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Carlos Aranda
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TIEMPOS DEL DESPRECIO
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E. T.
I LOVE YOU |
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Hablar de la exhibición
comercial cinematográfica en México es hablar del desaliento
general que cunde en la cinematografía mundial. Por eso, la última
película de Steven Spielberg se ha convertido en un éxito absoluto.
En este país, después de padecer panditas y pitufadas, Operadora
de Teatros quiso recuperar ese mercado que tan consistentemente ha tratado
como idiota. No es de extrañar, pues, que el E. T. se convierta en
otro ídolo de la niñez mexicana. Pero entendámonos, E.
T. es un film singular, de excelente factura. Tres películas
de Spielberg han sido éxitos arrolladores de taquilla: Tiburón,
Encuentros Cercanos del Tercer Tipo y Cazadores del Arca
Perdida, las cuales le han permitido a este director crear un film como
E. T.
La película funciona sobre una idea básica: los niños de una cultura tecnológica estarán más capacitados para aceptar la llegada de seres extraterrestres. E. T. abre y cierra como un cuento de hadas: una noche, el protagonista pierde a su nave espacial, por estar viendo, embelesado, el bosque y el simétrico entramado de luces de un suburbio californiano. Ahí vive Elliot, un niño sensible y desubicado dentro de su propia familia. Nadie creerá sus sospechas, aduciendo que se trata de un duende o un coyote merodeador. A la siguiente noche, Elliot y E. T. entran en contacto y ambos están igualmente asustados. Al otro día, el niño intenta referirle todo su mundo: Yo, Elliot, ser humano, niño, mostrándole sus juguetes y otros objetos. Así comienza una amistad, que se tornará en una simbiosis siamesa entre ellos. Esta simbiosis proporciona al film una de las secuencias mejor logradas: E. T. bebe cerveza, eructa y sufre el embotamiento. Lo que E. T. observa en la TV, Elliot lo vive en la escuela, salva las ranas y besa a la niña bonita del salón. E. T. aprende el lenguaje de los niños, lo cual le permite indicarles de donde proviene. A la noche siguiente, Noche de Brujas, Elliot ayuda a E. T. a instalar un transmisor para pedir su rescate a la nave espacial. |
Niños asesinados por bandas de secuestradores, jefe
policíacos metidos a delincuentes y asesinos, balaceras en los bancos
y en los caminos, parejas sorprendidas en medio de la noche por criminales
anónimos, obreras que salen del trabajo y no vuelven jamás.
Estas son las imágenes que podemos observar, noche con noche, en el
televisor. Retratando la edad contemporánea, André Malraux la
llamó el tiempo del desprecio y no se refería solamente
a los grandes baños de sangre, a las fatales ignominias del siglo,
sino, también, a los días mezquinos del desprecio selectivo,
la espada que pende solitaria sobre una cabeza, un grupo, una pareja, que
lo mismo mella la vida de un luchador político, de unos jóvenes
inocentes o sobre los amantes. La espada está en el aire, su filo deslumbra
por opaco y traicionero; puede caer sobre cualquiera de nosotros, en el momento
más imprevisto, como resultado del desarrollo de nuestros cuerpos,
de nuestras ideas o simplemente, gracias al azar. Nuestros tiempos del
desprecio están a la orden del día; no sólo la
violencia ciega y omnívora que persigue a los inocentes sino la que
supura desde todos los sótanos del sistema y por encima del mármol
y la cantera de los edificios del poder, de la austeridad republicana y los
encuadres televisivos que nos hablan de los políticos y los sabios,
esa violencia del silencio y de la soledad ha cobrado víctimas en este
año que malmente comienza: el 4 de enero es asesinado en Palenque,
Chiapas, Quinciano Alvarez, dirigente regional de PSUM; el 12 de enero, en
el municipio de Salvador Alvarado, Sinaloa, son asesinados a mansalva los
compañeros Rosario Uzárraga y su hijo Alejo, también
del PSUM. Los victimarios: policías judiciales y municipales. No sólo
la muerte.
También el secuestro. Los compañeros Carlos Valdéz y Juan Islas, militantes del PRT, uno de ellos recientemente amnistiado, fueron secuestrados el pasado 4 de enero. Posteriormente desapareció Rafael Lemus, también del PRT. Cerremos el paso, con acciones cotidianas para que los tiempos del desprecio no se apoderen por completo de la sociedad. Solidaridad activa con los ciudadanos víctimas de la impunidad de policías metidos a delincuentes y delincuentes metidos a policías; esclarecimiento y castigo de los culpables de la muerte de Quinciano Alvarez, Rosario y Alejo Uzárraga; aclaración inmediata de los secuestros de Carlos Valdéz, Juan Islas y Rafael Lemus, ya aparecidos. |
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Al amanecer, esa simbiosis los arrastrará casi a la muerte, E. T. se desliga de Elliot para que pueda el niño vivir y muere La escena final: E. T. renace y es llevado al punto de contacto con la nave por Elliot y los amigos de su hermano. La película funciona por su comprensión temporal y espacial: todo ocurre en cinco noches y en un espacio peculiar, el cuarto y los closets de Elliot, el suburbio plegado de niños y el bosque abierto. La mayoría de los gags operan sobre un nivel visual no verbal. De ahí, la riqueza de los diferentes niveles de filmación: el subjetivo que es el de los niños y el protagonista, el cual en un momento dado se transforma en un juego de espejos; el objetivo que es el mundo de los adultos y otro que sería el punto de vista omnisciente, donde el director nos muestra todo lo que ocurre. El único adulto que aparece de cuerpo y alma es Mary, la madre de Elliot y sus hermanos. Ella será la madre recién divorciada, que está siempre atenta a sus hijos, pero que sin embargo tiene su empleo. El mundo adulto aparecerá como algo tenso, destructor del mundo infantil: los hombres buscando la nave en el bosque, como rastreadores, o como doctores anónimos tratando de salvar al espécimen y policías. Ellos aparecen como voces, manos, presencias, pero nunca como seres humanos. Tal óptica es una herencia subliminal de las historietas de Charlie Brown, que ahí es asimilado a tal grado que agudiza las relaciones entre los dos mundos. La idea del rescate es obvia durante toda la película: E. T. viendo la caricatura de Buck Rogers en el periódico, la película que se está transmitiendo en la TV, Elliot salvando a las ranas y, finalmente, Mary contándole a Gertie el rescate que hace Peter Pan en el cuento homónimo. Por eso, los adultos aparecen como algo amenazador, que intentarán bloquear el rescate del protagonista. La fantasía de Encuentros Cercanos, aquí está hecha realidad: el niño conocerá al extraterrestre, lo protegerá del mundo adulto y científico y finalmente lo salvará. La despedida encierra la moraleja de todos los cuentos de hadas: Sé bueno. Yo estaré en tu cabeza (E. T. a Elliot); el niño a E. T.: yo creeré siempre en ti. Muchas cosas se podrán comentar a favor o en contra de este tipo de cine, pero de un director que a los 33 años ha declarado que su peor pesadilla es filmar algo que aburra a la gente, podemos esperar su próxima película. El Buscón 2, Carlos Aranda. Págs. 177 - 179 |
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