adonde conduce todo esto, mi estimado General?.
Al mismo tiempo, A. E. Worswick, un representante de la Eagle Company que
al principio había sido particularmente hostil hacia Carranza, revivió
su opinión y reportó a sus superiores en Londres: Se observa
una tendencia hacia el conservadurismo ahora que el gobierno se ha logrado
establecer y ya no es tan dependiente de los elementos militares radicales.
No hay duda de que Carranza está haciendo todo lo posible para liberarse
de los extremistas, y el signo más esperanzador es que está
comenzando a integrar a los puestos gubernamentales a elementos del antiguo
régimen. Pesqueira me dijo que esta es su política definida,
y cuando los odios engendrados por la revolución empiecen a languidecer,
su propósito es utilizar los servicios de los mejores elementos del
antiguo gobierno, consolidando su posición y aplacando a los que llaman
los reaccionarios... Usted sabe probablemente que ya devolvieron las propiedades
de José Limantour, también las de Ignacio Torres y está
prometida una ley de amnistía en julio que traerá de regreso
a cientos de emigrés. Esperamos también que la Ciudad vaya adoptando
el aspecto de los viejos tiempos.
¿Se debió a esta evolución sólo a factores internos
o también los elementos externos jugaron un papel en la conformación
de la historia social de la revolución? En La guerra secreta
en México me propongo mostrar que uno de los factores más
importantes que determinaron el curso de la reforma agraria y el cambio social
fue la alianza de la administración de Woodrow Wilson y las mayores
compañías norteamericanas con los revolucionarios mexicanos.
En 1913/14 la administración del presidente norteamericano Wilson apoyó
tanto a Carranza como a Villa en su lucha contra el gobierno de Huerta. La
actitud de Wilson se debió a múltiples motivos. El más
evidente fue el acercamiento de Huerta al gobierno británico y a las
compañías petroleras inglesas. Un móvil más complejo
fue la esperanza del presidente norteamericano de establecer en México
una situación donde progresara, según sus propias palabras,
el sistema de la libre empresa, permitiendo a los revolucionarios
llevar a cabo reformas sustanciales que no afectaran intereses americanos.
También hubo móviles políticos internos. Wilson fue electo
gracias a un programa de oposición a las grandes corporaciones y México
era su primera prueba en política exterior: la primera ocasión
para demostrar su liberalismo.
La favorable actitud que mostraron las grandes compañías norteamericanas
hacia Carranza y Villa tiene una explicación bastante sencilla: la
mayoría esperaban que ambos terminaran con la presencia británica.
Pero, sobre todo, la revolución dio muestras de su generosidad hacia
ellas cuando permitió que los atemorizados terratenientes mexicanos
y empresarios europeos vendieran sus posesiones a muy bajos precios a compañías
norteamericanas, temiendo que les fueran expropiadas sin compensación
alguna. |
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¿Pero cuál fue la influencia real de estas alianzas
en el curso de la revolución? ¿Se debe al carácter conservador
de la política social y económica de Carranza, y en particular
su obstinado rechazo a continuar la reforma agraria, a presiones externas?
¿Fue su victoria, y la consecuente derrota de la fracción convencionalista,
el resultado de la acción de las grandes compañías norteamericanas
y la administración de Wilson?
No es imposible que si la presión americana, las restricciones y los
impuestos a las propiedades norteamericanas hubieran sido mayores. Los inversionistas
de aquel país tendrían que haber renunciado a sus derechos como
extranjeros y hubieran sido sometidos a una amplia gama de controles. Sin
embargo, no existe ninguna evidencia de que Carranza o alguno de los líderes
de las fracciones victoriosas tuvieran previsto un programa de nacionalizaciones
o abrazaran ideas socialistas. Además de las restricciones y los impuestos
a las empresas extranjeras, probablemente hubieran tratado de diversificar
las inversiones y atraer inversionistas de otros países, particularmente
de Alemania y Japón.
Con respecto a la reforma agraria tampoco hay evidencias de que Carranza o
alguno de los líderes del movimiento fueran obstaculizados de llevarla
a la práctica por presiones externas. Simplemente no tenían
el propósito de impulsar el cambio de la estructura agraria del país.
Pero el hecho de que Carranza pudo realizar su política y ganar la
supremacía sin hacer concesiones considerables al campesinado está
relacionado, aunque indirectamente, a la política norteamericana.
Poco tiempo después del estallido de la revuelta constitucionalista,
en mayo de 1913, Delbert G. Haff observa en un memorándum sobre la
situación mexicana enviado a Woodrow Wilson por un grupo de compañías
norteamericanas: Los constitucionalistas se han quedado prácticamente
sin recursos, es decir, sin fondos y han agotado, en su mayor parte, las fuentes
de donde obtenerlos. Algunos meses más tarde, gracias a la alianza
con la administración de Wilson y las compañías norteamericanas,
los constitucionalistas resolvieron el problema. No sólo recibieron
un apoyo sustancial sino que se les permitió vender sus productos y
comprar armas a lo largo de la frontera norteamericana (lo que ya sucedía
aún antes de que Wilson levantara el embargo de venta de armas a México).
Sin estos recursos los revolucionarios del norte tendrían que haber
operado de la misma manera que Zapata en el sur: recurriendo a la guerra de
guerrillas. Esto hubiera implicado, como sucedió en Morelos, un grado
tal de participación del campesinado, que la reforma agraria hubiera
sido inevitable. Por el contrario, Carranza, gracias a la alianza con los
Estados Unidos, aseguró los medios para realizar una guerra convencional
y edificar un ejército regular, que pronto perdió su base popular
y se transformó en un ejército profesional que podía
enfrentarse a los campesinos sin miramientos.
La situación podría haber sido distinta si la Convención
hubiera ganado la guerra civil. Si bien es cierto que en la fracción
convencionalista había opositores a los cambios en el campo, sus líderes
principales, Zapata y Villa, lucharon por profundas reformas sociales y se
opusieron decididamente al proceso de restitución de las grandes propiedades
emprendido por Carranza. El problema reside entonces en saber si la derrota
de la Convención se debió directa o indirectamente a la presión,
la intervención o la oposición extranjeras.
No cabe duda de que Carranza recibió una ayuda considerable de los
Estados Unidos. El retiro de las fuerzas norteamericanas de Veracruz en el
momento preciso en que Carranza fue capaz de ocupar la ciudad le dio una importante
base de operaciones. Los impuestos pagados por las compañías
petroleras representaron un enorme apoyo financiero para su movimiento. Al
permitir a las tropas de Carranza cruzar la frontera de los Estados Unidos
para atacar a Villa en Agua Prieta, Woodrow Wilson no dudó en apoyar
al presidente mexicano a infligir la última gran derrota a Villa. Sin
embargo, esta ayuda no fue decisiva. La ocupación de Veracruz ayudó
a Carranza a sobrevivir, pero no le aseguró la victoria. El apoyo financiero
de las compañías petroleras fue importante para su movimiento,
pero otras compañías norteamericanas, particularmente las mineras,
apoyaron a Villa al mismo tiempo. Y si bien es indudable que la batalla de
Agua Prieta fue la derrota final de Villa, las batallas en las que perdió
la supremacía militar, León y Celaya, se escenificaron antes
de que los Estados Unidos reconocieran y apoyaran a su enemigo. No fue la
influencia directa de los Estados Unidos, sino la indirecta la que jugó
un papel decisivo en el conflicto interno que devoró a México.
A diferencia de la ayuda norteamericana otorgada a Carranza, el abrazo de
los Estados Unidos a Villa resultó mortal para el revolucionario. El
hecho de que Villa tuvo la posibilidad de vender en los Estados Unidos el
producto de las haciendas confiscadas y adquirir armas a cambio lo desvió
de llevar a cabo una reforma agraria de gran escala en las primeras etapas
de su movimiento. Los administradores que Villa nombró en las haciendas
confiscadas resultaron visiblemente interesados en impedir las reformas y
constituyeron una de las bases de la fracción conservadora del movimiento
villista. La creciente dependencia de Villa de las armas que provenían
de los Estados Unidos lo obligó a obtener cada vez más el reconocimiento
norteamericano y a no incurrir en antagonismos provocados por los cambios
sociales radicales. El respaldo financiero de las compañías
norteamericanas le permitió imprimir grandes cantidades de papel dinero,
pero su valor dependió cada vez más de la actitud de estas compañías.
Esto tuvo un doble efecto. Por un lado, Villa se hizo extremadamente vulnerable
a cualquier pérdida de confianza por parte de los intereses financieros
norteamericanos. Por el otro, el apoyo le brindó los medios necesarios
para transformar a su ejército popular en una fuerza militar profesional.
El resultado de todos estos factores: la decisión de posponer la reforma
agraria, no sólo se tradujo en la derrota de Villa al hacerlo perder
el apoyo del campesinado, sino que también significó la posposición
de la reforma agraria en la mayor parte de México.
Nadie ha hecho una apreciación más atinada del significado de
esta posposición por parte de los villistas, que uno de los más
lúcidos y más desconocidos asesores intelectuales de Villa,
Federico González Garza. En septiembre de 1915, cuando la derrota campeaba
en el horizonte, González Garza describe, visiblemente preocupado,
la debilidad fundamental del movimiento de la Convención en una carta
dirigida a su hermano Roque, quien encabezó el gobierno en la Ciudad
de México durante un tiempo. La carta es a la vez un epitafio para
el gobierno de Villa:
Desde que Huerta fue derrocado, tenemos que aceptar que, desde el punto
de vista práctico, de haber sabido conducir una expropiación
ordenada sujeta a ciertas leyes estrictas, y haber realizado una distribución
de la tierra orientada por un plan inteligente y sin violencia, habríamos
creado nuevos intereses que hoy ayudarían a sostener el nuevo régimen.
Así procedió la Asamblea Constitucional en el primer período
de la revolución francesa: expropiando la tierra a los nobles y redistribuyéndolo
de inmediato. Y esto constituyó la base de la resistencia del régimen
republicano. A pesar de todos los horrores que acompañaron a la Convención,
ni el Directorio ni el Consulado que le siguió lograron deshacer la
obra de la primera Asamblea; tampoco lograron decretar la restitución
de las propiedades confiscadas. Napoleón, convertido a sí mismo
en un monarca, comprendió que para asegurar su poder no podía
socavar la obra de la república, sino que por el contrario tuvo que
ratificar, conformar e incorporar en forma de leyes e instituciones lo que
había sido creado e implementado durante el periodo violento de la
revolución. Si queremos crear una estructura sólida, no debemos
olvidar las lecciones de la historia.
Hay ciertos indicios de que hacia finales de 1915 Villa había aprendido
las lecciones de la historia y decidió finalmente implementar
la reforma agraria. Pero era demasiado tarde. El villismo no contaba con el
poder suficiente para hacerlo.
El Buscón 2, Friederich Katz. Págs. 20 - 34 |
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